
Médicos cubanos en Venezuela. Foto: Fernando Llano/AP.
Novlyn Ebanks, de 73 años, tenía previsto recibir gratuitamente la cirugía ocular que necesitaba en el hospital St. Joseph de Kingston.
Pero en marzo, tras la decisión unilateral de Jamaica de poner fin al acuerdo de cooperación en materia de salud de casi 30 años con Cuba, ya no pudo programar el procedimiento. El centro de oftalmología del hospital estaba atendido principalmente por médicos cubanos, muchos de los cuales ya habían regresado a La Habana.
“Estoy realmente preocupada y angustiada”, dijo Ebanks, quien ahora tendrá que buscar tratamiento privado a un costo que, según ella, podría alcanzar los 350 000 dólares jamaicanos (alrededor de 2 200 USD).
En los últimos meses, muchos pacientes en América Latina y el Caribe se han encontrado repentinamente sin atención médica, ya que casi una docena de países han cedido a la presión de Estados Unidos de poner fin la ayuda de las brigadas médicas cubanas.
Estados Unidos alega que el programa equivale a “trabajo forzoso” para los médicos. Cuba reconoce el ingreso al presupuesto estatal de una parte del pago por los servicios médicos, pero niega cualquier violación de los derechos humanos, afirmando que la acusación es simplemente un pretexto para los esfuerzos de la Casa Blanca por estrangular económicamente a la isla y forzar un cambio de régimen, que incluyen además el bloqueo de los envíos de petróleo, que ya dura varios meses.
Mientras tanto, médicos, ONG e investigadores coinciden en que las personas que se verán más afectadas por la retirada repentina de los médicos —que normalmente son desplegados en zonas sanitarias remotas e históricamente desatendidas— serán las comunidades más pobres de la región.

En Guatemala, se prevé que las comunidades indígenas se verán afectadas de manera desproporcionada por el vacío dejado por los médicos cubanos. Foto: Cristina Chiquin/Reuters.
“No tuvimos tiempo suficiente para elaborar o implementar un plan de contingencia”, dijo Damion Gordon, profesor de la Universidad de las Indias Occidentales en Jamaica. “Todo sucedió de repente, lo que creó una brecha repentina… y una crisis para esas comunidades”, agregó.
La presión ejercida por Estados Unidos para poner fin a estas colaboraciones ha incluido la cancelación de los visados de funcionarios gubernamentales, e incluso de sus familiares, que hayan tenido alguna relación con el programa.
Desde que Donald Trump comenzó su segundo mandato, los gobiernos de Jamaica, Guatemala, Guyana, Honduras, San Vicente y las Granadinas, Bahamas, Antigua y Barbuda y Paraguay han puesto fin a los acuerdos médicos, ya sea de forma inmediata o gradual.
El único punto de resistencia ha sido México, donde la presidenta, Claudia Sheinbaum, se ha negado a poner fin al programa, argumentando que los cerca de 3 000 médicos cubanos son de “gran ayuda” ya que trabajan en zonas remotas donde hay escasez de personal.
“Las personas que viven en zonas rurales son las que van a sufrir”, dijo John Kirk, profesor emérito de estudios latinoamericanos en la Universidad de Dalhousie en Canadá.
El programa surgió en 1960, cuando se envió una brigada médica a Chile para ayudar a atender a las víctimas de un terremoto. Desde entonces, más de 600 000 médicos, enfermeros y técnicos sanitarios cubanos han sido desplegados en más de 160 países.
Las estimaciones sugieren que actualmente hay más de 20 000 médicos en unos 50 países, con especialidades que van desde la obstetricia y la pediatría hasta la cirugía y la oncología.

