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Irán Millán o un “ultraconservador” del patrimonio en Cienfuegos

Irán Millán Cuétara, conservador de la ciudad de Cienfuegos. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Cada vez que a Irán Millán Cuétara se le eriza la piel mientras habla de Cienfuegos, pasa la mano por los antebrazos y hace un gesto para que reparemos en cómo se emociona con las anécdotas. Aunque no lo dice, quien lo conoce puede asegurar que si Irán tuviera otra vez catorce años elegiría llegar a Cienfuegos, como lo hizo por el año 1965.

Volvería a enamorarse de la ciudad y de aquella jovencita –su esposa hoy–, a quien todavía hace responsable de que él se haya quedado en la Perla del Sur desde entonces. Si tuviera otra vez catorce años repetiría esa historia, no por responder con facilismo a la trillada pregunta “¿qué harías si tuvieras tal edad?”, sino porque desde que Irán llegó a Cienfuegos tuvo allí, dice, “un contrato de amor, un matrimonio como el que llevo con mi esposa tras cincuenta años de casados”.

Si se le entrevista suele empezar por los orígenes, porque “uno no puede olvidar de dónde viene”. Toda su familia es del Mariel. Después se mudaron a San Cristóbal y luego a Artemisa cuando él tenía siete años. Con catorce…

Irán cuenta la historia con linealidad, así recuerda que estudió arquitectura en la CUJAE, que pasó tres años de servicio social en Santa Clara, donde abrió una escuela de arquitectura que no existía y que regresó a Cienfuegos.

Desde 1977 –recuerda perfectamente la fecha– se ha dedicado por completo a la ciudad del mar. Desde 1977 es el conservador de una de las ciudades patrimoniales más hermosas de Cuba. “Cienfuegos ha confiado en mí, esa es la fortaleza. Y le hemos tratado de responder con la mayor lealtad posible”, dice y se le vuelve a erizar la piel.

Entre otros logros, Cienfuegos es Monumento Nacional y Patrimonio Cultural de la Humanidad. Muchos cienfuegueros y no cienfuegueros dicen que la ciudad le debe mucho a usted…

“Reconocer a Cienfuegos como una ciudad moderna con solamente 200 años de fundada, comparándola con las primeras villas que tienen 500, y tratar de estar a la altura de Trinidad, Camagüey, Santiago de Cuba o La Habana, es my pretencioso. Pero los cienfuegueros nos caracterizamos por eso, por ser pretenciosos, y es que estamos orgullosos de la ciudad en que vivimos.

“Empezamos a restaurar la ciudad en el periodo especial, 1992, cuando había una situación difícil para pensar en el patrimonio. Sin embargo, fue cuando despuntó Cienfuegos. Tuvimos el apoyo de las máximas autoridades, confiaron en el valor de la cultura.

“He tenido excelentes relaciones con las autoridades de Cienfuegos y con la población porque mi trabajo es muy difícil, es velar porque la ciudad no se transforme negativamente, o sea, que lo que se le incorpore prestigie y beneficie la obra que ya existe y no la moda ni querer estar a bien con algún directivo. Aprobar o no lo que se hace en la zona más valiosa de Cienfuegos, decirle a los nuevos emprendedores, empresarios o directivos que algo no puede ser, es muy complicado.

“Pero todo el mundo sabe que yo miro a los ojos y no me gusta la doble moral. Eso se ha sabido respetar y me ha salvado de poder dormir tranquilo. Mi único compromiso es con la ciudad”.

Entrevista con el conservador de Cienfuegos. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

En el Palacio Leblanc, Irán Millán Cuétara dice que esta casa colonial de principios del siglo XIX era una demolición en 2008 cuando la Oficina del Conservador de la Ciudad asumió su restauración: “Este lugar lo levantaron mis alumnos de la escuela de oficios de la Oficina del Conservador con sus profesores. Todo es nuevo, y se hizo respetando la tipología y el plano original del edificio. Hoy es uno de los palacios más importantes que tiene la ciudad”.

Cienfuegos, Patrimonio de la Humanidad...

“En el 2000 estuve en Estados Unidos, me invitaron a presentar a Cienfuegos. Fui con diapositivas y con un inglés pésimo, pero defendí Cienfuegos, así que había que ser guapo. Cuando terminé –hablo de eso y me erizo– la máxima autoridad me preguntó ‘¿por qué Cienfuegos no es Patrimonio de la Humanidad?’ De allí fue que salió la propuesta y luego hicimos el expediente. Nos dimos cuenta en el proceso que no teníamos una foto digital de la ciudad. ¿Ustedes se imaginan? Todas eran en blanco y negro, y en papel. Tuvimos que tirarle fotos con una camarita. Así hicimos el expediente y lo presentamos.

