Cristian Nápoles: Quiero que me recuerden como un campeón (+ Fotos)

A pesar de su juventud, Cristian Nápoles es una de las principales figuras del equipo cubano de triple salto. Foto: Getty Images.

Cristian Atanay Nápoles no llega a los veinte años y ya es una figura esencial dentro del equipo cubano de triple salto. Con una estatura que no impresiona y una alegría contagiosa, su carrera deportiva pasa por triunfos en todas las categorías y progresos constantes en cada temporada. Aunque su mejor registro apenas lo ubica vigésimo en el ranking histórico de la Isla, este muchacho sabe de retos vencidos y otros por cumplir para sostenerse en la élite de una de las especialidades más difíciles del atletismo mundial.

De la mano de Juan Gualberto Nápoles —en una doble responsabilidad de padre y entrenador—, Cristian Nápoles ganó en 2015 la corona planetaria de cadetes y en 2016 se alzó con el subtítulo entre juveniles. Un año después asistió a su primer Campeonato Mundial de mayores y allí quedó a solo tres centímetros de la medalla de bronce. Ese resultado le garantizó despedir la campaña con la distinción de mejor atleta masculino del campo y pista en Cuba, un reconocimiento que poco más de un lustro atrás parecía demasiado lejano para él.

¿Por qué comienzas relativamente tarde en el atletismo?

Aunque mi padre entrenaba a otros saltadores él no quería insertarme tan rápido en el deporte. Decía que me iba a cansar —como le ocurrió a dos hermanos míos— y no llegaría a ningún lugar. Mis abuelas, junto a mi tía y mi madre, sí me impulsaban, porque veían cuánto me gustaba. Solo comencé a practicar de verdad con casi trece años. Luego asistí a un Campeonato Nacional, gané la altura con 1.60m y cogí plata en el triple salto. Allí me captaron para la selección nacional, pero como no tenía buen tamaño me quedé solo en el triple.

¿Cómo fueron esos primeros meses?

Cuando llegué mi papá prefirió no entrenarme, porque le preocupaba no entendernos muy bien. Sin embargo, otros profesores tampoco quisieron porque en ese momento no tenía técnica ninguna. Imagínate, con esa edad ya muchos saltadores dominan lo básico, pero yo llegué casi en cero. Al final a mi padre no le quedó más remedio que ponerme en su grupo. De aquel tiempo la verdad prefiero ni acordarme. Fueron semanas de sacrificio, porque no sabía hacer prácticamente nada y saltaba casi a potencia limpia. Viví muchos días de sudor, empeño y trabajo, pero por suerte poco a poco llegaron los cambios.

¿Cuándo viste una mejora en el rendimiento?

Con quince años asistí a un Festival Iberoamericano en México y con una carrera de solo 9 pasos dominé esa competencia. Eso fue en 2015, como preparación para el Mundial de Cadetes de ese año. En las confrontaciones en el Estadio Panamericano también tuve resultados importantes y formé junto a Julio César Carbonell un buen dúo de saltadores, siempre con una rivalidad muy grande dentro de la pista.

En su primer año entre mayores, Cristian Nápoles superó la barrera de los 17 metros Foto: Getty Images.

Los dos participaron en ese mundial y tú ganaste el oro con 16,13m

En las pruebas internas ambos estábamos cerca y dije que si en el mundial me superaba debía realizar su mejor marca. Al final él terminó en bronce y los dos subimos al podio. No obstante, aunque ganar allí significó una emoción muy grande, sobre todo porque Alberto Juantorena nos puso la medalla, tanto mi papá como yo esperábamos un resultado mayor. Ese año ya tenía el registro líder de la temporada con 16,45m y el objetivo en Cali era saltar más de 16,63m y romper el récord de la competencia.

Luego de ese título, ¿molestó el segundo lugar en el mundial juvenil del 2016?

Me dolió muchísimo. Aunque una plata es una buena medalla yo quería ganar, pero la estructura de la competencia no me ayudó. Una de mis características como saltador es ir mejorando en cada intento, y en aquel mundial solo daban cuatro oportunidades en la final, cuando habitualmente son seis, y eso me descolocó un poco.

Sin embrago, el 2017 fue el año de la consagración. Por primera vez sobre 17 metros y con asistencia al mundial de mayores

Los 17 metros tienen su historia. Eso fue en la Copa Cuba y allí competí con una molestia en el tobillo. Mi papá no quería arriesgarse, porque estábamos casi al inicio de la temporada, pero cuando vi a Andy Díaz marcar 17,40m salí a buscar un gran salto también y así logré el 17,27m. Además de superar una barrera que todos los triplistas quieren vencer, esa marca me dio el boleto a Londres.

