
Vajilla, cubertería, y cristalería personalizadas, definen el lugar. Foto: Orlando Quintero/ Cubadebate
El restaurante La Torre, ubicado en el piso 33 del edificio Focsa en La Habana, tiene la virtud de hacerte sentir dentro de una enorme postal de la capital de Cuba. Para mí es un sitio que reúne cubanía e identidad, porque emociona traspasar la entrada y descubrir una Habana hermosa, de donde puedes ver el Morro y La Habana Vieja, La Plaza de la Revolución, las Habanas del Este y del oeste, y sobre todo, el Vedado.
No existe restaurante en La Habana que ofrezca la visión de la ciudad que desde allí se observa . Su diseño arquitectónico es muy especial, pero con el paso del tiempo y de diferentes administraciones, había ido perdiendo el Glamour de los años 50 y su ambiente de onda retro tan atractivo para turistas y residentes de la capital. En fin, había padecido varias remodelaciones que en nada tenían que ver con lo que originalmente fue.
Me permito hablar del tema porque conocí este lugar a finales de los años 60, siendo una niña, y tengo aún en mi memoria mi primera vez en La Torre. No sé cómo mis ojos no se salieron de sus órbitas aquel día. Cuanta belleza y buen gusto reunidos. Era un edificio de viviendas pero para mí un hotel 5 estrellas. Los porteros uniformados, un Lobby impecable, los pasillos que conducían a los departamentos, alfombrados, con iluminación indirecta y un olor a nuevo y limpio indescriptible.
Fue allí que conocí el significado de la palabra lujo, porque la suntuosidad del lugar, las cortinas, la vajilla, el vestuario de los camareros -todos hombres-, me hicieron preferir el restaurante La Torre hasta el día de hoy.
A finales del pasado año supe que en medio de las obras por los 500 años de La Habana, habían reabierto La Torre luego de dos años de reconstrucción. Acudí a ver ¿qué habían hecho? Quedé gratamente sorprendida con lo que vi: el bar ha retomado un estilo de mobiliario de los 50, al igual que los salones de comer, los reservados, la entrada y hasta un nuevo ascensor que sustituyó al OTIS original de 1957.

"Han sido dos años sin descanso, pero ha valido la pena", confiesa satisfecha la administradora Katy Criado. Foto: Orlando Quintero/Cubadebate
Conversamos con Katy Criado Rodríguez, una joven administradora, con varios años de experiencia en el sector del Turismo Extra Hotelero quien nos comentó importantes detalles de la costosa inversión.
“El clima centralizado se renovó con las características que exige un restaurant de este tipo. La obra de remodelación duró dos años, que puede parecer mucho tiempo, pero el estado en que se encontraba la instalación lo requería. Sobre todo si tenemos en cuenta las limitaciones de nuestro país para adquirir determinados materiales e insumos imprescindibles en el rescate un sitio emblemático como lo es La Torre”, comentó Katy Criado.
“Se cambió el ascensor que es uno de los más complejos del país, pues es este el piso más alto con solo cuatro entradas y una altura de 121 metros sobre el nivel del mar. El edificio Focsa había cambiado sus ascensores varias veces y el de La Torre seguía siendo el mismo de cuando se hizo el edificio.

