Universitarios espirituanos se suman a la lucha contra la COVID-19

El segundo grupo de jóvenes voluntarios que labora tras la línea roja en el centro de aislamiento de la Universidad de Sancti Spíritus. Foto: Cortesía de los autores.

El 16 de octubre de 2020 quedará marcado con tinta de fuego en el alma de varios jóvenes espirituanos que conocieron, había llegado la hora de dar el paso al frente, el sí por la Patria.

Vencida la emoción inicial se afanaron en realizar los preparativos y 72 horas después comenzó el trabajo en la línea roja. Los nuevos guerreros dejaban ver un tono sutil de satisfacción y alegría, como si estuvieran deseosos de ir a la desigual batalla contra un enemigo invisible.

Corren tiempos duros, es cierto, pero quizás no tan duros o escabrosos como los vencidos también por jóvenes imberbes, años y siglos atrás. Al combate van con la heroicidad heredada.

Los caminos para salvar son pedregosos y empinados; salvar requiere sacrificios porque es necesario atravesar peligros. Bajo esa premisa, un segundo grupo de jóvenes voluntarios apoyan todo tipo de tareas en el centro de aislamiento que ha devenido la Universidad de Sancti Spíritus “José Martí Pérez” (UNISS).

No hubo que hacer ni grandes, ni medianas convocatorias; solo bastó enviar mensajes a través de las redes sociales, confirmar lo que ya muchos suponían y esparcir cantos de solidaridad. El resultado no se hizo esperar: en menos de 48 horas “sobraban” los voluntarios para apoyar en la atención a los sospechosos de portar el SARS-CoV-2. Cientos de manos se alzaban por la vida; entre los más saludables se eligieron entonces a los once que estarían.

La reacción de la familia

“En nuestros intercambios durante los ratos libres nos contamos las experiencias. Hubo de todo: padres que se opusieron (los menos, por supuesto) y otros que apoyaron, hermanos que rieron en tono de aprobación y otros que lloraron, madres preocupadas, madres que abrazaron y alentaron. En todos leíamos el respeto a nuestra decisión y las infinitas advertencias de que nos cuidáramos”, cuenta vía telefónica a Cubadebate, Laura Concepción García, secretaria del comité primario de la UJC en la UNISS, quien forma parte de los valientes. De pronto se entrecortan las palabras y las lágrimas interrumpen la conversación.
Provenientes de diferentes áreas de la Universidad, apoyan en el suministro de la alimentación a los pacientes y al personal de salud, en la limpieza de los cuartos y de toda el área, así como en el procesamiento de la ropa sanitaria que se usa en la zona roja.

Desde el campo de batalla nos mandan sus vivencias que harán historias para los libros, para la institución y para las familias. Todas merecen ser escritas, una por una.

En los escasos ratos libres no faltan los juegos de mesa, cuentos de humor, historias personales en rondas de conversación, televisión, música y hasta coreografías que se han vuelto virales.

“Ha crecido nuestra actitud humanista y el alimento ha sido el agradecimiento de cada persona atendida. Lo que más nos reconforta es que cada día hay miradas, palabras y manos extendidas que te lo dicen todo en un gesto, en una oración, o en una lágrima. Así nos transmiten su agrado por lo que hacemos en esta guerra que será inolvidable”, confiesa la joven una vez recuperado el aliento.

Satisfechos, los estudiantes universitarios caminarán mañana, luego de cumplir con los protocolos de pruebas y aislamiento requeridos, una vez terminada la tarea hercúlea.

No serán ya solamente aquellos profesionales y estudiantes al servicio de una sociedad que tanto los necesita; no serán ya los que por años nos han acompañado en galas artísticas, proyectos extensionistas, cátedras honoríficas, eventos deportivos, campañas de fumigación, o jornadas científicas. Desde hoy son héroes y heroínas que han mirado de frente al peligro con la satisfacción del deber cumplido.

