Los restos del gorrión fueron paseados por las principales calles de La Habana y el Capitán General Domingo Dulce en persona formó parte de la marcha, y su esposa llevó a la capilla una ofrenda floral. Para dar realce a la ceremonia y excitar el fanatismo hispano y el odio contra los insurrectos, se dispuso que el gorrión muerto fuera paseado por varias localidades.
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