Caminando por lo poco que dejó Matthew en la Punta de Maisí, el colega Vicente me dice que cerca vive un anciano de casi 100 años, y de inmediato me acerqué a la vivienda que como todas llevaba el triste recuerdo del Huracán. Me sorprendió el buen estado físico y mental de Manuel Pita con su siglo de vida. Junto a su esposa nos dio un saludo de agradecimiento por el mero hecho de estar por allí en tal situación.
¿Pita, que recuerdas del ciclón? "No tengo palabras, hijo; mira a tu alrededor, esto no tiene forma de describirlo, ni viviendo 100 años más creo volveré a ver algo parecido". Sus ojos se clavaron en mi lente, para luego llevarse las manos a la cara y disimular sus lágrimas. No solo perdió su casa. Ha desaparecido el lugar donde nació, creció y ha vivido tanto. "Maldito ciclón", dice.
Entonces es cuando uno no espera que lo inviten a "un buchito de café". Ahí perdí el pulso de la cámara. ¿Qué hace un fotógrafo cuando tiene delante del lente a personas que lo han perdido casi todo y comparten lo poco que tienen? "Venga, hijo", me invita a su casa sin techo: "Tenemos lo más grande que es la vida. Gracias por llegar hasta aquí".

Manuel Pita. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Manuel Pita. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Con su esposa. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

En Maisí. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

En Maisí. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

En Maisí. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Un buchito de café. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

En Maisí. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

La vida sigue. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El faro de Maisí. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate