Dice que mató a 255 personas en Irak y que no se arrepiente. "La leyenda", "el exterminador" y "el diablo de Ramadi" son sólo algunos de los apodos por los que se conoce al francotirador estadounidense Chris Kyle, quien se ganó la reputación de ser el más letal en toda la historia del pelotón "Charly", de la fuerza élite conocida como Navy Seals (Fuente: BBC)
Guillermo Tell
Kyle en plena faena asesina. Foto: William Morrow/ La Nación
Orondo, tal si fuera todo un héroe, se le muestra, con imágenes embellecidas, tras la publicación en Estados Unidos de su libro American Sniper donde relata cómo dio muerte con fría saña a 150 personas en sus andanzas por el Iraq invadido y ocupado, y del orgullo que experimenta al superar el récord de 109 víctimas causada por otro similar asesino uniformado durante la guerra en Vietnam.
"Me gusta lo que hice, todavía me gusta" se regodea, al describir de que manera ultimó desde su bien guarecida atalaya a 40 iraquíes, sólo en la batalla de Fallujah, a finales de 2004. Y en ese episodio y en otros más, dice este tejano racista que aprendió a manejar armas desde pequeño, que siempre mató para salvar vidas de estadounidenses que "valen mucho más".
No sólo es alarmante tanto desparpajo impune, sino también el hecho mismo de que se editara semejante engendro siniestro, y que algunos críticos literarios que escribieron sobre el mismo prefirieron colocarle un manto de justificación al enmarcarlo en la psicología de la guerra, llamando enemigos a secas a víctimas civiles de un pueblo ya de por sí ultrajado. Peor aún, la justicia en la potencia que tanto gusta de encontrar paja en el techo ajeno, permanece sorda y ciega, contribuyendo a glorificar los asesinos del terrorismo de Estado.