La herejía coherente de Raúl Roa

Cuando falleció en 1982 yo terminaba el preuniversitario y aunque no había vivido sus batallas defendiendo a Cuba en la ONU y retirándose “con los pueblos de América” de la OEA, Raúl Roa era para mi una figura legendaria. Lo había visto con su gesticulación cubanísima y su adjetivación avasalladora en el documental Pablo, de Víctor Casaus, hablando de sus amigos Pablo de la Torriente Brau y Rubén Martínez Villena y dando color con su verbo torrencial a toda una época.