The New York Times
Traducido por El Universal, de México
Obama ha dicho que la nueva estrategia de ciberdefensa que reveló el mes pasado contempla protecciones a la privacidad personal y las libertades civiles, pero importantes funcionarios del Pentágono y el Ejército señalan que, en la práctica, tales garantías quedarían en duda.
Se prevé que gran parte del trabajo del nuevo cibercomando será realizado por la Agencia de Seguridad Nacional, cuyas labores de espionaje tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, bajo las órdenes secretas de la administración Bush, ya generaron gran controversia.
Militares argumentan que podría ser necesario interceptar y analizar mensajes de correo electrónico enviados desde otros países, para impedir la entrada de virus cibernéticos o acciones terroristas potenciales. Defensores del plan dicen que el proceso podría ser aceptado como el equivalente digital de la inspección aduanal.
“El gobierno está en una encrucijada”, dijo Maren Leed, experta en defensa del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Se necesita, explicó, un amplio debate “sobre lo que constituye una intrusión que viola la privacidad y qué tipo de intrusión sería aceptable al encarar un acto de guerra”.
A diferencia de un ataque con misiles, que aparecería en las pantallas del Pentágono mucho antes de llegar a suelo estadounidense, un ataque cibernético podría ser visible sólo después de haber sido lanzado en EU.
Funcionarios de la administración han empezado a discutir si algunas leyes debieran ser modificadas para permitir a las agencias de inteligencia, de procuración de justicia, o al Ejército, un mayor acceso a las redes o proveedores de internet en caso de que exista evidencia significativa de una amenaza a la seguridad nacional.
Sin embargo, a expertos como Leed les preocupa que el Departamento de Defensa y las agencias de inteligencia “no son las más adecuadas, desde la perspectiva de las libertades civiles, para asumir tal responsabilidad”.
A la vez, al Pentágono le preocupan los conflictos diplomáticos que podría acarrear la nueva estrategia de ciberdefensa. Por ejemplo, para combatir a los hackers rusos podría ser necesario actuar en el ciberterritorio británico, alemán, o de algún otro país por el cual fuera dirigido el ataque.
Frida Berrigan, parte de la iniciativa de armas y seguridad de New America Foundation, resumió así la situación: “Si el Pentágono y los servicios militares ven el ciberespacio como un campo de batalla, los límites que protegen la privacidad y nuestras libertades civiles se difuminan muy rápidamente”.