
Yosvani Torres, uno de los lanzadores cubanos más controlados de todos los tiempos. Foto: José Raúl Rodríguez Robleda/ Trabajadores.
Con 24 años, ausente de toda la pirámide deportiva cubana y sin esa velocidad aterradora para lanzar que buscan muchos entrenadores, el pinareño Yosvani Torres arribó a nuestras Series Nacionales con el mismo sueño de cualquier pelotero cubano: ser campeón nacional y vestir el uniforme de la selección principal en eventos internacionales.
Solo un profundo convencimiento de que podía triunfar y una voluntad a prueba de exclusiones y falta de confianza en su talento lo animaron a seguir en el béisbol, pues entre otras injusticias dentro de su carrera deportiva se cuentan haber quedado fuera de la nómina pinareña en su segunda campaña tras el debut en el 2004, algo que se repitió en el 2011 al no ser convocado al equipo Cuba, luego de haber sido el pitcher más valioso de la Serie de Oro y darle el noveno título a su provincia.
De pasos lentos, movimientos bien coordinados y concentración total cada que sube a la lomita, el espigado serpentinero (1,90 metros) comenzó su espiral de victorias en la 47 edición de nuestros clásicos, cuando por vez primera ganó más de los que perdió (8-2) y se coló en la rotación de abridores de un conjunto vueltabajero que históricamente tuvo un cuerpo de lanzadores de lujo.
Disciplinado como pocos a la hora de cumplir el descanso o recibir la fisioterapia tras varias entradas de actuación, Yosvani Torres recuerda siempre que la tardanza en llegar a la élite de la pelota se debió a los innumerables frenos técnicos recibidos cuando niño, los cuales rompió en el Servicio Militar al ser escogido como lanzador de cabecera de su unidad.
Dos años más tarde cumplió idéntico rol con la escuadra de Minas de Matahambre en el campeonato provincial. A ese municipio, al pueblo y las autoridades deportivas les debe quizás todo los premios cosechados, a pesar de haber nacido en Viñales y vivir hoy en La Habana. “Cada vez que puedo voy allá y soy feliz sentado en el parque del pueblo conversando de pelota”, confesó el más estable serpentinero de la última década en Pinar del Río con 97 victorias y 82 reveses.
Quizás el hecho más trascendental de su carrera sobrevino en la Serie de Oro. También el más paradójico. Impuso récord de triunfos para un play off (6), — dos per cápita a Sancti Spíritus, Cienfuegos y Ciego de Ávila—, alcanzó 16 éxitos en toda la campaña, ponchó a 98 contrarios y guió a la formación verde a una corona para la que no eran favoritos, sino que construyeron juego a juego, liderados por Torres.
Su propio mentor, Alfonso Urquiola, lo dejó fuera del campeonato mundial y los Juegos Panamericanos, ambos en 2011, una de las espinas más punzantes en su carrera. Otra vez acudió a su perseverancia y a la modestia para no dejar el deporte. Y se hizo justicia finalmente con el debut internacional en el torneo Portuario de Rotterdam, donde cayó derrotado en par de ocasiones ante Taipei de China.

Cuba Campeón de la Serie del Caribe 2015. Yosvani Torres fue el pitcher ganador del juego decisivo. Foto: Ricardo López Hevia / enviado Especial de Granma / Cubadebate
Vendrían entonces más oportunidades tras volver a encabezar la remontada final de Pinar del Río frente a Matanzas en la 53 edición del campeonato cubano, campaña en la que lideró en promedios de ganados y perdidos (15-3), juegos completos (5) y victorias (15 en la clasificatoria y 3 en los play off). Yosvani Torres alcanzó su consagración con esa segunda dorada en lo personal. Fue seleccionado el más valioso de la temporada, 21 años después que lo obtuviera otro grande de ese territorio, Omar Linares.
Nadie más dudaría en ubicarlo entre los serpentineros más estables, seguros y efectivos del país. Sonrisas convincentes en el tope bilateral contra una selección estadounidense y en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Veracruz —celebrados en 2014—, así como en la Serie del Caribe en San Juan, Puerto Rico, en el 2015, cumplieron parte de sus sueños. Ya era campeón en dos justas internacionales y tenía historias para contar, tan apasionantes o más que las travesuras de niño en el pueblito Bejuquera, de Viñales, donde la pesca y el monte dictan la rutina.
El bronce en los Juegos Panamericanos de Toronto y el sexto lugar en el Premier 12 recogen los desempeños más notables de Torres, quien, poco a poco, cumplió sus metas personales: sobrepasar las 100 victorias y los 1000 ponches, asistir a un Clásico Mundial de Béisbol (así lo hizo en el 2017) y cumplir hasta el final con las palabras dichas a Pedro Luis Lazo el día de su retiro: “ser el mejor pitcher de Pinar tras su partida”.
Para eso no dejó de aprender y escuchar todos los días a los más grandes: Rogelio García, Julio Romero, Jesús Guerra, Reinaldo Costa, Faustino Corrales, Juan Carlos Oliva, entre otros, quienes vieron en él la garantía de continuidad de aquella escuela formada a golpe de empeño y talento hace más de 40 años.
“Aquí en Cuba con 33 o 34 años te califican de veterano, pero si eres profesional en tu trabajo, si te cuidas, entonces hay que contar con uno. Por obligación tuve que ser mejor a esa edad que 10 años atrás. Poseía más experiencia y eso vale, a lanzar no se aprende en un día, hay que tirar muchos innings y coger palos para eso”, aseguró al diario de la juventud cubana en una extensa entrevista.
Yosvani Torres está convencido de que haber aprendido a autorelevarse —sobre todo en las primeras entradas—; mejorar su rendimiento frente a bateadores zurdos, mantener un preciso control sobre los envíos en rompimiento y no discutir nunca los conteos de los árbitros lo hicieron aún más difícil de descifrar en cualquier partido, en especial durante la postemporada, en el que dejó balance de 15 V 13D.
Cual narración inconclusa por su pronto y merecido retiro, así como por lo mucho que resta por entregar y vivir este tabacalero de cuna y guajiro natural como tantos otros de su tierra, nada más elocuente que su anécdota preferida cuando le preguntaron un día sobre las semejanzas entre lanzar y pescar.
Ofrecida con esa saludable lección de humildad y amor respondió: “En ambas hay que ser muy observador y tener paciencia. Pero nunca olvido que yo pesco desde chiquito en cualquier charco, así que puedo lanzar de grande en cualquier estadio”.