Espacios de ciudad: Trinidad, donde la artesanía brota como manantial (+ Podcast)

Trinidad es una ciudad mágica donde las calles empedradas y el mormullo del transeúnte te sumergen en una atmósfera surrealista capaz de hacerte viajar al mundo decimonónico.

Emporio de leyendas y tradiciones, quienes la visitan quedan fascinados por sus misterios, olores, colores y especialmente por la creatividad de su gente.

En cada esquina hay un taller de artesanía, en cada portal un tejido asoma. En las puertas y ventanas se exhiben sombreros y carteras hechas a mano bajo la usanza de un arte secreto. Muchos suspiran, pocos la olvidan; todos la sueñan.

Razones suficientes para que Trinidad recibiera la Declaratoria Oficial como Ciudad Creativa de la UNESCO en la categoría Artesanía y Artes Populares. El reconocimiento se suma a su condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1988, reafirmando sus valores en la conservación y restauración del patrimonio, así como en la creatividad como elemento prioritario para el desarrollo urbano sostenible.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, las Ciencias y la Cultura (UNESCO), se trata de una urbe “donde la cultura y la creatividad se viven y practican a diario, donde las admirables técnicas de la aguja como el deshilado, el frivolitè, el encaje tenerife, el crochet de horquilla o el miñardi y el encaje de bolillo han estado asociados desde tiempos remotos al desarrollo”.

La alfarería, el arte del yarey, la bisutería, la orfebrería y la escultura popular, hallan allí manos apasionados, ingenio común de hombres y mujeres.

Pocas ciudades del Caribe captan como Trinidad el ajiaco de lo criollo, la sustancia de la vida, o si se prefiere, la esencia misma de lo real maravilloso.

Dusnel Zerquera Amador, director de la Oficina del Conservador de Trinidad y el Valle de los Ingenios.

La historia de la Villa es muy rica, aunque caprichos y sudor esclavo, sangre y fuego, muerte y resurrección, están atados también a sus más de 5 siglos de existencia. Puede resultar increíble pero ya en 1587 un anuncio presagiaba el futuro artesanal de la urbe: “un vecino de la villa nombrado Cristóbal Martel ofrece mercadería propia para obras de lencería, cordones de seda, botones, cintas, hilos y agujas”. Es este uno de los primeros indicios que sobre las manualidades atesoran los archivos locales.

Hoy, cuando la ciudad sigue brillando a pesar de la pandemia, hoy cuando la creatividad también viste nasobuco y desempolva recuerdos, Cubadebate abre el diálogo con Dusnel Zerquera Amador, director de la Oficina del Conservador de Trinidad y el Valle de los Ingenios.

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