“El 7 de julio de 2005 aquí hubo un ciclón y yo rezaba en el puesto de mando del gobierno que no le pasara nada al centro histórico. Eso fue un viernes. El lunes se reunía el Comité del Patrimonio Mundial en Sudáfrica para evaluar las propuestas. Yo veía las tablas volando y yo, que no soy religioso, no sé si hasta puse una vela. Teníamos un ejército recogiendo las tejas de zinc.

“Cuando me llamaron eran las cuatro de la tarde. Era el último día. Cogí el teléfono y me dijeron: ‘Irán, aprobaron a Cienfuegos’. Salí para la radio local y entre las dificultades del ciclón, darle esa noticia al pueblo fue como si le hubieran restaurado todas sus casas”.

En su trabajo de conservador, que requiere de recursos, de trabajo en equipo y voluntad política, intuyo que ha tenido tropiezos en el camino. ¿Cómo ha lidiado con eso?

“Los logros de la ciudad son porque ha habido una voluntad política, gente que confía en uno y determina que todos los presupuestos de cada organismo estén subordinados al plan maestro de nuestra oficina.

“Nosotros nacimos como unidad presupuestada sin posibilidad de ingresar un centavo, ni impuestos, nada. Pero todos los presupuestos tienen que pasar por mi oficina. Nosotros aprobamos cualquier acción constructiva que va a estar subordinada a las líneas de rescate del Centro Histórico de la ciudad patrimonial. Nosotros no recibimos un centavo para restaurar ningún monumento.

“Por ejemplo, ahora por el 26 de Julio a Educación se le aprobó el rescate de varias escuelas. Nosotros les decimos qué es lo que pueden hacer en la restauración de esos inmuebles. Mandan a hacer el plan, nosotros lo aprobamos y luego lo supervisamos. O sea, tenemos una autoridad porque existe una voluntad política, pero no crean que todas las oficinas tienen estas posibilidades”.

¿Por qué algunas ciudades lo consiguen y otras no?

“Esto es un trabajo en equipo. Usted puede ser un líder de un proyecto pero si no tienes el apoyo no se puede lograr, aunque tengas todo el dinero del mundo. La población, las autoridades y la oficina. Esa es la unión.

“Sin embargo, yo también he tenido mis derrotas aquí. Tuve un edificio que le di seguimiento desde 1977 y al final lo demolieron. Como dijo Leal: ‘Esto es una guerra, va a haber derrotas, pérdidas y victorias’. Hay que tratar que la mayoría sean victorias. No todo se logra de un tirón”.

Entre risas comenta que si una victoria recuerda fue la que le dio a Pinar del Río en los primeros juegos deportivos nacionales escolares en 1963. Los únicos dos goles que anotó su equipo fueron suyos. Y salió en el periódico. Desde aquel diploma, dice, tiene archivado cada uno de sus logros. Desde el reconocimiento por los dos goles hasta el más reciente, el de Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

Usted ha dicho que no trabaja para reconocimientos. ¿Esperaba el de Héroe del Trabajo?

“Hace años yo veía a los vanguardias que los hacían héroes nacionales, yo estaba en la segunda fila y decía que más nunca llegaba allá alante. Para mí el héroe del trabajo estuvo siempre reservado para los trabajos más sofisticados: la caña, las innovaciones, las maquinarias.

“Yo les veía las manos a esa gente y trataba de esconder las mías. Comparado conmigo ellos han comido candela y uno se siente hasta acomplejado estando en la misma fila. Pero fue muy lindo que reconocieran otro tipo de trabajo para estimular este sector que lo necesita. El ser humano lo necesita y este sector es muy sensible”.

“Cienfuegos ha confiado en mí, esa es la fortaleza. Y le hemos tratado de responder con la mayor lealtad posible”. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Su esposa dice que usted no disfruta la ciudad, sino que la sufre. ¿Cómo es eso?

“Tengo que ser sincero: yo soy demasiado exigente. Quiero tanto a la ciudad y la reconozco tanto, que me duele cuando otras personas no se colocan a la altura. Y esa situación te crea insatisfacción, y lo que haces es sufrirla. Pero la sufro y la disfruto a la vez”.

Y la sufre y la disfruta tanto que puede levantarse a la una de la mañana y anotar alguna idea en el talonario que deja siempre en su mesa de noche. Mientras conversamos en una calurosa tarde de julio, Irán Millán se saca del bolsillo tarjetas en cuyas hojas apunta las actividades principales de cada día de la semana porque “hay que planificarse, amigos”.

A las cinco de la tarde lo despedimos frente al Gobierno, donde hablará en una reunión que chequea las obras restauradas, con sus problemas y logros: “Es un trabajo bien difícil. Hacemos por Cienfuegos, pero sin slogans ni palabras que a veces se quedan en el aire. Eso es lo que nos ha dado prestigio dentro y fuera de Cuba”. El prestigio quizás se deba también a que él es un hombre demasiado conservador. Ultraconservador, dice y sonríe.

En video, Cubadebate conversa con Irán Millán

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