Las reformas ratificadas por el congreso hondureño que abren camino a un referéndum sobre reelección, evidencian que el ex presidente Manuel Zelaya fue derrocado por afectar intereses económicos y no por promover ese mismo cambio constitucional, dijeron analistas. La noche del jueves los diputados declararon ratificado constitucionalmente el artículo 5 del plebiscito y referéndum que abre las puertas a modificar los artículos "pétreos o inmodificables", cambios que hasta hoy constituían delito de traición a la patria. (Fuente: AFP).
Guillermo TellManuel Zelaya, ex presidente de Honduras. Foto de archivo
Quién lo diría al cabo de más de un año del secuestro y destitución del presidente constitucional hondureño. Pero nadie debería llamarse a engaño si considera las conveniencias calculadas por el gobierno continuista del golpismo, al dar ese paso. Se trata de un intento algo desesperado por salir del aislamiento internacional apropiándose de una de las banderas de Zelaya, apoyada popularmente, y así permitir al actual mandatario Porfirio Lobo que puebe a perpetuarse en el poder, que para eso están como gastados instrumentos el silenciamiento de la oposición, el control mediático y las bravatas y fraudes al pie de las urnas electorales. En fin, regresar a más de lo mismo bajo la bendición del Departamento de Estado en Washington.
Para los analistas hondureños consultados la verdad profunda de lo acontecido en Honduras con el abortado escrutinio ciudadano convocado por Zelaya radica en su contraposición a las polìticas neoliberales y por afectar intereses económicos de la oligarquìa que conspiró y aplaudió a rabiar el zarpazo castrense. Recordaron que Zelaya detuvo 47 concesiones de energía eléctrica con recursos renovables, algunas de las cuales ya se han puesto en marcha de nuevo. También disminuyó las utilidades de los importadores de combustible y aprobó un decreto para otorgar tierra a 300.000 campesinos, dos importantes medidas revertidas sin demora durante la era Micheletti-Lobo.
Las fuentes citadas por la agencia no dijeron nada que se ignorara o por lo menos se sospechara, pero la búsqueda, el reconocimiento y la divulgación esclarecedora de la verdad siempre resulta plausible.