Especial para Cubadebate

Nancy Morejón en el Teatro Gala, en Washington. Foto: Ramón Fandiño
Washington, DC. Anoche en el Teatro Gala de Washington, le preguntaron a Nancy Morejón cuál es el rasgo distintivo, el ethos, que tiene Cuba para que año tras año engendre una música tan maravillosa. La poeta cubana, Premio Nacional de Literatura, no titubeó: "Es un misterio. Una magia. Hay cosas que no son susceptibles a explicaciones".
Y magia cubana fue lo que Morejón nos regaló durante una noche hechicera, lluviosa y fría en la capital de los Estados Unidos. Nos abrigó con el calor del Caribe, y nos animó con los ritmos y los sentimientos de la Isla. Tanto que lo necesitábamos después de tres tormentas de nieve que batieron récords este año, y uno de los inviernos más fríos en la historia de Washington.

Nancy Morejón y Jorge Bolaños, Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, en el Teatro Gala, en Washington. Foto: Ramón Fandiño
El Teatro Gala utiliza el famoso Tívoli para realizar sus funciones, y la de anoche fue auspiciada también por la Sección de Intereses de Cuba en Washington y contó con la presencia del Jefe de la Sección Jorge Bolaños y otros diplomáticos cubanos. El teatro está en Columbia Heights en Washington, D.C, barrio donde vivió el jazzista Duke Ellington. Fue construido en 1922 al estilo arquitectónico del renacimiento italiano.
Anoche el teatro estaba repleto. Nancy vestía de gris con una combinación rosada de boina y chal de lana. Comenzó la charla agradeciéndole a Howard University, el instituto afro-americano de estudios superiores en Washington, por haber publicado el primer libro de ella que fuera traducido al inglés. La Universidad de Howard está ubicada a menos de un kilómetro del Teatro.

