
Foto: Portada del disco.
Diseñar el recorrido de un disco es tan delicado como trazar un mapa emocional. Lea Cárdenas lo sabía. Por eso, cuando asumió la responsabilidad de ordenar las canciones de Entre boleros —producción de Armando Báez bajo el sello EJE MUSIC—, no dejó nada al azar. La musicóloga cubana, acostumbrada a la precisión académica, aplicó aquí una curaduría pensada como un ritual de escucha. Quería abrir un ciclo y cerrarlo. Que los temas guiaran al oyente sin brusquedades, manteniendo un equilibrio constante. Y lo primero que tenía claro era el punto de partida: “Te quedarás”, ese bolero de Alberto Barreto, popularizado por Benny Moré, funciona como una invitación explícita. Una mano tendida que dice, sin rodeos: quédate, escucha, acompaña.
El álbum nació de una descarga bolerística, de esas reuniones donde la música fluye sin agenda, pero detrás de esa aparente espontaneidad había un camino recorrido. Lea había participado activamente en la confección del expediente para declarar al bolero Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad —reconocimiento logrado el 5 de diciembre de 2023 en colaboración binacional con México.
Dos años de trabajo intenso, de vínculos con portadores, de inmersión en comunidades bolerísticas de ambos países. Esa experiencia transformó su relación con el género. Lo que antes era cercanía natural —por cubana, por música— se convirtió en responsabilidad y pasión encendida. Así, en uno de aquellos encuentros con colegas mexicanos, surgió la chispa: ¿por qué no hacer un disco que reflejara esa visión compartida? Empezaron pensando en un par de títulos y terminaron grabando ocho. Cuatro boleros cubanos. Cuatro mexicanos. Un equilibrio perfecto.
Entre boleros, el nuevo disco de la musicóloga y cantante cubana Lea Cárdenas, teje un puente sonoro entre Cuba y México con ocho canciones que honran la tradición del género sin renunciar a los matices contemporáneos.
La selección de los temas, confiesa Lea, fue profundamente subjetiva. Armando Báez y el maestro Miguel Villicaña le dieron carta blanca para escoger los boleros cubanos que ella quisiera registrar. Y ella se dejó llevar por el deseo, por esa lista íntima de canciones que siempre quiso grabar. “Interludio”, de César Portillo de la Luz, uno de los boleros más hermosos que existen. “Toda una vida”, de Osvaldo Farrés, ineludible cuando se habla de la canción cubana. Y “Lo que me queda por vivir”, de Alberto Vera, una elección casi temeraria porque todos lo asocian a la voz inolvidable de Omara Portuondo, pero Lea asumió el riesgo.
Del lado mexicano, Báez seleccionó piezas de grandes autores: un popurrí de Roberto Cantoral con “La Barca”, “Regálame esta noche” y “Reloj”; un tema fascinante de Álvaro Carrillo —“Un poco más”— que Lea descubrió con el alma; y dos obras de Armando Manzanero, “Nos hizo falta tiempo” y “Yo sé que volverás”, este último con letra de Luis Pérez Sabido. Un detalle hermoso: los productores mexicanos trabajaron codo a codo con Manzanero durante los últimos quince años de su vida, así que incluir sus canciones fue también un tributo personal.
El nombre del disco, sin embargo, fue un problema. Titular es siempre complicado, admite Lea. Pensaron en “Te quedarás”, seductor y afirmativo, pero eso inclinaba la balanza hacia lo cubano. Consideraron “Un poco más”, otro tema hermoso, pero entonces el peso recaía en México. Y la idea central era justamente evitar cualquier desequilibrio. Porque el concepto de fondo es el patrimonio compartido: el bolero nació en Cuba, sí, pero echó raíces tan profundas en México que hoy es imposible separarlos. “Estábamos literalmente entre boleros”, reflexionó Lea en medio de tantas charlas. Entre los cubanos y los mexicanos. Entre el mar Caribe y el golfo. Entre dos tradiciones que dialogan hace casi un siglo. Y así, con esa preposición sencilla que sugiere un espacio intermedio, nació Entre boleros. Corto, funcional, evocador.
¿Y los géneros? El disco es de boleros, única y exclusivamente. Ocho canciones, todas fieles a la esencia del género. Pero Lea es una cantante de su tiempo, y eso se nota. No en la melodía, que respeta con devoción casi religiosa, sino en los matices. Los arreglos del maestro Miguel Villicaña introducen pinceladas contemporáneas: momentos con códigos jazzísticos, otros que coquetean con la música brasileña, algunos que se acercan al filin. Siempre sin violentar la obra original. “El secreto está en el respeto”, resume Lea. Respeto por lo que hicieron otros antes, respeto por las líneas melódicas, respeto por la armonía que hace que un bolero sea bolero.
Vea además:
(Tomado de La Jiribilla)