Ni decrépitos ni tontos: adultos mayores

Fotograma de la telenovela Vuelve a Mirar. ICRT.

Entre penumbras, y secundados por los deseos de disfrutar del placer carnal, una botella servía como testigo; ropa ligera; ella, levemente inclinada encima de él; velas, más como ornamento que para iluminar, completaban la atmósfera dibujada por la cercanía de sus cuerpos. De pronto, hija y yerno entran a la sala, encienden las luces y se admiran ante un acto tan sensual, íntimo y, sobre todo, normal. Así termina el capítulo siete de la telenovela cubana Vuelve a mirar.

Pero si esta escena –ni siquiera un acto sexual consumado– hizo a algunas personas cuestionarse si es o no correcto y necesario ventilar el tema en televisión nacional, entonces el análisis debe hacerse de una manera más profunda. Es ineludible ampliar las miradas sobre la representación de la longevidad y sus problemáticas en la pantalla, de manera particular en los dramatizados.

Sentados frente al televisor, miles de adultos mayores ven violentados sus derechos. Sus realidades son, cuando menos, visibilizadas en no pocas ocasiones de forma superficial, o con tergiversaciones. Quizás, lo peor es que en ocasiones ni lo perciben ni lo saben, «solo ven a otros viejos ahí». Atención: no es tan simple. Reiteradamente nos equivocamos al mostrar a las personas envejecidas, y no pocas veces estas construcciones son reflejadas en los audiovisuales.

Y es algo a tener en cuenta pues, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, al cierre de 2019 el número de adultos mayores en Cuba se elevó a 2 328 344, siendo el 20,8 por ciento de la población cubana -algo más de su quinta parte-. Súmese a ello que, en la Mayor de las Antillas, el país más envejecido de América Latina y el Caribe, el televisor es el rey, el medio por excelencia para informarse y entretenerse.

Hace dos años, la nueva Constitución de la República aprobada reconocía la importancia de este grupo poblacional. Así lo afirmó el Doctor en Ciencias Jurídicas Leonardo Gallardo, profesor titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, en entrevista para el programa televisivo Observatorio Científico. Con carácter inédito en el campo constitucional cubano, el artículo 88 de la Carta Magna defiende explícitamente los derechos de los adultos mayores.

Artículo 88. El Estado, la sociedad y las familias, en lo que a cada uno corresponde, tienen la obligación de proteger, asistir y facilitar las condiciones para satisfacer las necesidades y elevar la calidad de vida de las personas adultas mayores. De igual forma, respetar su autodeterminación, garantizar el ejercicio pleno de sus derechos y promover su integración y participación social.

¿Qué implica el acápite legal? Gallardo subraya que "el poder realizarse las personas de la tercera edad, decidir, determinar la importancia que tienen sus voluntades y preferencias, y la toma de decisiones por sí mismas".

Por ello, no son permisibles las representaciones erradas de los adultos mayores. Sobre el tema, la Doctora en Psicología de la Educación Teresa Orosa expresó que los mensajes de carácter gerofóbico –odio, repugnancia a los más longevos– se abordan en los medios a partir de tres dimensiones fundamentales:

En una reciente emisión de Observatorio Científico, la Doctora en Ciencias Demográficas Dixie Edith Trinquete, investigadora del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de La Habana, se refirió a cómo se refleja esta realidad en los medios:

"En los últimos cinco o seis años puede verse un cambio ligero en ese comportamiento, pero en esencia se sigue mostrando a las personas mayores acompañadas de bastón, sentadas en un sillón, en el parque sin hacer nada, como responsables de los mandados porque se jubilaron y lo que les tocan son tareas domésticas o desempeñando roles de abuelas y abuelos, pero más pasivos.

"No se están mostrando esas potenciales actitudes de abuelas y abuelos que están todo el tiempo llevando a nietas y nietos a la escuela, yendo con los niños a hacer actividades recreativas diversas, moviéndose, en posiciones de actividad".

