
Osmani Ibarra Ortiz, jefe del departamento de Museología. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Hace unos años Osmani tuvo la oportunidad de cumplir uno de los sueños de su madre. De pequeño recuerda haber visto en casa un gran álbum lleno de fotos de Los Panchos, el grupo musical mexicano que su mamá adoraba. Nunca pensó que un día, mientras mostraba el piano que Bola de Nieve usó en Cuba, un visitante le diría: “yo sostuve con Bola de Nieve una gran amistad. No aquí, sino en México. Yo soy uno de Los Panchos”.
No es esta la única anécdota que Osmani Ibarra Ortiz tiene en la que ha sido su casa y escuela desde que dejó Corralillo en su natal Villa Clara. El Museo Nacional de la Música cumple este jueves 50 años de fundado y Osmani lleva trabajando en él desde 1995.
El jefe del departamento de Museología, o como le llaman sus colegas, “el alma del lugar”, es el hombre que conoció a todos los fundadores y que puede recitar de memoria qué guarda cada colección. En el museo se encuentran partituras originales de Gonzalo Roig, Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán, el piano de Frank Emilio, decenas de instrumentos musicales, cajas de música, viejos fonógrafos, discos metálicos y de pasta, así como numerosos casetes.
Cuentan que encontrar un edificio para albergar todo esto no fue tarea fácil. Durante meses María Antonieta Henríquez, su fundadora y primera directora, visitó distintos lugares. Incluso contó con la ayuda de Antonio Núñez Jiménez, entonces presidente de la Academia de Ciencias de Cuba. Fue en uno de esos recorridos que un día vieron por primera vez el edificio que ocupaba la entonces Dirección Nacional de Guardafronteras y ella dijo que “una cosa como esa era lo que necesitaba”.
Ubicado en calle Capdevila en la Habana Vieja, el inmueble estaba siendo desalojado. María Antonieta lo recordaba desde antes de 1959. Los techos del gran salón siempre le parecieron un gran pastel de cumpleaños y la escalera de mármol como las de los palacios de Versalles. “Este es el lugar”, le decía a Núñez Jiménez.
Cuentan también que su primera directora, “la persona más laboriosa y constante que he conocido”, como la recuerda Ibarra Ortiz, consiguió el edificio. La noticia le llegó mediante una llamada mientras visitaba un museo en Moscú y desde que se la dieron, no pudo atender más a la guía. El día que entró a las salas de Capdevila lo hizo por una puerta pequeñísima y destartalada y dijo al resto de fundadores: “Aquí estamos, en nuestro elefante blanco, al que tenemos que domesticar”.
El palacete había sido conocido en las primeras décadas del siglo XX por albergar un gran movimiento cultural. Perteneciente a la familia Pérez de la Riva y Pons hasta 1937, cuando esta lo vendiera al Estado cubano, dicen que hasta Lorca asistió a tertulias allí. Pero los años lo habían deteriorado y cuando se funda el Museo Nacional de la Música el 9 de septiembre de 1971, este entra en restauración.
Durante una década se recolectaron partituras, instrumentos musicales y se organizaron conciertos en otras instituciones de la ciudad. “Todo el mundo hablaba del Museo Nacional de la Música”, dice el jefe de Museología.
Cuando finalmente abre sus puertas, en 1981, el centro tenía una colección de reproductores musicales que incluye fonógrafos y gramófonos. Una de las piezas más importantes que se pueden ver a día de hoy es la caja de música que José Martí le regalara a Carmen Zayas Bazán cuando vivían en Nueva York y que ella donara al entonces Museo Nacional en 1913.
Muchos de los reproductores no solo es posible verlos, sino escucharlos. Dice Ibarra Ortiz que “cuando están muchos días sin ponerse se traban”, pero en sus imperfecciones es posible descubrir cómo sonaba la música hace un siglo. Nunca sabrás lo que es escuchar “¡Ay! Mama Inés”, por Rita Montaner, hasta que lo escuches de un gramófono en el segundo piso del Museo Nacional de la Música.
También conservan la partitura original del Himno Nacional que Perucho Figueredo escribiera y dedicara a la hija de un amigo hacendado en Camagüey. “El museo tiene muchos documentos, partituras, colecciones de instrumentos musicales y no solo de los que se tocan en Cuba, hay algunos que no se tocan en el país. De los pianos más importantes de la colección está el de Nicolás Ruiz Espadero, el gran pianista cubano del siglo XIX. También uno que utilizaba la reconocida pianista Teresa Carreño cuando iba a Venezuela”, detalla Ibarra Ortiz mientras gesticula mucho con las manos. Es un tema que le emociona y se nota.
Otra de las anécdotas que guarda el jefe de Museología viene del espacio. Hace años Arnaldo Tamayo visitó el museo para dejar la copia del Himno Nacional y la partitura de la canción “Cuba, qué linda es Cuba”, que llevara al cosmos. Cosas de la vida, ya en tiempos de pandemia, el cosmonauta cubano le “dio botella” a Ibarra Ortiz. “Yo le dije que yo trabajaba en el Museo de la Música, y él se acordaba de nosotros y hasta prometió estar en la inauguración, después que me trajo hasta la mismísima puerta”.

