"Se nos fue Fidel, ¿qué vamos a hacer sin él?", me escribe Graciela RamÃrez, la entrañable amiga argentina española que conocà en Madrid en 1992, a la cabeza de un grupo de exiliados latinoamericanos que arroparon a los cubanos en la Cumbre Iberoamericana de aquel año de euforias neoliberales en América Latina, cuando éramos la nave a contracorriente, vilipendiada y escarnecida en medios de todo el mundo.
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