Esa es la dinámica que hoy muestran los medios de comunicación masiva. En el caso de la televisión escasean los espacios dedicados a dicho grupo poblacional o donde se refleje su cotidianidad. A la par, se dificulta el intercambio generacional, infantilizan a los públicos de la tercera edad y no se potencia el envejecimiento activo.

Entonces… ¿acaso los adultos mayores no merecen apreciar sus problemas en la televisión? ¿Mirar un dramatizado y verse reflejados? ¿Qué tal si volvemos a mirar?

Imagen: Pantalla en Talla / Revista Alma Mater.

Más que arrugas y canas

En ciertas ocasiones no sabemos cómo dirigirnos a los adultos mayores. Algunos le dicen "puros", otros utilizan el adjetivo "ancianos" en función sustantiva, y hay quienes sueltan un "abuelos". No obstante, coincidimos con la visión de la profesora Orosa cuando explica que los términos "vejez", "tercera edad" y "adulto mayor» pueden ser usados, indistintamente. La catedrática considera que el empleo de uno u otro responde a proyectos específicos de trabajo o a estudios demográficos, sin que exista una repercusión por el cambio.

Más que mencionar la vejez, por estos días las noches de lunes, miércoles y viernes invitan a visualizar la realidad cubana desde esta perspectiva. En la telenovela Vuelve a mirar llegan las historias de Nora, Rafael, Caridad, Reinaldo, Luis Manuel, Carmela, Alejandro y Toñín, un reflejo de la variabilidad personal que implica el envejecimiento, una etapa interpretada como proceso y producto del ciclo vital.

Lo que más llama la atención de la obra es que sus protagonistas representan y pertenecen al grupo de 60 años y más. Esta particularidad le aporta un toque de novedad con respecto a otros dramatizados nacionales, que casi siempre reservan los papeles principales para la juventud. Aunque a día de hoy no ha avanzado mucho, pues no se ha visto ni su cuarta parte, la propuesta dirigida por Ernesto Fiallo muestra diferentes caras de la vejez.

Como evidencia el audiovisual, con frecuencia en la tercera edad las personas sufren el desapego y la despreocupación de los familiares. Tal es el caso de Felito, papel interpretado por Héctor Echemendía, quien solo recibe desprecio y maltratos de su hija Soledad. Yerlín Pérez le da vida a esa mujer que (des)cuida de su padre para quedarse con la casa. Mientras Consuelo, la otra hija, se ocupa de la salud de Rafael durante la vejez.

Fotograma de la telenovela Vuelve a Mirar. ICRT.

Es esta, asimismo, una etapa en que el trabajo activo tiende a menguar para dar lugar al descanso: esa es la realidad de Toñín, personaje interpretado por Manuel Porto, que de obrero textil por 58 años se convierte en jubilado; y reinventa su vida para ayudar a los demás, sobre todo a su amiga de la juventud.

En una primera lectura inconclusa de la telenovela, Nora representa otro rol protagónico rico en conflictos. Una mujer sufrida y amargada que rompió con su pasado hace mucho tiempo, pero sigue cargada de frustraciones y tabúes del siglo XX. No obstante, valora la familia y hasta se acerca a las tecnologías emergentes. Solo hay que ver su sonrisa al tomar el mando del Xbox o la expresión que puso cuando Caridad le dijo que podía usar la tarjeta Telebanca para ahorrarse las colas.

"Mientras se respire, todo se puede lograr" es la mayor enseñanza que va dejando la persona más entusiasta de la producción. Sí, se trata del papel desempeñado por la actriz Nieves Riovalles, la misma que ayuda a todo el que lo necesite -recordemos las pastillas que le regaló a Luis Manuel-. De igual forma, defiende la ancianidad como una nueva manera de vivir, y desmitifica estereotipos anquilosados sobre las relaciones intergeneracionales.

Casi en los extremos del diapasón, los dos posibles enamorados de Caridad: Reinaldo (Osvaldo Rojas) y Luis Manuel (Rubén Breñas). Ambos trabajadores: el primero como custodio y reparador de electrodomésticos; el segundo, profesor universitario de Derecho. Uno machista y conquistador nato, con gran sentido del humor. El otro, a pesar de su elevado nivel intelectual, retrógrado, prejuiciado, y lidia con la soledad de una manera poco saludable.