Nancy Morejón y James Early,director de Política de Herencia Cultural del Smithsonian Institution. Foto: Ramón Fandiño
"La historia de esta ciudad me la dio mi padre," dijo, y nos contó de la emoción que sintió al ver por primera vez el puente Duke Ellington que se extiende majestuosamente sobre el parque Rock Creek en pleno corazón de la ciudad.
Recordó al poeta colombiano Jorge Zalamea, ganador del premio Casa de las Américas en 1965 con su obra Poesía ignorada y olvidada. Zalamea, dijo Morejón, sostenía que "en la literatura, en la poesía, no hay países subdesarrollados... Cuba es un ejemplo de eso", planteó Morejón.
Destacó lo propio de la poesía cubana: "En Cuba hay una tradición literaria que viene de nuestras raíces africanas. Para mi generación la poesía cubana eran autores como José María Heredia y José Martí, pero también muchísimos poetas anónimos" ,contó. Morejón recordó que el gran poeta cubano Nicolás Guillén le dijo una vez que la influencia más importante para su famoso texto Motivos de son fue la música del Trio Matamoros. Para ilustrarnos la tesis, Nancy cantó parte del famoso son cubano, El cuarto de Tula.
Heredera de Nicolás Guillén e hija de Cuba, Nancy Morejón acostumbra a recitar poemas cargados de las tonalidades musicales afro-cubanas. Anoche nos ofreció este:
Círculos de oro
Cantan las aves en la mañana,
sobre el techo de la iglesia meditabunda
pero nadie las escucha a las aves tranquilas
sino el explorador que bajó de las montañas
después de la lluvia. Andar y andar,
atravesando los pastos húmedos,
es una forma de conocer el ambiente
de este pueblo extraño donde las calles
son círculos de oro traidos de la alta mina.
Andar y andar, después que los relámpagos
trajeron su verdad hasta las raíces del almendro en flor.
Oímos todavía el canto bendito de las aves
en la mañana
pero hay unos forasteros, que son soldados,
con sus fusiles en ristre a punto de disparar
sobre la luz del vuelo emprendido por las aves
que cantan en la mañana.
Andar y andar del amigo que contempla
la escena asaltado por el azoro más indescriptible.
Disparan sobre el vuelo azul de las aves
los invasores impunes con sus cascos feroces
y sus fusiles hambrientos de sangre inocente.
Andar y andar, y no comprender nada
sino el derecho de las aves a cantar
y el derecho de los paseantes a escucharlas.
Al terminar de declamar sobre los círculos de oro, Morejón nos contó de un viaje anterior que había hecho al estado de Colorado, en el occidente de los Estados Unidos -donde está injustamente encarcelado Antonio Guerrero. Poeta y artista, Tony ha logrado que su poesía y sus pinturas le transmitan al mundo la injusticia de enrejar a cinco cubanos que llegaron a Miami simplemente para detener el terrorismo que deviene de esa ciudad contra Cuba. "Es un poeta de acción con una sensibilidad especial y un maravilloso pintor", dijo ella. Leyó entonces en inglés un poema que le dedicó a Tony: "You will be back". Regresarás, dijo.
Nancy Morejón fue una de las pioneras de la campaña de alfabetización en Cuba a principios de la Revolución. "La Revolución no le pide al pueblo que tenga fe, sino que lea". Su premio fue imaginar que los estudiantes a quienes les enseñaba a leer y escribir, "algún día leerían mis poemas".
Vice-presidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Morejón relató anoche que el recientemente celebrado Congreso de esa institución fue sumamente importante. "Un gran momento de discusión fue el discurso de Eusebio Leal que planteó la necesidad de una conducta más respetuosa hacia los cubanos que viven en el exterior". Añadió Morejón que "la cultura cubana, dentro del contexto de la diáspora en la cual vivimos, es una".
"La cultura e identidad cubana pertenecen a las mejores tradiciones de los derechos civiles e internacionales", enfatizó. "Cuba no es un paraíso, pero tampoco es un infierno".
A petición de la audiencia, leyó en inglés y en español uno de sus más queridos poemas, y con ese homenaje a la mujer negra la poeta concluyó la charla:
Mujer negra
Todavía huelo la espuma del mar que me hicieron atravesar. La noche, no puedo recordarla.
Ni el mismo océano podría recordarla.
Pero no olvido el primer alcatraz que divisé.
Altas, las nubes, como inocentes testigos presenciales.
Acaso no he olvidado ni mi costa perdida, ni mi lengua ancestral
Me dejaron aquí y aquí he vivido.
Y porque trabajé como una bestia,
aquí volví a nacer.
A cuanta epopeya mandinga intenté recurrir.
Me rebelé.
Su Merced me compró en una plaza.
Bordé la casaca de su Merced y un hijo macho le parí.
Mi hijo no tuvo nombre.
Y su Merced murió a manos de un impecable lord inglés.
Anduve.
Esta es la tierra donde padecí bocabajos y azotes.
Bogué a lo largo de todos sus ríos.
Bajo su sol sembré, recolecté y las cosechas no comí.
Por casa tuve un barracón.
Yo misma traje piedras para edificarlo,
pero canté al natural compás de los pájaros nacionales.
Me sublevé.
En esta tierra toqué la sangre húmeda
y los huesos podridos de muchos otros,
traídos a ella, o no, igual que yo.
Ya nunca más imaginé el camin a Guinea.
¿Era a Guinea? ¿A Benín? ¿Era a
Madagascar? ¿O a Cabo Verde?
Trabajé mucho más.
Fundé mejor mi canto milenario y mi esperanza.
Aquí construí mi mundo.
Me fui al monte.
Mi real independencia fue el palenque
y cabalgué entre las tropas de Maceo.
Sólo un siglo más tarde,
junto a mis descendientes,
desde una azul montaña.
Bajé de la Sierra
Para acabar con capitales y usureros,
con generales y burgueses.
Ahora soy: sólo hoy tenemos y creamos.
Nada nos es ajeno.
Nuestra la tierra.
Nuestros el mar y el cielo.
Nuestras la magia y la quimera.
Iguales míos, aquí los veo bailar
alrededor del árbol que plantamos para el comunismo.
Su pródiga madera ya resuena.

Nancy Morejón en el Teatro Gala, en Washington. Foto: Ramón Fandiño

El público del Teatro Gala, en Washington. Foto: Ramón Fandiño