El Museo Nacional de la Música es centro de referencia para los interesados en la historia musical cubana de todos los tiempos. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
El edificio principal del Museo Nacional de la Música lleva cerrado desde 2005, cuando entró en un proceso de restauración. “Se supone que en el transcurso de este año ya podamos hacer la reapertura oficial. Ahora estamos terminando la inversión y haciendo el montaje”, informó a Cubadebate, Carmen Rosa Báez, comunicadora del centro.
“A partir de su reapertura el museo constará de tres edificios: la casa principal donde están las exposiciones permanentes y temporales junto con el teatro; la casa de Julián del Casal donde radicará el Archivo y Biblioteca "Odilio Urfé", accesible para consultas del público; y un edificio ubicado en Obrapía donde radicarán los talleres de restauración y quedarán resguardados los fondos que no están en exhibición”.
Estos años han sido para digitalizar, restaurar e impartir talleres a niños en la sede de Obrapía antes de que la covid-19 llegara a retrasar los planes de reapertura. “Ahora mismo estamos en fase final y proceso de montaje de las exposiciones permanentes”, precisó Báez.
Por esos pasillos, y entre andamios, baja y sube Ibarra Ortiz recordando el pasado y velando por el futuro. Recuerda a María Antonieta, que “trabajaba a la par con sus trabajadores. Lo mismo limpiaba una vitrina que hacía un artículo”. A María Teresa, segunda directora y “mujer de los proyectos. Siempre inventando y organizando conciertos”; y a Jesús Gómez Cairo, el hombre que “llegó en la era digital e introdujo en la institución el mundo de la informática”.
El jefe de Museología del Museo Nacional de la Música no sabe tocar ningún instrumento y no cree que tenga vocación para ello. “Tengo buen oído musical y puedo apreciar la música, pero no se tocar absolutamente nada. Puedo valorar. Llevo tanto tiempo en el medio que conozco las personas, pero música no sé”.
No saber tocarlos, sin embargo, no le impide saber identificarlos por sus nombres, los materiales con los que están hechos y cómo llegaron a estas paredes y vitrinas. Entre ellos destacan los de la Colección Fernando Ortiz, vinculados a las más diferentes culturas de antecedentes africanos establecidas en Cuba. "Casi toda fue recuperada por el Museo Nacional en 1913. Había quedado atrás la etapa colonial pero los lastres seguían y cuando los negros tocaban los cogían presos y junto con ellos, a los instrumentos”.
El archivo de la institución también cuenta con los fondos personales de músicos (partituras, cartas, postales, álbumes, borradores de letras, fotos). Ahí se han estudiado, a través de papeles desgastados, la vida y obra de Carlos Borbolla, Hilario González, Nicolás Ruiz Espadero, entre otros. Muchas de estas investigaciones han terminado siendo libros o artículos.
El Museo Nacional de la Música cumple este jueves 50 años de fundado y comienza un año de celebraciones que incluirá su esperada apertura al público. Mientras, Ibarra Ortiz seguirá caminando por estos pasillos, escuchando música y mirando sus pianos favoritos.
Otra esquina de luz en la Habana Vieja

El Portal del Museo Nacional de la Música.. Foto: Daniel Cervantes Gispert.
Quienes transitamos con frecuencia, vivimos o trabajamos en la Habana Vieja extrañamos, por años, la cobija del hermoso portal que enlaza por Capdevila a la avenida Misiones con una de las más bellas entradas a la Avenida del Puerto: El Portal del Museo Nacional de la Música.
Han retirado la valla que obligaba a bordear por la calle la hermosa esquina que desde principios del siglo pasado ha sido testigo de ilustres visitantes, hechos históricos, transformaciones urbanísticas, espera para un concierto, afinación de una guitarra o trompeta, bienvenida a ilustres personalidades extranjeras y del patio, besos de despedida o encuentro, apasionados abrazos enamorados, pasos ligeros retardados para una cita o para alcanzar un ómnibus, la vida de muchos de sus vecinos desde sus primeros pasos hasta la vejez, resguardo de la lluvia o del sol, o simplemente testigo de un niño que siente el eco de su risa y sus pasos al correr entre los arcos que conforman sus columnas.
Anoche tuve el privilegio de disfrutar las primeras luces de un proceso inversionista que va llegando a su fin, mientras pienso en los conservadores, museólogos, musicólogos, archivistas, investigadores, bibliotecarios, restauradores, comunicadores, artesanos, electricistas, pintores, albañiles, carpinteros, auxiliares de limpieza, agentes de seguridad, que están poniendo corazón al proceso de montaje del nuevo Museo Nacional de la Música
Imagino ya a los turistas, a los bohemios, a los fotógrafos profesionales y aficionados, a quienes van de paso, a las quinceañeras que siguen una tradición de trajes y poses, a los jóvenes con sus selfis, a cineastas, a los músicos noveles y consagrados, clásicos y populares, a todos tratando de raptar en una imagen el encantamiento cubanísimo de este renovado “corredor” que desde la noche del 8 de septiembre, regala una nueva esquina de luz a nuestra Habana Vieja.

Las victrolas que la Victor Talking Machine Company comenzó a producir a partir de 1906 tuvieron en Cuba gran aceptación. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

En 1929 dejaron de fabricarse fonógrafos y cilindros en todo el mundo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

El museo atesora un fondo con más de 500 000 documentos y bienes muebles. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

El palacete había sido conocido en las primeras décadas del siglo XX por albergar un gran movimiento cultural. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

El archivo de la institución también cuenta con los fondos personales de músicos (partituras, cartas, postales, álbumes, borradores de letras, fotos). Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Nunca sabrás lo que es escuchar “¡Ay! Mama Inés”, por Rita Montaner, hasta que lo escuches de un gramófono en el segundo piso del Museo Nacional de la Música. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Fase final y proceso de montaje de las exposiciones permanentes. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Detalle del patio interior del museo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

El edificio principal del Museo de la Música lleva cerrado desde 2005, cuando entró en un proceso de restauración. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

El Museo Nacional de la Música cumple este jueves 50 años de fundado y comienza un año de celebraciones que incluirá su esperada apertura al público. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

El Portal del Museo Nacional de la Música. Foto: Daniel Cervantes Gispert.