Mientras tanto, al mundial fui con el objetivo de clasificar a la final. Luego de cumplir eso podía pasar cualquier cosa. Avancé con el tercer mejor salto, pero en las primeras rondas de la discusión de las medallas di muchos fouls y en definitiva solo tuve dos intentos válidos. Allí terminé cuarto y para ser mi primera incursión en una competencia de este tipo quedé satisfecho.

Esa fue la segunda vez en la historia que tres triplistas cubanos clasifican entre los doce mejores en una cita del orbe

Fue un resultado increíble. Todos somos muy jóvenes y tanto Andy Díaz como Lázaro Martínez tienen mucho talento. Ahora queda mantenerse igual en cada competencia. El triple masculino está súper bien, porque además tenemos a Jordan Díaz y a algunos otros muchachos con tremendas potencialidades.

¿Cuán difícil es tener a tu padre como entrenador?

Antes era más complicado pero ahora nos entendemos mejor. Él me ha hecho la persona que soy. Por supuesto, lo considero el mejor entrenador del mundo, pero también un gran amigo o mi hermano. Una de sus virtudes es no presionar a nadie durante la competencia. Salgas mal o bien, siempre da ánimos y confía en sus atletas.

En el mundial de Londres este muchacho demostró su estirpe y quedó solo a tres centímetros del podio. Foto: Getty Images.

A pesar de tanta juventud, por lo general luces decidido y agresivo. ¿Te obsesionan los 18 metros?

Realmente no. Esa es una marca grande y aunque no es imposible tampoco resulta fácil. Este año aspiro a saltar entre 17,40m y 17,60m. Creo que lo puedo lograr porque lo estoy dando todo en los entrenamientos. Los 18 metros ya son otra cosa. Subir hasta ahí lleva tiempo y prefiero tomar las metas paso a paso.

¿Qué características debe tener un triplista para aspirar a esa marca?

Debe ser rápido, potente, hábil y flexible.

¿Y de esos atributos en cuál debes enfatizar?

En la flexibilidad. Todavía me queda por mejorar allí, aunque ahora mismo estoy trabajando en ella y he progresado muchísimo.

Cuando entrenas o compites, ¿qué atletas sirven de inspiración?

El recordista mundial Jonathan Edwards, el estadounidense Christian Taylor y el francés Teddy Tamgho. Edwards porque es pequeño como yo y aun así lo conquistó todo; Taylor porque es guapo como yo; y Tamgho por su explosividad y porque nunca se da por vencido. Lamentablemente las lesiones lo sacaron de la élite mundial desde hace algunos años.

Muchas veces al equipo cubano de triple salto se le critica la incapacidad para acercarse a sus mejores marcas en la competencia fundamental del año. ¿Ustedes tocan esos temas en los entrenamientos?

De eso no se habla. No obstante, sí estamos al tanto de la necesidad de rozar nuestros mejores registros en las competencias más importantes. Al menos yo siempre lo intento y creo que lo he logrado la mayoría de las veces. En algunas ocasiones eso puede ser responsabilidad del entrenador, pero en otras no. También depende del atleta, de cómo enfrenta el evento, su estado anímico o su preparación psicológica.

¿Qué es lo más difícil durante la competencia?  

La concentración. A veces me desespero demasiado y eso me juega malas pasadas. Por ejemplo, en el mundial de Londres estaba muy ansioso y casi me voy en blanco en la final. Por suerte pude recuperarme y marcar en el tercer intento. Cuando logro enfocarme, el resto me lo tomo como un baile, porque es pura coordinación, y como a mí me gusta bailar pues lo siento más fácil.

Solo 19 años y ya tienes protagonismo dentro del equipo. ¿Cuáles son las metas para el 2018?

Empiezo este año con grandes propósitos. Primero quiero cumplir la gira de invierno con resultados cercanos a los 17 metros y obtener medalla en el Campeonato Mundial Bajo Techo. Luego aspiro a ganar los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla y en el transcurso de la temporada mejorar mi marca personal. Sinceramente creo poder con todos, porque aunque no estoy apurado sí veo esos objetivos a mi alcance. A largo plazo aspiro a lo mismo que todos los atletas: ser titular olímpico y quedar en la historia del deporte. Quiero que las personas me recuerden como un campeón.

Mejorar la técnica y aumentar la flexibilidad son claves para superar su marca personal de 17,27. Foto: Getty Images.

Para este año la mirada del joven triplista está en el título en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Foto: Getty Images.