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Florida en el epicentro electoral: Dilemas del voto por correo

En estos tiempos de intensa campaña presidencial, la Florida se ha convertido en el escenario clave de la disputa entre los candidatos. Es el centro de la cobertura mediática electoral, el territorio donde más dinero se gasta en anuncios televisivos y, en la práctica, es una especie de “laboratorio de ensayo” para promover el odio, el miedo y la violencia política. El sur de la Florida que tradicionalmente es golpeado por huracanes, en estos momentos parecería que está siendo azotado con especial intensidad por el “fantasma del comunismo”.

Sin lugar a dudas, sus 29 votos electorales lo ubican como el estado pendular que puede determinar el resultado de las elecciones. Por ende, tanto Trump como Biden tratarán de emplear todos los medios a su alcance para imponerse. Teniendo en cuenta las diferentes aritméticas y las opciones reales que tiene cada candidato para lograr los 270 votos electorales necesarios, Trump está prácticamente obligado a ganar la Florida para reelegirse. En este sentido, la evidencia histórica es abrumadora debido a que desde 1924 ningún candidato republicano ha llegado a la Casa Blanca sin triunfar en ese estado sureño.

Por su parte, a Biden no le es imprescindible la Florida para convertirse en presidente debido a que cuenta con más votos electorales seguros y exhibe una posición más favorable que su contrincante en varios de los estados decisivos. No obstante, su equipo de campaña es muy activo en ese territorio. Están enfrascados en lograr una victoria que saben dejaría a Trump sin posibilidades y podría asegurarle la presidencia.

A partir de este contexto, los republicanos han concluido que en la Florida no tienen otra alternativa que emplear “todas las opciones sobre la mesa”. Bajo esa premisa el voto por correo constituye uno de sus blancos de ataque priorizados por dos razones fundamentales: es una de las modalidades de ejercicio del sufragio que tendrá un crecimiento exponencial en millones de electores y la mayoría de las personas que la emplearán serán votantes registrados como demócratas. Por lo tanto, el comportamiento del voto por correo no solo será decisivo para ganar la Florida, sino que podría determinar quién será el próximo presidente de Estados Unidos.

Según la División de Elecciones de la Florida, hasta el 19 de septiembre se habían solicitado 4,6 millones de boletas por correo. De ese total, corresponden a votantes demócratas 2,1 millones que representa el 46,5 por ciento de las solicitudes. Los registrados como republicanos ascienden a 1,4 millones y los independientes 970 mil. En este momento, los demócratas aventajan a los republicanos por 703 326 boletas solicitadas.

Si tenemos en cuenta que hasta el 24 de octubre los electores pueden acceder a este tipo de voto, entonces estas cifras se incrementarán, llegando a duplicar las 2,7 millones de boletas por correo que se enviaron en las elecciones presidenciales del 2016. En términos prácticos, será una avalancha que sobrepasará las capacidades organizativas y logísticas de las autoridades electorales locales, los centros de votación y el servicio postal. Se enfrentarán a un escenario desconocido y sin precedentes que contribuirá al incremento de las irregularidades electorales y, en especial, se crearán condiciones favorables para las maniobras republicanas.

Cuando se ejerce el voto por correo, pueden darse situaciones que traen como resultado que las boletas no sean contadas. Las más frecuentes son: los errores cometidos por los electores durante el ejercicio del sufragio y que las boletas lleguen a los centros de votación después del horario establecido. Según la legislación electoral de la Florida, los votos por correo no pueden ser contabilizados si arriban a los precintos electorales el día de las elecciones después de las 7 pm, salvo excepciones como votantes en el extranjero y miembros de las fuerzas armadas.

Las boletas que llegan atrasadas se deben a dos causas principales: los electores envían su voto el mismo día de la elección y por problemas asociados al servicio postal que se encarga de la distribución. Este último aspecto, en estas elecciones tendrá un impacto determinante no solo porque esa agencia no está preparada para gestionar un flujo de millones de boletas sino porque existe una voluntad explícita de los republicanos de limitar sustancialmente su funcionamiento como una manera de suprimir el voto de las bases demócratas.

Según el sitio web especializado Politico, en las elecciones primarias realizadas en la Florida en el mes de agosto más de 35 000 boletas enviadas por correo no fueron contadas. La mayoría se rechazaron no por errores de los electores sino por llegar después de la hora límite. En esos comicios el 60 por ciento del voto fue por correo y los demócratas representaron el 50 por ciento de los votantes, así como aportaron el 47 por ciento de las boletas que no se contaron.