La cocina, con todos los requerimientos para las nuevas tendencias culinarias. Foto: Orlando Quintero/ Cubadebate
“La cocina se renovó totalmente tanto en su inmueble como en su equipamiento con tecnología de punta, con un orden, una lógica, acorde a los requerimientos actuales para lugares donde se elaboran alimentos, nos informa Katy.
“Debemos tener en cuenta que cuando se inauguró este restaurant –recordó Katy– la cocina y la gastronomía no se veían como un desempeño profesional técnico, era lo más parecido a una cocina doméstica. Hoy día con cualquier cocina y sin los instrumentos necesarios, no se pueden preparar determinados platos del nivel que exige una Casa como ésta.
“La cubertería, la vajilla, la mantelería, la cristalería, toda personalizada, fue importada especialmente para este restaurante, así como el mobiliario y otros elementos decorativos propios de los años 50. Hubo que desapolillar algunos archivos para encontrar cómo fue este lugar en sus orígenes".
La Torre de los 50
La Torre fue un club exclusivo con gimnasio, sala de masajes e instalaciones para baños de vapor, e incluía además un restaurante. Se inauguró el 1ro. de octubre de 1957 y en el mes de noviembre siguiente estableció su reglamento, según dice Guillermo Jiménez en su libro Las empresas de Cuba.
Dicho reglamento lo estableció un grupo de empresarios notables que querían disponer de un club exclusivo al estilo londinense que sirviera para el intercambio frecuente entre ellos. Abría todos los días, menos los domingos, de 11 de la mañana a 11 de la noche, y el restaurante brindaba servicios de 12:00 meridiano a 3:00 PM y de 8:00 PM a 10:30 PM.
Los socios abonaban una cuota mensual de 15 pesos y entre ellos figuraban exponentes de algunas de las grandes fortunas de Cuba, como los Bacardí, los Blanco Herrera, los Godoy Sayán, los Mestre… pero en tan larga nómina, Jiménez advierte la ausencia de algunos pesos pesados de las finanzas cubanas como Manuel Aspuru, propietario del central Toledo (Martínez Prieto), y Julio Lobo, el llamado zar del azúcar. Una particularidad tenía este club: no establecía distingos en su membresía, entre capitales tradicionales y nuevos ricos. Admitía tanto a cubanos como a extranjeros.
Con el triunfo de la Revolución en 1959, sigue siendo un Club privado, hasta la intervención oficial por el Estado revolucionario en el año 1962, pasando al Instituto de alimentación turística, donde se daría servicio a los técnicos extranjeros asentados en el país, la inauguración oficial fue el 2 de mayo del mismo año y pasó a llamarse Circulo Internacional La Torre.
En el año 1963 pasó a la Empresa de Servicios del Cuerpo Diplomático, dirigida por el Minrex. En el mes de junio de 1967, el Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT) lo abrió al servicio del pueblo y los organismos del Estado, continuó prestando servicios para el cuerpo diplomático.
En 1997 el restaurante se integró al Grupo Empresarial Rumbos, Ciudad Habana. En este período se comenzó la remodelación total de la instalación concluyéndose en enero de 1998. Hoy pertenece a la Extra Hotelera Palmares.
En la larga lista de sus clientes más asiduos después del triunfo revolucionarionario han quedado inscritos los nombres de los cineastas Alfredo Guevara, Humberto Solas, y Miguel Torres; de pintores como Roberto Fabelo y Nelson Domínguez, Isabel Allende, Frey Betto, Roberto Fernandez Retamar, Pablo Milanés, Javier Sotomayor, y el actor norteamericano Michael Douglas, entre otros muchos.
"En estos momentos La Torre está en la espera de la visita de expertos para que el sitio sea categorizado como un Restaurante de 5 tenedores, que según conozco es una categoría que ostenta hoy el Floridita", según afirma la nueva administradora.

La agradeble visión de tener La Habana a tus pies. Foto: Orlando Quintero/Cubadebate.
Acerca de los platos y el tipo de culinaria que ofrece La Torre, supimos que desde su apertura se distinguía por una cocina y servicio llamado a la francesa. Hoy se sigue esa tradición, y continúa especializado en una cocina internacional: son preferidos los langostinos en dos salsas y la cazuela de champiñones, entre los entrantes; el Chateaubriand con salsa de setas y la combinación de mariscos y carne de res, como platos principales, y el Baked Alaska, como el postre más solicitado.

Salon Privado Atardecer ofrece un servicio personalizado. Foto: Orlando Quintero/ Cubadebate.
Dejamos el tema de los precios para los finales. Sobre este particular la joven administradora se limitó a decirnos que sus precios son de medios a caros, pues sus productos y servicios son de primera calidad considerados con un alto estándar.
“Se ha hecho una inversión muy costosa, la economía del país ha hecho un enorme esfuerzo para rescatar un sitio que siempre fue lujoso y caro, por tanto no puede ser un espacio popular de precios bajos”, afirma Katy.
Para disfrutar de este sitio es menester hacer una reserva con al menos 24 horas, pues es un espacio pequeño donde entre sus características prima el respeto al cliente, no puede haber ni colas ni listas de espera, y por supuesto la administración se reserva el derecho de admisión.

Desde uno de los reservados se observa una panorámica que va del Vedado hasta el Morro en la Habana Vieja. Foto: Orlando Quintero/Cubadebate
En la actualidad, la clientela se nutre, básicamente, del segmento de mercado medio alto y en ella están representados el turismo nacional e internacional, firmas acreditadas en el país, cuerpo diplomático, así como personalidades de la cultura, la ciencia, la música y el deporte.
Las agencias de viaje que mayor volumen de operaciones poseen con La Torre son Amistur, Gaviota Tour y Havanatur, que aportan turistas, fundamentalmente de EE UU, Inglaterra, Canadá, Alemania y Portugal. En relación al cliente libre los mercados principales son: China, Reino Unido, Canadá, España, Italia, Francia y Cuba.
Tuvimos la grata oportunidad de ver además en La Torre, un colectivo de trabajadores con sentido de pertenencia, importante virtud para que cuiden lo que tanto ha costado y sigan -desde allí- preservando el prestigio de la gastronomía cubana ante el mundo.

El dependiente de bar Junior Morejón, preparó el coctel insignia de la Casa con el nombre de Torre 33. Foto: Orlando Quintero/ Cubadebate.

Otro de los reservados llamado La Cava, con sus paredes tapizadas con los más exquisitos vinos. Foto: Orlando Quintero

Salón de fumadores ofrece tabaco cubano y licores concordantes con el disfrute de un buen habano. Foto: Orlando Quintero.

El plato más especial: los atardeceres, la caida del sol junto al Malecón habanero. Foto: Orlando Quintero/ Cubadebate.