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Hablar en ruso y sin acento de Hollywood

Batalla por Sebastopol fue presentada en el Cine Chaplin por su director, Serguéi Mokritskiy

Batalla por Sebastopol fue presentada en el Cine Chaplin por su director, Serguéi Mokritskiy

Recién finalizó la séptima edición de la semana de cine ruso y nos acercamos a dos de sus propuestas más sugerentes y a la vez antagónicas. La primera, Hablando del rey de Roma, una comedia con notable acento hollywoodense. La segunda, Batalla por Sebastopol, un drama bélico sobre una mujer que eliminó a 309 soldados nazis.

Si vamos a la semana de cine ruso, es porque esperamos ver… cine ruso. Lamentablemente no tiene por qué ser así y esta lógica tan simple fue la causa de mi decepción con Hablando del rey de Roma, dirigida en 2014 por Evgueniy Abyzov. Otra comedia romántica al estilo John Cusack conoce a Drew Barrymore. La única diferencia notable es que en este filme los protagonistas se llaman Garik Kharlamov y Kristina Asmus y hablan en ruso.

La trama es la siguiente: un cruel estafador menos sociable que el Yeti tima a una indefensa anciana y se apodera de su mansión, o al menos eso cree. La señora, por el simple hecho de hacerlo sufrir, le sigue la corriente y finge que ha sido engañada (luego desaparece misteriosamente de la película hasta las escenas finales).

La casa en realidad estaba embrujada y era capaz de defenderse por sí sola. Entonces, cuando nuestro John Cusack ruso intenta vender el terreno para que sea demolida, una figura en la pared se ilumina para maldecir al villano. El maleficio es de lo poco original de la película: Pasha, que es el nombre del protagonista, todas las noches aparece enfrente de quien piense en él, de ahí el título del filme.

Antes, había tenido tiempo de conocer a su futura novia, quien en principio le rechaza. Los personajes son: el cruel estafador sin amigos que aprende la lección y evoluciona a bonachón divertido con novia; el tío mafioso, más estereotipado imposible, que lo incita al defalco y termina pagando sus platos rotos; la bella y honrada repartidora de flores y la astuta anciana dueña de la mansión embrujada, reconvertida en museo para el final feliz. Clichés.

A la salida del cine un señor de anacrónico aspecto le comentó a otro que se marchaba apurado: “viste que buena estaba la película, los rusos están evolucionando”.

No creo que esta comedia romántica, demasiado parecida a sus primas de Los Ángeles, sea un ejemplo de mejoría para el séptimo arte del país más extenso del mundo. Si el cine ruso “evoluciona” para convertirse en cine hollywoodense, perdería entonces lo ruso. Hollywood ha matado “lo nacional” de muchas industrias del séptimo arte que se ha rendido ante las estrategias preestablecidas para que los filmes sean rentables. Si todas las productoras y autores del mundo emulan el cine norteamericano, se acabaría el cine como arte. Y carecerían de sentido las Semanas de Cine Ruso, Francés, los Festivales de Cannes, San Sebastián, La Plata, Berlín, La Habana, etc.

No es de extrañar que sea el cine latinoamericano el que gane enteros en los circuitos internacionales. Hace un par de semanas el venezolano, Lorenzo Vigas con Desde allá y el argentino Pablo Trapero con El Clan, conquistaron sendos Leones de Oro y Plata en La Muestra de Venecia, uno de los certámenes cinematográficos más respetados del mundo. Desde esta región se sigue proponiendo un cine diferente, con estrategias narrativas que no dependen del corte para comerciales, con un innovador manejo de la cámara e historias centradas en la gente.

Garik Kharlamov y Kristina Asmus, protagonistas de Hablando del rey de Roma

Garik Kharlamov y Kristina Asmus, protagonistas de Hablando del rey de Roma. Foto: rm.ru

La Mulán soviética

Otra propuesta bien diferente es Batalla por Sebastopol (2015), que apenas menciona ese combate perdido por el Ejército Rojo, tras 250 días intentando detener a los nazis. En cambio, se centra en la vida de una francotiradora soviética, que dio muerte a 309 soldados alemanes en pocos meses de servicio. Sí, 309… en un pequeño periodo entre 1941 y 1942, en el que además estuvo ingresada tres veces en la enfermería. Aclaro, la historia es real.

Su primer paso por el hospital de campaña lo causó un avión de la Luftwaffe tras arrojar un explosivo muy cerca de ella, que la hizo permanecer enterrada e inconsciente durante cinco minutos. Poco tiempo después sufriría quemaduras en toda la espalda debido a un mal paso de su capitán en un campo minado. Por último, sería víctima de un balazo en el hombro durante un duelo de paciencia y camuflaje con un francotirador nazi. El alemán fue más estoico, ella más precisa.

Quitó más de 300 vidas y estuvo a punto de perder la suya tres veces. Fue heroína nacional de la URSS y el primer ciudadano de esa nación en ser recibido en la Casa Blanca. Lyudmilla Pavlichenko era su nombre, pero trascendió como “la dama de la muerte” (este hubiese sido el título del filme si la productora fuera Universal).

La ausencia de un trato afectivo y condescendiente por parte del padre, originó el deseo de Lyudmilla por triunfar en esferas tradicionalmente masculinas. Como su progenitor era un reconocido oficial del Ejército Rojo, la entonces estudiante de Historia se interesó por el manejo de los fusiles y tuvo un éxito inesperado. Aun así, no encontró el anhelado reconocimiento del padre.

Llegada la guerra, descargó sus frustraciones infanto-juveniles como francotiradora y tuvo que ser fuerte para no disfrutar la muerte del adversario, diferencia entre un soldado y un asesino. Lyudmilla, como Mulán en la leyenda china, vivió la guerra como no lo hizo ningún hombre y a pesar de ello siguió adelante.

Aunque envuelto en la crueldad de la guerra, el filme, como casi todos los filmes, se centra en el amor. Cuatro pretendientes tuvo la sargento durante la contienda: dos capitanes, un piloto y el médico que la curó tres veces. Todos murieron, dos de ellos para salvarle la vida en un par de actos estremecedores.

Batalla por Sebastopol, al igual que Hablando del Rey de Roma, toma de Hollywood, pero mantiene la esencia de la extensa historia del cine ruso.

Es un apasionante y bien balanceado drama bélico dirigido por Serguéi Mokritskiy, quien, luego de esbozarte una sonrisa con alguna escena pintoresca, te estremece en la butaca debido al horror mostrado en pantalla y por momentos te hace olvidar que estás en el cine y corre el año 2015.

Una cinta que rescata el papel de la mujer en la Segunda Guerra Mundial, a través de la curiosa amistad entre Lyudmilla Pavlichenko y la primera dama estadounidense, Eleonor Roosvelt, quienes fueron personalidades opuestas, representantes de naciones alidadas por el mal mayor que representó el nazismo para el mundo. Además, reflexiona sobre la dualidad femenina entre firmeza y debilidad, sobre el machismo en el ejército y sobre cuatro señores enamorados de una dama que mató a 309 hombres.

Que el cine ruso evolucione, pero que lo haga como Batalla por Sebastopol, no como Hablando del Rey de Roma.

La sargento Lyudmilla Pavlichenko (1916 - 1974). Foto: Aredrover.com

La sargento Lyudmilla Pavlichenko (1916 – 1974). Foto: aredrover.com.