No se equivocó esta Revolución ni sus líderes al apostar por los jóvenes, por el relevo, por el ímpeto y la efervescencia de un período de la vida en el cual todo se antoja posible.

Con la adarga del altruismo al brazo

Andy Delvis Rodríguez contactó por WhatsApp con los profresores de la UNISS tan pronto supo la noticia. Foto: Cortesía de los entrevistados.

A Andy Delvis Rodríguez Hernández se le iluminó literalmente la vida cuando leyó en un mensaje de WhatsApp que la casa de altos estudios de Sancti Spíritus necesitaba voluntarios en esta batalla desigual contra la COVID-19.
El estudiante de primer año de la carrera Licenciatura en Contabilidad y Finanzas no lo pensó dos veces. Era la oportunidad soñada. Al fin ayudaría a sus hermanos, al pueblo; eso es también pensar como país.

Rápido como un relámpago realizó las coordinaciones pertinentes, metió lo indispensable en una mochila y partió con la adarga del altruismo al brazo: “nunca dudé en dar el paso al frente y ya llevo casi 15 días en la línea roja, dando lo mejor de mí. Se trata de la más grande experiencia de mi vida porque le pongo el pecho al virus y no espero nada material a cambio, solo la satisfacción de ser útil”, confiesa vía telefónica.

Así camina junto a sus compañeros por los pasillos de la residencia estudiantil, convertida hoy en campo de salvación para cada sospechoso y, más aún, en la salvación de los miles de espirituanos que luchan por evitar las cadenas de contagios en cada rincón del central terruño.

Como parte de su testimonio Andy nos comenta que, en uno de los primeros días de labor en el centro de asilamiento, se otorgaron varias altas y le correspondió a él acompañarlos hasta el límite de la línea roja. Luego los vio partir y les deseó un “cuídense mucho”, que le alimenta el espíritu cada día. Aún lo esgrime como escudo cuando la nostalgia embarga.

De igual forma le sucede a Lidier Aroche Peñate estudiante de primer año de la carrera de Licenciatura en Biología, quien reconoce como su mayor satisfacción, el ver partir sanos y salvos a los pacientes.

“Ha sido un trabajo intenso pero nada se compara al momento en el cual estas personas te agradecen lo que haces por ellos; en ese preciso instante todo cobra sentido y entiendes la dimensión del sacrificio realizado”, explica el joven desde su celular minutos antes de comenzar la faena del día.

En Sancti Spíritus, a pesar del esfuerzo de las autoridades, persisten ciertas indisciplinas sociales y una sensación de “a mí no me va a tocar”, por eso: “duele ver la cantidad de niños que he visto en el centro de aislamiento, algunos incluso han resultado luego positivos a la enfermedad. En mi caso es lo más que me ha impactado. Les pido a los padres que sigan los protocolos establecidos y no dejen a sus pequeños jugar deliberadamente en la calle. Esta pandemia es mortal”, acota Lidier.

Al grupo de jóvenes el desborde de humanismo les hace saltar la preocupación por los infantes que han contemplado entre los sospechosos. Más que la edad, les alarma la responsabilidad de las familias, el oído sordo de algunos a las advertencias, los ojos cerrados de otros ante un peligro que ya no es nuevo, ni desconocido.

Por eso también están allí, en la línea roja, para concientizar a muchos.
Sé que el 16 de octubre de 2020 cambió sus vidas para siempre. En cierta forma son ya más maduros, son hombres y mujeres de bien, desprendidos de todo egoísmo. O quizás siempre lo fueron (es lo más probable), porque la verdad, pocos cambian su forma de pensar y actuar en un día, arriesgando el pellejo por algo en lo cual no se cree. A todos llegue nuestro: ¡gracias muchachos!

Los jóvenes apoyan en el suministro de la alimentación a los pacientes y al personal de salud, en la limpieza de los cuartos y en el procesamiento de la ropa sanitaria. Foto: Cortesía de los autores.