
Fidel junto al Doctor Rubiera y la Doctora Rosa Elena Simeón cuando el Huracán Lili acechaba en 1996.
Muchos conservan en la memoria el resguardo oportuno, la medida precisa, la palabra alentadora y las acciones constructivas que subsanaron o construyeron hogares más seguros. Llámese Inés en 1966, Gilbert en 1988, Lili del 96, Michelle durante el 2001 o Iván en el 2004; nunca faltó el desvelo del Comandante por todo un país. Siempre atento a cada daño, cada reporte y estando presente en cada rincón afectado del territorio nacional.
Más, el atento pronosticador de amenazas para Cuba y la humanidad tampoco se ahorró ojeras en sus últimos años de vida, pues sus reflexiones sobre las consecuencias nefastas del Cambio Climático atestiguan esa infalible vocación de vigilante. Entre ciclones, y en tiempos de calma, nunca nos abandonó. Anécdotas hay miles de sus constantes visitas al Instituto de Meteorología cuando el peligro acechaba.
Refiere el Doctor José Rubiera que cuando en ocasiones un sistema se acercaba a Cuba, Fidel le preguntaba de pronto que a cuántos kilómetros estaba de las costas del país, y mentalmente hacía al cálculo de 111 km por cada grado, porque sabía que el Comandante también sacaba su cuenta. Fidel con su sentido de estar preparados ante el peligro, educó a la población y a los sectores de la economía. Durante la Batalla de Ideas, surgió un programa para mejorar el soporte tecnológico de la meteorología, apoyando sobre todo la modernización de nuestra red de radares a lo largo de la Isla.
Las nuevas generaciones de meteorólogos conocen de boca de quienes peinan canas las historias de aquellas madrugadas en que Fidel tomaba la delantera a las primeras ráfagas de viento. Sabemos que la meteorología en Cuba ha alcanzado la importancia que tiene por la impronta que el Comandante le ha conferido. Y cuando la cola del fenómeno atmosférico tocaba aún con lluvias y vientos la Isla, llegaba Fidel a las zonas más afectadas por la tormenta, para conocer de la situación de los evacuados y de la magnitud de los daños.
Toda la Isla tiene huellas de huracanes y de un Fidel junto a su pueblo enfrentando desastres naturales, pero preservando la vida, lo más preciado e imprescindible para recomenzar.

Fidel en el terreno luego del azote de un Huracán.