Lo que no pudo contar Raúl Díaz-Argüelles

Cuentan que en la madrugada del 11 de diciembre de 1975 fue el primero en despertar en el puesto de mando de Hengo, Angola. Había llegado a tierras africanas en agosto de ese año, designado por la dirección de la Revolución cubana como jefe de la misión militar de la Isla en aquel país. Dejaba en Cuba a tres hijas de 16, 15 y 14 años. La posibilidad de no volverlas a abrazar fue, quizás, la duda impenitente para él, mientras peleaba por la independencia angolana.