
En pleno mes de septiembre, en un momento en que no se para de hablar de récords “de calma” de una temporada ciclónica inactiva, y en el que ya poco a poco comienzan a colarse las perspectivas de una “activa” temporada invernal, vamos a dejar ambas estaciones a un lado.
Según datos del Servicio de Cambio Climático Copernicus, del Centro Europeo de Pronósticos a Mediano Plazo (ECMWF, por sus siglas en inglés), publicados la semana anterior, el pasado mes de agosto ha sido el agosto más cálido de la historia. Por si fuera poco, también ha sido el mes más cálido en los registros, empatando con julio de 2023.
Estos datos, en conjunto con los de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), arrojan además que agosto cerró el verano (junio a agosto), que en su conjunto fue también el más cálido, igualando con 2024. Este periodo, en algunas áreas, como el hemisferio norte, sí estableció una primacía única, a la vez que el hemisferio sur vivió un invierno excepcionalmente cálido, aunque sin sobrepasar ningún hito.
Estos extremos estuvieron presentes principalmente en Groenlandia, África y partes de Europa, Asia, América del Norte y del Sur, el Atlántico, los océanos Índico y Ártico, así como extensas áreas del Pacífico central y oriental. En Europa occidental también fue la culminación del verano más cálido registrado, que tenía su valor récord desde 2003.
Si vamos a la lista de los diez meses de agosto más cálidos, todos han ocurrido desde 2016, y este último también sobrepasó la barrera de los 1,5 grados Celsius por encima de los valores de la era preindustrial, algo que no pasaba desde noviembre de 2025.
Este calentamiento guarda una estrecha relación de causa y consecuencia con los elevados valores de temperatura superficial del mar, que alcanzaron máximos históricos, impulsados por el calentamiento global y un evento ENOS (El Niño) fuerte.
Agosto tuvo la media mensual más alta jamás registrada en el océano extrapolar, empatada con marzo de 2024, y la temperatura superficial del mar diaria global más alta registrada en el océano extrapolar, con 21,11 °C. Mientras tanto, se observaron temperaturas récord en las aguas de todo el Pacífico tropical, un área donde un evento de El Niño potencialmente extremo continúa intensificándose.

Fíjese en este mapa los tonos rojos intensos, que marcan las áreas en donde el calentamiento de los mares extrapolares ha sido muy superior al comportamiento climático, marcado por el valor medio entre 1979 y 2026. En el mapa, además, se define la zona llamada Niño 3.4, cuyos valores de temperatura del mar se utilizan para monitorear el evento ENOS.
Estas altas temperaturas han influido en la actividad ciclónica; sin embargo, no todo lo que se necesita es “agua caliente” para los ciclones. En este mar hirviendo, el comportamiento por cada cuenca no ha sido equitativo: por un lado, un Pacífico central y oriental muy activo contrasta con un Atlántico con una producción pobre.
Así que ya ve, vamos viviendo una temporada récord de pocos ciclones, a la vez que el planeta continúa marcando valores fuera de las gráficas, lamentablemente haciendo historia.