Editorial de La Alborada, revista del Fondo Educacional para La Alianza Cubano Americana, en Estados Unidos (Cuban American Alliance and Education Fund)
La última gran noticia en Miami es la detención de dos académicos de origen cubano por no registrarse como agentes de un gobierno extranjero. No se les acusa de revelar información secreta o asuntos de seguridad nacional. Ellos se centraban en lo que ocurría dentro de la comunidad cubanoamericana de Miami, según los informes de prensa, y transmitían lo que encontraban hacia Cuba. También viajaban a la Isla en intercambios académicos, durante los cuales, se ha dicho, se discutían hechos y personalidades en Miami con sus contrapartes cubanas, muy similar a lo que haría cualquier otro academicista viajero con sus semejantes en cualquier otro país.
La diferencia en este caso, por supuesto, es que el otro país es Cuba, y hablar con cubanos tiene que ser diferente a, digamos, hablar con alemanes, o mexicanos, con los cuales los ciudadanos norteamericanos pueden intercambiar y analizar libremente información sobre temas políticos y sociales. También se distingue en este caso el contexto inmediato en el que se suscita, y eso se vuelve relevante al menos por un detalle curioso: según los medios, los académicos en cuestión le admitieron al FBI hace muchos meses lo que estaban haciendo, presuntamente colaborando con la investigación. Sin embargo, no fueron arrestados hasta la semana pasada. ¿Entonces porque la demora, si es que realmente el asunto es de tal gravedad?
Resulta ser que el tiempo que transcurrió entre un hecho y el otro se caracterizó por la noticia de la aparición en Miami del terrorista Luis Posada Carriles, y la subsiguiente negativa del gobierno de los EEUU de extraditarlo hacia Venezuela por los cargos de haber volado un avión civil. Con eso vino la noticia de los extraños lazos entre Miami y la antigua Presidenta de Panamá quien, horas antes de que expirara su mandato y no mucho después de haberse entrevistado con el Secretario de Estado de los EEUU, perdonó a Posada Carriles y a sus cómplices. Este último condenado en Panamá en relación con un nuevo intento de asesinar con explosivos al Presidente cubano Fidel Castro. (La presidenta de Panamá se mudó poco después hacia Miami donde al parecer vive a sus anchas.)
Más recientemente, se hizo evidente que los EEUU se preparaban para que Posada viviera libremente en las calles de Miami, como hizo anteriormente con otro terrorista, Orlando Bosch. Además de esto podemos añadir la última noticia escandalosa, donde otros asociados de Posada fueron detenidos por posesión ilegal de armas de un tipo y una cuantía que implican objetivos terroristas.
La opinión internacional ha condenado los actos de los EEUU al proteger a Posada y sus cómplices, y la comunidad cubana de Miami ha estado a la defensiva debido a la atención creciente de lo que sucede en esa colorida ciudad a la manera de actividades terroristas y de la defensa local de terroristas. Al mismo tiempo, el gobierno federal persigue en su batalla cuesta arriba de apelar la hiriente decisión del 11 Circuito de Apelaciones en el caso de los Cinco cubanos, que también ha ganado en cobertura internacional, al punto de lograr la condena del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU que en mayo de este año, después de dos años de análisis del caso determinó que el proceso era ilegal, y posteriormente el agosto el panel de jueces de la Corte de Apelaciones de Atlanta anuló el fallo del Tribunal Federal de Miami. De esta manera ocho importantes expertos en dos foros diferentes han expresado su rechazo a las violaciones del proceso legal contra los Cinco y a las ilegales condenas que les fueron impuestas. Por tanto, la acusación de haber espiado para Cuba, ahora se tambalea.
En otras palabras, algo tenía que ocurrir para virar la tortilla no está resolviendo el problema. Quizás por un golpe de suerte, quizás no, a los académicos los arrestaron y después siguieron los típicos paroxismos miamenses de la amenaza de Cuba de destruir a los Estados Unidos por tener fichados a unos malandros terroristas de Miami. Las investigaciones mediáticas se han convertido en una cacería de supuestos izquierdistas, comenzando con la Brigada Antonio Maceo. Después de todo, si dos académicos prestigiosos y queridos, asiduos a la iglesia, estaban espiando en FIU, ¿en quien se puede confiar? Es la hora para una buena limpieza, y si esta resulta que le quita la presión a la administración Bush y a Miami por albergar a terroristas, entonces mejor aun.
Prepárense para aun más giros inusuales de los hechos en Miami.