Maruja tenía 50 años cuando yo nacía. Compartimos año. El 6. Años ambos los de nuestro nacimiento significativos en España. Ella nació en el 1936, año en el que el general Francisco Franco y su ejército faccioso daban un golpe de estado metiendo al pueblo español en una trágica y cruenta guerra civil que desembocaría en 40 años de dictadura fascista, igual de trágica e igual de cruenta. Yo nací en el 1986, año en el que el que decía ser socialista, Felipe González, y sus secuaces, metían a nuestro país en la OTAN. Años por una parte con malas noticias, pero que no nos hicieron perder la esperanza de que un mundo mejor es posible. Y que ese mundo mejor, sólo puede tomar forma bajo el paraguas del socialismo.
Toda España era una cárcel. La familia de Maruja lo sabe bien. La mía no se queda atrás. Su padre estuvo 13 años preso. Su madre 8 años. Desde muy pequeña, Maruja se crió con su abuela en su Guadix natal en la misma provincia de Granada en que mataron a Lorca. ¿Dónde estará Federico? ¿Dónde estarán los demás? Aún no hemos perdido la esperanza de encontrarlos a todos.
En mi familia, el paralelismo es parecido. Maruja bien podría haber sido mi abuela que nació en el mismo año.
Mi bisabuelo tras acabar la guerra fue preso, por el hecho de perderla y por “rojo” fue llevado a la cárcel de Jaén, provincia andaluza colindante con Granada. De ahí se lo llevaron a Santiago de Compostela en Galicia y de ahí al penal de Burgos. Uno de los penales más duros que había, donde el frío en invierno mataba a los presos. Cárcel de la que hay muchas leyendas de terror y que en los años 60 pasaron a llamarle “la Universidad” por una fuerte conversión que hubo debido a los presos políticos que había dentro, vinculados al Partido Comunista. Condenado a dos penas de muerte, las redimió con trabajo forzado. Lo que se conoce de toda la vida como “mano de obra esclava”. Así Franco hizo pantanos, y demás obras que le achacan sus descendientes: con mano de obra de sus presos políticos. Mi bisabuelo salió aproximadamente 6 años después.
Volviendo a la Andalucía que agonizaba en la posguerra, que se moría de hambre y que era oprimida y devastada por una España tirana, Maruja en 1949 con solo 13 años emprendió camino al norte, a Barcelona, para buscar una vida mejor, con más oportunidades. A la parte de España con industrias. Esa era la historia de nuestro país. Gente del sur que emigra al norte. Esa es la historia de la humanidad. La del flujo migratorio. Esa también es mi historia. Esa es la historia de muchos cubanos que con la situación que vive el país sometido a una guerra económica y genocida no les queda más remedio que salir fuera. Gente que emigra no porque no ame a su tierra, sino porque la vida a veces te hace irte fuera por diferentes motivos, aunque el corazón se quede en tu tierra.
Maruja en Barcelona ha desarrollado una militancia intachable; comunista.
Ha estado presente en todas las luchas de la clase obrera de su barrio, Nou Barris; desde la clandestinidad en la dictadura. Hace pocos años, intentando parar un cordón policial, la policía le rompió una cervical. Esa policía española que no se anda con miramientos de a quién golpea.
En el año 2011, la propusieron junto a otros ciudadanos a recibir la medalla de honor del ayuntamiento de Barcelona, en base a su trayectoria como luchadora social. Y Maruja, con la valentía que la caracteriza, en el salón del ayuntamiento y frente al alcalde de la época, rechazó la medalla, diciendo que no la quería. Que no podía recibir esa medalla de manos de los que gobernaban haciendo recortes de presupuesto en educación y sanidad (CIU, partido ya desintegrado nacionalista catalán). Acto honesto que empezó a gestar la heroína que es hoy en día esta andaluza siempre sonriente y con brillantes ojos azules que recuerdan a los de Marisol, aunque Marisol es un poco más joven. Ambas bellas, ambas leales, ambas comunistas.
Y llegados a este punto, todo cobra sentido cuando hablamos de Cuba y la cooperación que Maruja hace con nuestra hermana isla socialista desde hace 28 años. Maruja ahora mismo acaba de llegar a la isla con su vigésimo novena brigada (segunda de este año). Es la presidenta del Hermanamiento Nou Barris El Cerro. Y da su vida por el pueblo de Fidel. Doy fe. He seguido su lucha de cerca en Barcelona. La de su hija Dolores, la de todos los compañeros y compañeras del Hermanamiento. El brillo de los ojos de estas personas son un ejemplo vivo de que en mi país hay una esperanza heredada de los que perdieron su vida luchando por la libertad.
De que los que seguimos somos los nietos de los que no pudieron matar y dejaron la simiente sembrada. El Hermanamiento Nou Barris El Cerro lleva muchos años trabajando humildemente en silencio, sin hacer ruido. Son gente humilde en España que trabaja para gente humilde en Cuba. Porque somos los humildes para los humildes y lo seremos siempre.
Porque tuvo que ser Ángel Castro la persona que viniera a hacer justicia entre ambos pueblos y la opresión que hicieron los que mandaban aquí con los de allí, aunque nos sigan oprimiendo aquí. Pero este pueblo, con pasionarias como Maruja, ejemplo de mujer de la posguerra, de la emigración, del comunismo, y de revolucionaria, puede sentirse orgulloso.
Yo me siento orgullosa. Porque es un referente para todos y todas.
Disfruten de su presencia y la de su Hermanamiento este mes en Cuba, pues un corazón revolucionario en un país como España, firme y fuerte como el de Maruja, nace cada cien años.
A Maruja Ruiz Martos.