Ya sé que le quisieron quitar la gloria. Y que fracasaron. Aquà este mundo nadie tiene un historial impoluto, pero todos tenemos la extraña manÃa de juzgar al del lado. Más cuando le admiramos. Más cuando le envidiamos. Me da igual. Yo le sigo viendo en la cumbre, tatuado en las pieles de la gente como un modo de vida. Porque eso era Diego: un modo de vida. Un Dios que creÃmos que no existÃa. Y sÃ, sà existÃa. Pero murió el 25 de noviembre en Argentina.
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