Lo primero es disminuir la exposición al polvo, que puede lograrse permaneciendo en los hogares, siempre que sea posible. Evitar en los días de máxima presencia del polvo realizar ejercicios físicos al aire libre. Los pacientes con alguna condición previa de enfermedad respiratoria y alergia deben ser rigurosos con el tratamiento preventivo indicado por su médico.
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