De acuerdo a Daniel Smith, profesor de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y experto en temas electorales, esta cifra muestra que en noviembre puede presentarse un “gran problema” cuando se incremente sustancialmente este tipo de voto. En ese sentido, afirmó: “podríamos superar las 100 mil boletas por correo que no se cuenten”. Si tomamos en consideración que Donald Trump superó a Hillary Clinton en el 2016 en este estado por una ventaja de 112 911 votos, entonces existe la posibilidad real que en estas elecciones los votos por correo que no se contabilicen puedan marcar la diferencia en la disputa por los 29 votos electorales.

Tomando como referencia una exhaustiva investigación del propio Smith sobre las boletas rechazadas en la Florida durante las elecciones del 2016 y 2018, las principales causas de anulación son: la firma del votante no coincide exactamente con la que consta en los registros electorales, la boleta no está firmada y la firma no se suscribió dentro del recuadro establecido. Entre ambos comicios se declararon nulas más de 58 000.

Según el estudio, el mayor por ciento de las boletas anuladas proviene de electores jóvenes entre 18 y 21 años, votantes con discapacidad que requieren asistencia, hispanos y afroamericanos. Es decir, recae en un segmento de grupos predominantemente demócratas. Entre los condados con más alta tasa de rechazo están Miami-Dade, Broward y Palm Beach.

En todo este proceso de certificación de validez de la boleta por correo, el papel fundamental lo desempeña la junta de revisión a nivel de condado que tiene la potestad para anular o no este tipo de votos. En la práctica, esta autoridad electoral tiene amplias facultades discrecionales y las decisiones de sus miembros pueden tener un impacto significativo en el resultado electoral.

La complejidad del clima político que prevalece en la Florida, el control republicano de la gubernatura y de ambas cámaras estaduales, así como de la maquinaria política constituyen factores que la campaña de Trump podría aprovechar para incidir en el desempeño de los funcionarios electorales. El ambiente de caos, confusión e incertidumbre ya está presente y tiene alcance nacional. Por lo tanto, se ha erigido como el entorno natural de las elecciones.

Por demás las regulaciones del estado permiten que los denominados “observadores electorales” participen durante el proceso de verificación de las boletas por correo, e incluso, pueden cuestionar su validez. Es conocido que los republicanos desplegarán este tipo de personas en los centros de votación considerados claves. Sin lugar a dudas, en el estado sureño se desarrollarán con intensidad estas maniobras intimidatorias, lo que constituirá una fuente de tensiones y enfrentamientos.

En la investigación del profesor de la FIU, se arriba a una conclusión muy ilustrativa: “nuestro estudio solo muestra la punta del iceberg porque se limita a las boletas anuladas, pero no se incluyen las que llegan después de las 7 pm a los centros de votación”. Precisamente uno de los pilares en que descansa la estrategia republicana es en socavar el funcionamiento del servicio postal de tal forma que decenas de miles de boletas no arriben a tiempo y en el peor de los casos que ni siquiera sean entregadas en los precintos electorales. Las propias autoridades locales están planteando que los electores deben enviar su voto como mínimo 10 días antes del 3 de noviembre. De lo contrario, es muy difícil que sea contado.

Teniendo en cuenta las vulnerabilidades del voto por correo y las oportunidades que se presentan en la Florida para que los republicanos incidan en este proceso, los demócratas están obligados a movilizarse y sortear varios obstáculos.

En esencia, el triunfo en la Florida de los aspirantes está condicionado por el comportamiento de dos variables que se contraponen. En el caso de Trump, será la capacidad de su equipo de campaña y seguidores para suprimir el voto de las bases demócratas empleando a ultranza la premisa que “el fin justifica los medios”. Por su parte, su contrincante dependerá de que se genere una avalancha de electores motivados fundamentalmente por ejercer su voto contra el actual mandatario estadounidense independientemente de si simpatizan o no con Biden.

No podemos descartar que este escenario pueda ocurrir, pero si nos guiamos exclusivamente por las encuestas jamás podremos percatarnos que es una posibilidad cierta debido a que la mayoría de esos votantes posiblemente no estén siendo contemplados en esas muestras calificadas como “representativas”. La realidad que vive Estados Unidos es muy compleja e incierta, pero también constituye en sí misma el principal detonante para provocar una oleada de votantes contra Trump que solo se podrá constatar el 3 de noviembre.

(Tomado de Progreso Semanal)