Aunque estos no son todos los personajes de la producción audiovisual, bastan para comprender que necesitamos crear una nueva cultura gerontológica donde puedan desarrollarse procesos de identidad con la edad, sin recurrir a criterios de "eterna juventud". Con ese fin se deberían elaborar estrategias comunicacionales y educativas dirigidas a todos los grupos etarios, en función de darle color y género a la tercera edad desde la diversidad cultural y regional.

"Es joven quien más quiera serlo" es una de las frases de Vuelve a mirar que más ha llamado la atención sobre los tabúes de la vejez. En este caso, se trata de asumir este periodo de la vida con sus características diversas, pero no con la misma visión de la juventud. Las personas adultas mayores necesitan mostrar arrugas o canas con dignidad, aprehender de las experiencias del pasado y construir nuevas capacidades y hábitos.

Como mismo lo demuestra Carmela, la profesora de la cátedra caracterizada por Miriam Socarrás, se precisa de una cultura para envejecer. Es un proceso digno de disfrutar. En consecuencia, en lugar de mostrar a personas vulnerables y necesitadas de protección especial, los medios deben trabajar en la formación de una cultura para envejecer; en proveer de herramientas para disfrutar de la ancianidad, más allá de las construcciones sociales.

Es preciso realizar investigaciones, y recopilar la opinión de los públicos envejecidos. Y más importante aún: tomarlas en cuenta. Esta sería una vía para enriquecer las escasas propuestas audiovisuales en que aparecen y elaborar otros productos que expresen la diversidad en la edad, no solo desde la perspectiva geriátrica sino también gerontológica. Además, tributaría a la coherencia entre la imagen visual y el mensaje expresado a nivel discursivo.

La investigadora Dixie Edith aclara que se habla de la vejez como un problema y, por ende, de su enfrentamiento, sin pensar en lo que significa este fenómeno: las personas están viviendo más años. Entonces, sería oportuno "despojar el lenguaje de palabras que atribuyan cargas negativas a ese proceso de envejecimiento".

Fotograma de la telenovela Vuelve a Mirar. ICRT.

Si seguimos ese camino, quizás logremos usar las palabras viejas y viejos de forma natural, sin cargarlas de matices despectivos. Y, como expresa la profesora Teresa, hasta se podría considerar que en la vejez "no somos solamente abuelo o abuela, como algunas veces se tiende a expresar como sinónimo de la edad. Somos mujeres y hombres mayores y, por tanto, sujetos plenos con deberes y derechos ciudadanos".

La experimentada psicóloga reafirma que educar es más que entretener. Pues, significaría lograr programas capaces de potenciar a los adultos mayores como sujetos de libertades y obligaciones, y no como simples entes de consumo, justamente por la importante tarea que juegan como formadores de opinión y constructores de sentidos.

Pero ese desempeño no sucede de manera aislada en la sociedad, como bien lo dejó saber hace unos días la periodista Diana Rosa Schlachter Piñón. "El envejecimiento demográfico es un tema que involucra a más de un grupo etario. Debemos pensarlo entonces como sociedad capaz de construir, desde ahora, nuevos escenarios para aprovechar las potencialidades de todos a favor del desarrollo". De ahí que en el dramatizado cubano de turno no solo aparezcan personas de la tercera edad, sino igualmente adultos, jóvenes y niños.

Y no hace falta escuchar los primeros acordes de la canción que indican el inicio de la telenovela para pensar en el envejecimiento de la población cubana. Vuelve a mirar puede ser la excusa, está claro, pues la obra muestra situaciones que hacen reflexionar. Sin embargo, las respuestas al fenómeno trascienden a la realidad. No se trata de un problema –eso debe quedar muy claro-, es un proceso que se debe atender y entender entre todos los individuos, porque desde que nacemos comenzamos a envejecer.