Escena de la serie humorística Al habla con los muertos. Foto: Paquita Armas Fonseca.
El bicharraco me tiene trancada. Mi team Caimanero bien que lo sabe. Sólo voy a lugares en carro y a los que no tenga que subir en elevador. No por mi visceral claustrofobia sino porque esos aparatos cerrados son caldo de cultivo para esa cosa llamada coronavirus.
Pero se filmaban en Arroyo Naranjo, en una casita de tablas, unas escenas donde aparecen muertos.
Usted que ve el video, escucha a Migue (Ray Cruz), Indira (Yaremis Pérez) y el muerto (Hilario Peña, con el pelo negrito, sin ninguna cana): un científico que es uno de los tantos aparecidos para Migue. Hay muchos más, todos interpretados por actores y actrices reconocidos.
Ray y Yaremis son los protagonistas de Al habla con los muertos, serie humorística de 12 capítulos, con 27 minutos de duración cada uno, producida por RTV Comercial y Cubavisión. Sus personajes nacieron de la telenovela Latidos compartidos.
Ray fue “el maestro” en la telenovela Entrega, es conductor del espacio Pensando en 3D, con buenas actuaciones en teatro ‒y también músico‒, mereció el pasado año el Premio Especial Adolfo Llauradó “por su sólida carrera actoral y su probado talento para transitar de un medio a otro con eficacia, a pesar de su juventud, en un extenso y certero itinerario”.
Le digo, pensando más para mí, “y lo fácil que luego yo mirando una escena en mi televisor, digo que no sirve”. Ray sonríe, y nada más. Él sabe que no puedo decir de algo que “está bien”, solo por el trabajo que ocasiona hacerlo.
Voy para donde está Alberto Luberta Martínez, el director general. A su lado, como director de actores, Carlos Gonzalvo (“Mentepollo”), que me está debiendo una entrevista y lo sabe.
Maquillistas, vestuaristas, scripts caminan entre cables. Los celulares están apagados. Empieza otra escena y ladra un perro. Se suspende la grabación. Alguien dice que es lejos, lo cierto que cualquier cosa puede interrumpir la filmación. ¡Hasta el sol! Como se empezó la grabación en un día nublado, la salida del astro rey se proyecta en las escenas que se ven a todo color en la computadora y Albertico no vacila en gritar “¡Corten!”.
Hay como treinta personas, todas con su nasobuco menos los que actúan. Ojalá que no se interrumpa la filmación por la pandemia, porque yo estoy loca por chocar con esos muertos en la televisión. Quizá para entonces no salga satisfecha, pero ahora levanto el pulgar y apuesto por ese chorro refrescante que nos debe llegar dentro de cuatro o cinco meses, según los cálculos del director. ¡Ave César!
(Tomado de El Caimán Barbudo)