Manuel Porto, un cubano reyoyo que nunca pensó ser artista

A los setenta y cinco años, sentado en un sillón de madera que cruje mientras se mece, Manuel Porto confiesa que, a veces, siente al olvido dándole vueltas. Un protagónico para un hombre de su edad, con más de medio siglo dedicado a la actuación, resulta difícil de encontrar en un libreto. No obstante, para el actor, el mejor personaje es el que está bien escrito.