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Derrotando al cáncer con cooperación en un socialismo competente

Gran parte de la investigación sobre el cáncer está enfocada en hacer que el cuerpo humano logre luchar contra la enfermedad. Foto: Getty Images.

La Facultad de Biología de la Universidad de La Habana (UH) y el Centro de Inmunología Molecular (CIM), del grupo BioCubaFarma, acaban de ser premiados en esa universidad con el resultado de mayor impacto científico en Ciencias Naturales y Exactas del año 2019. El título del trabajo es Plataforma vacunal en liposomas para la inmunoterapia del cáncer. Se trata de un paso relevante dentro de la proyección del CIM para buscar cura o mitigación del cáncer, mediante los propios mecanismos inmunológicos de los seres humanos.

El cáncer es un conjunto de enfermedades muy estudiado. Se trata de mutaciones genéticas eventuales que generan nuestras propias células y provocan que éstas se reproduzcan con defectos. Si estas células alteradas resultan viables pueden seguir reproduciéndose y desarrollarse hasta con más posibilidades que las células normales, llegan a sustituirlas, pero sin desempeñar el papel que aquéllas tienen para el sostenimiento de nuestra vida. Así convierten en disfuncional nuestro cuerpo y perdemos la vida.

Uno de los factores que impiden que el eficiente sistema inmunológico del humano destruya a esas células degeneradas radica en que se queda deprimido. Por eso, al ser imposible evitar las mutaciones que producen células “extrañas”, porque esta es la base de la propia vida y su desarrollo, una estrategia inteligente es ayudar a nuestro cuerpo para que identifique y destruya esas células anormales.

De hecho, eso puede estar ocurriendo constante y naturalmente en nuestro organismo con cualquier mutación eventual. Muchísimas células anormales que siempre se producen nunca llegan a convertirse en un cáncer gracias a nuestras defensas inmunológicas. Las llamadas estrategias vacunales y las “vacunas terapéuticas” se han inventado para favorecer su trabajo combatiendo y hasta venciendo diversas formas de cáncer.

El resultado premiado consiste en que se demostró por primera vez que una proteína formadora de poros en células de organismos marinos se puede encapsular en una suerte de células artificiales, llamadas liposomas, y así funcionar como una plataforma vacunal para inducir una respuesta inmunológica de relevancia para la cura del cáncer. De este resultado se ha registrado una patente en los EEUU y otros 23 países. También fue base para una tesis de doctorado y varias maestrías.

Con la cooperación se ha obtenido este resultado en un laboratorio que está en el CIM donde trabajan profesores y estudiantes de la UH. Es de las dos instituciones. Se trata de un paso más hacia adelante, de los que conducen a éxitos cada vez mejores en lo científico. También es una muestra de cómo hacer más efectiva a la ciencia organizando el trabajo para favorecerla, que es para lo que realmente sirve la organización. En el laboratorio conjunto cada institución pone lo que puede para un fin común. Se trata de una hermosa forma socialista de colaboración.

La Universidad de La Habana es un centro líder de Cuba en producción científica. Cada año obtiene entre el 20 y el 25% de los premios de la Academia de Ciencias de Cuba. Produce también una proporción similar de todas las publicaciones científicas de nivel internacional de nuestro país. Esto está respaldado por una composición mucho menor del potencial humano de que dispone la ciencia cubana, ya que en ese indicador no supera el 4%. Esto significa que con una de cada 20 o 25 personas investigando produce por lo menos uno de cada 5 resultados relevantes en nuestro país.

En términos presupuestarios usa el dinero asignado para investigar y para atender sus miles de estudiantes con una calidad que la sitúa entre las 20 mejores universidades de nuestro subcontinente, según evaluaciones internacionales. Para ello no tiene hasta ahora otro suplemento que parte de sus propios ingresos en divisas por servicios académicos.

Las claves de esa productividad en conocimientos y conocedores también están en que cerca de la mitad de su potencial científico humano tiene por lo menos el grado de doctor en ciencias, en la participación de los estudiantes investigando desde los primeros años de sus carreras hasta el postgrado, en una intensa colaboración internacional y en una correcta política científica y de formación doctoral. Los recursos materiales de que dispone son muy modestos, incomparablemente inferiores en calidad y cantidad que los de cualquier centro con productividades similares en este mundo.

En estos tiempos se están comenzando a implementar medidas que deben favorecer acciones como el laboratorio conjunto CIM-UH que obtuvo este logro. Hasta ahora, las rígidas estructuras administrativas y de utilización de los recursos en la economía estatal cubana, que no tienen en cuenta de forma adecuada una gestión eficiente de lo novedoso, hacen que iniciativas como esta sean solo el producto de la voluntad y el riesgo de un puñado de científicos.

Los “no se puede” que dictan tales normas van desde que la UH como unidad presupuestada no puede ingresar pagos en pesos cubanos y hacer con ese dinero lo que necesite hasta que los investigadores creadores de un resultado trascendental como este suelen vivir muy modestamente. Aún no existe relación alguna entre el resultado de su talento y dedicación con la solución de alguna de las imperativas necesidades del plan de su vida.

Lo que estamos teniendo que cambiar llega a que la UH no puede recibir fondos para proyectos de investigaciones del Ministerio encargado de asignarlos porque es una unidad presupuestada y no puede usar ese dinero. Lo que una simple resolución de un organismo hubiera podido corregir hace mucho, ha perdurado decenas de años sin resolverse.

La competencia y la cooperación son dos términos influyentes en la combinación lineal que conduce al progreso social. La una es sobre todo un motor de la innovación y la otra es esencial para la productividad y la eficiencia de cualquier proceso. Una competencia bien diseñada y despojada en lo posible de inhumanos rasgos capitalistas y que esté adecuadamente combinada con una eficiente cooperación, para lo que el socialismo tiene condiciones óptimas, puede ser sin dudas una clave de progreso económico y social indetenible.

Tenemos que producir un marco legal y regulatorio que promueva tanto a la competencia como a la cooperación, en sus debidas proporciones para cada caso. Esto es atinente a toda la economía y a toda la sociedad, y sobre todo a una concepción progresista de las empresas públicas de un socialismo competente. Confiamos que los cambios que se están gestando tengan todo esto en cuenta.