Médicos cubanos durante una ceremonia de despedida en Guatemala. Foto: Cristina Chiquin/Reuters.
La mayor presencia de médicos cubanos tuvo lugar en Venezuela, la colaboración comenzó en 2004 y llegó a contar con casi 30 000 profesionales. Fue con la misión venezolana que el programa se convirtió en una de las principales fuentes de ingresos de Cuba y en un amortiguador crucial contra el bloqueo económico estadounidense que dura décadas.
“Ahora, Trump está decidido a cortar esa financiación en su intento de provocar un cambio de régimen”, dijo Kirk. “Entrevisté a 270 médicos, enfermeros y técnicos cubanos; ninguno de ellos dijo haber sido obligado a trabajar”, afirmó el profesor.
“No es trabajo esclavo”, dijo la doctora cubana Yanili Magdariaga Menéndez, de 41 años, quien pasó cinco años en Venezuela a principios de la década de 2010.
“Me uní al programa porque me di cuenta de que, en Cuba, no podía darle a mi familia lo que quería”, dijo Menéndez, quien pasó de ganar aproximadamente 40 dólares al mes en la isla a unos 1 000 dólares en el extranjero.
Aunque afirmó no considerar que la participación fuera “totalmente justa”, añadió que también “entendía que Cuba dependía de ella y la utilizaba para financiar la educación y la sanidad gratuitas”. Tras su paso por Venezuela, se trasladó a Brasil, donde el programa llegó a contar con más de 11 000 profesionales, pero se suspendió en 2018 tras los ataques del entonces presidente de extrema derecha y aliado de Trump, Jair Bolsonaro.
Helen Yaffe, profesora titular de la Universidad de Glasgow y presentadora del podcast Cuba Analysis, afirmó que la acusación estadounidense de violaciones de derechos humanos es “un pretexto” y “una completa tontería”.
“¿Cómo pueden afirmar que se preocupan por los derechos humanos mientras bloquean los envíos de petróleo a Cuba, lo que significa que los bebés prematuros en incubadoras quedan en riesgo durante los cortes de electricidad?”, dijo.
Aunque, según se informa, Estados Unidos ofrece a los países que acepten dejar de emplear médicos cubanos apoyo para la “modernización de la infraestructura”, Yaffe afirmó que Washington “no está reemplazando a los médicos ni siquiera proponiendo capacitar a sustitutos nacionales”.

Novlyn Ebanks describió a los médicos cubanos que conoció como “muy pacientes, humildes y comprensivos”.
En Guatemala, donde el gobierno ha anunciado la “retirada gradual” de unos 400 médicos cubanos para finales de año, las ONG como Proyecto Emergencia ya saben que tendrán que cubrir la vacante, lo que afectará de manera desproporcionada a las comunidades indígenas.
“Abandonar un programa como ese equivale a privar de acceso a la atención médica a algunas de las poblaciones más marginadas y desatendidas de nuestra parte del mundo”, dijo el médico de urgencias Darren Cuthbert, director ejecutivo de la ONG, señalando que muchos países de la región aún se están recuperando de la decisión de Trump de desmantelar la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
En Jamaica, donde un grupo de personas realizó una marcha en la capital en agradecimiento a los médicos cubanos, el ministro de Salud, Christopher Tufton, admitió que su partida había creado “vacíos”.
“Algunas de esas carencias son difíciles de cubrir debido a la especialización y al hecho de que no contamos con un equivalente local. Por eso, hemos empezado duplicando los turnos… con médicos locales para cubrir la demanda, sobre todo en oftalmología y oncología”, afirmó.
Pero Tufton dijo que veía ese momento como una oportunidad para obligar al país a abordar su escasez de personal médico nacional, incluso mediante una campaña publicitaria para alentar a los médicos jamaicanos en el extranjero a regresar.
“Creo que nos conviene avanzar en esa dirección, donde podamos reducir la dependencia [de los médicos extranjeros]… Valoramos lo que los cubanos han hecho y la relación que hemos mantenido. Esperamos que ese tipo de colaboración se reanude en otras circunstancias”, afirmó.
Aunque todavía está buscando la manera de pagar la cirugía ocular, Novlyn Ebanks ya echa de menos a los médicos cubanos, a quienes describió como “muy pacientes, humildes y comprensivos”.
“Estas son las personas que realmente necesitamos tener a nuestro alrededor para que nos cuiden”, dijo.
(Publicado originalmente en The Guardian, 26 de abril de 2026)