Luego del diálogo con el doctor Ortiz Machín, pienso que la decisión de operar allí, sin dilaciones, y luego trasladar al pequeño al pediátrico, fue no solo la mejor, sino propia de la entereza de valientes. Gracias infinitas, un niño es el mundo entero. El universo. Y allí, en manos de estos neurocirujanos, ese mundo, el nuestro, quedó un poco más a salvo.
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