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En defensa de Venezuela

Protestas contra la OEA. Foto: Arnulfo Franco/ AP

Protestas contra la OEA. Foto: Arnulfo Franco/ AP

En un gesto de insólito intervencionismo, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, invocó ayer la Carta Democrática, firmada en 2001 por los países integrantes de ese organismo, para convocar a su Consejo Permanente a abordar el rompimiento del orden constitucional y su efecto grave sobre el orden democrático en Venezuela. El prestigioso intelectual cubano, Fernando Martínez Heredia, ofrece su opinión al respecto:

Hay dos maneras de abordar esta iniciativa de la OEA, y de actuar frente a ella. Una consiste en no aceptar que Venezuela esté incumpliendo la Carta Democrática de la OEA, con ayuda de juristas y declaraciones a los medios, y que se intente impedir la celebración de la reunión propuesta por Almagro, por medios legales atinentes al fondo o al procedimiento. Y si, a pesar de todo, la acusación prospera y sesiona el Consejo Permanente, tratar de reunir votos suficientes para que Venezuela no sea suspendida como miembro de la OEA, al no conseguirse la votación calificada a favor que es requerida.

Pero esos esfuerzos podrían ser inútiles, como lo han sido los dirigidos a evitar que un grupo de políticos delincuentes despojara de su cargo a la presidenta del país más grande y poblado de nuestro continente.

Hay otra manera de enfrentar la cuestión. Puede consistir en que un grupo de Estados denuncie el objetivo de derrocar al gobierno legítimo de Venezuela y liquidar la experiencia de cambios sociales y beneficio de las mayorías que se inició allí en 1999, y que la OEA lo hace porque sigue siendo, como desde que se fundó, cómplice y subordinada de Estados Unidos. Y que en consecuencia decida boicotear las reuniones propuestas e invite a todos los demás Estados latinoamericanos y caribeños a hacer lo mismo. Que algunos Estados, al calor de estos hechos, reiteren su proposición de que desaparezca la OEA e inicien acciones fundamentadas con el objetivo de que se extinga esa organización, o en su defecto dejen de pertenecer a ella todos los Estados que lo vayan considerando correcto.

Al mismo tiempo, que se desaten campañas de movimientos sociales, asociaciones e instituciones de los más diversos tipos y orientaciones, agrupadas por el temor común a que vuelvan a retroceder las sociedades latinoamericanas en calidad de la vida y derechos sociales y políticos, y por la decisión común de actuar a favor de sus sociedades y sus países. Sus objetivos inmediatos serían derrotar a los golpistas reaccionarios que intentan despojar a los pueblos y entregar las soberanías nacionales. Su estrategia sería movilizar y crear conciencia al mismo tiempo, rechazar toda acción contraria a los pueblos y a la patria aunque alegue ser legal, y utilizar todas las formas de resistencia y de lucha que sean necesarias.

Esta segunda manera de enfrentar la ofensiva de los opresores y de los Estados Unidos contra los pueblos muestra el único camino que brinda posibilidades de pararlos y derrotarlos. Ningún lamento servirá de nada. Si los pueblos se ponen en marcha, llegarán a ser invencibles y comenzarán a cambiarse a sí mismos y las sociedades.