Reanudación del curso escolar 2021-2022 en La Habana. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Este septiembre tiene una atipicidad como secuela de la pandemia: los niños y adolescentes, no van a estar comenzando un nuevo curso, sino que le van a dar continuidad y cierre al anterior. Esto tiene una probable implicación sobre el proceso de volver a la escuela.
El período vacacional fue más breve y falta la emoción de escalar un nuevo peldaño, dado que no empezarán nuevos grados de enseñanza.
Le toca entonces a la familia trabajar en la motivación, explicando la importancia de poner las energías en cerrar este ciclo, al que ya le falta mucho menos. Esto también debe tomarse en cuenta por los docentes, y de ser necesario, adoptarse estrategias de apoyo para el estudiantado.
Un recurso esencial para despertar interés y compromiso acerca del retorno a las aulas, es darles participación y protagonismo a los niños en el proceso de preparación, que incluye alistar las mochilas y los materiales escolares, retocar los forros de los libros, pasar por la escuela para ver si hace falta ayuda en algo, entre otras ideas que sirvan a estos fines.
Por último, se debe tener en cuenta que como siempre, después de una ausencia relativamente prolongada, volverá a darse un proceso de adaptación, que se hará notar sobre todo en aquellos niños y adolescentes que tienen tendencia a sentirse mal en los comienzos.
Este tipo de situaciones se debe ver por la familia como algo natural, entender que hay personas que son fácilmente adaptables y otras menos, lo cual tiene que ver con sus historias de vida y con sus características personales.
Se darán manifestaciones de resistencia, como la negativa a ir o quedarse en la escuela, llantos, malestares físicos como deseos de vomitar, dolor de cabeza o de estómago, etc. Siempre que se hayan descartado patologías médicas, se debe brindar acompañamiento emocional, siempre con serenidad por parte de los cuidadores, sin mostrar preocupación ni castigar.
Sin embargo, es importante asistir cada día a la escuela, donde también se debe apoyar al infante. No se recomienda llamar a la familia para que se lo lleve, ante la persistencia del malestar, porque solo se estaría retardando el proceso de adaptación.
En el caso de los adolescentes, las respuestas adaptativas suelen ser menos llamativas o notorias que las de los niños, pero ellos también experimentan determinados malestares y es bueno que sepan, que cuentan con el apoyo de su familia.
Esta vez, septiembre será continuación y no comienzo, pero importante, sin dudas, para el desarrollo y el bienestar psicológico de nuestros niños y muchachos.
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(Tomado de Crianza Respetuosa)