- Cubadebate - http://www.cubadebate.cu -

“Como tú sabe, negrito”

Ilustración: Edilberto Carmona Tamayo/ Cubadebate.

Relato seleccionado de la convocatoria titulada «Lo que me contaron mis padres«, un incentivo de Cubadebate para recopilar las historias de nuestras familias, de sus vidas, la memoria de la Revolución.

Mi tío Mario tendría por esa época unos 16 o 17 años cuando más y pertenecía a un movimiento juvenil cristiano (si mal no recuerdo), y hacían cosas contra la dictadura. En una ocasión, uno de sus compañeros fue asesinado por los esbirros de la tiranía, y ellos en respuesta planeaban tirarle unos tiros a la estación de policía. Un chivatazo puso sobre aviso a los batistianos y mi tío fue detenido junto a otros compañeros.

Hay varios factores que influyeron en que mi tío pueda hoy contar esta historia, pues solo la casualidad le salvó la vida. Primero: ese tío y mi viejo trabajaban en un periódico matancero: Adelante, cuyo dueño era un batistiano convencido pero a la vez (hay que reconocerlo) un tipo guapo. Este hombre no las tenía todas con las autoridades de la provincia por un problema de chismes que había publicado en el periódico sobre la esposa del alcalde (según mi tío, insinuó en un artículo que la mujer del tipo era homosexual, este último fue a buscarlo a la casa pistola en mano y Pimentel, que así se llamaba el hombre, le arrebató el arma y lo hizo salir pitando de allí).

Por lo tanto, cualquier cosa que pudiera hacer para “joder” a la autoridad en la persona de este alcalde, el hombre la hacía con gusto. Segundo, Pimentel tenía dinero + relaciones = influencia. Eso en última instancia salvó a mi tío. En segundo lugar: a mi tío lo detuvieron y como existían las llamadas “garantías constitucionales”, había que presentarle cargos, etc. Esa era una de las causas por las que muchas veces los revolucionarios eran detenidos, asesinados y tirados en cualquier camino, ya que a los efectos legales nunca habían sido detenidos ni estaban en ninguna estación.

En Matanzas ese método se empleaba igual, y para ello los prisioneros eran trasladados con frecuencia a un cuartelito que se hallaba en las afueras de la ciudad. A mi tío lo fueron a trasladar para allí para aplicarle la misma “medicina” esa misma noche, pero una casualidad tremenda puso la primera piedra para su salvación.

Resulta que lo trasladaban en un auto “civil”, sentado entre dos esbirros en el asiento trasero y delante iba un connotado esbirro y asesino matancero conocido por todos (ahora mismo no recuerdo el nombre pero seguro algún matancero de esa época lo recordará). El caso es que el auto pasó por un lugar donde había un baile y donde tocaba un primo de mi padre que era pianista. Cuando mi tío lo vio, logró sacar la cabeza por la ventana del auto y agitando la mano como en saludo, gritó: ¡¡¡Reynaldoooo!!! El primo se sorprendió mucho al ver en qué clase de “compañía” andaba mi tío, pero sabedor de en qué andaba el muchacho, corrió a dar la voz de alarma en la familia. El asesino aquel, al darse cuenta de lo que había hecho mi tío, se viró y le dijo: “Como tú sabe, negrito”.

Al llegar al lugar, lo metieron en aquel cuartel. En uno de los calabozos había un tipo con la cara hecha un guiñapo de los golpes recibidos. El esbirro le dijo a mi tío: “Mira, esos son los consejos que damos aquí, pero no te ocupes, que a ti no te toca eso”. Hay que darse cuenta de los momentos que debió de haber vivido mi tío, un casi adolescente, sabiendo que no le quedaban más que unas horas de vida. Este hombre los tenía formados de frente y les insultaba y les decía cosas. Mi tío parece que soltó una risita nerviosa. El hombre se ofendió y le dijo a uno de sus subalternos: “Mira, ese que se está riendo tanto te quería joder a tiros hoy, pero no te preocupes, que ahorita lo vamos a colgar de una mata de guásima pa’ que no j… más”.

Ya conociendo la familia lo que pasaba, alguien fue a ver al dueño del periódico para que intercediera por mi tío. Según me dijeron, creo que el tipo se movió con sus influencias, presentaron un recurso de habeas corpus y no hubo más remedio que soltarlo.

Algo que estremece cuando se escucha, es que cuando trajeron de vuelta a mi tío la sala de la casa de mi abuela parecía una funeraria. Ella, mis tías y sus amigas todas muy tristes dándose ánimos y prácticamente llorando a mi tío muerto. De pronto se abrió la puerta y aquel mismo tipo esbirro y asesino entró, y cuando vio aquel espectáculo tuvo el cinismo y la desvergüenza de ironizar: “¡Eh!, ¿pero y esas caras? Aquí no se ha muerto nadie, miren a su negrito aquí, entero. Pero recójanlo, eh, que está un poco suelto”.

Un par de días más tarde, Batista anunciaba la suspensión de las famosas “garantías constitucionales”, por lo que, entre otras cosas, usted podía ser detenido indefinidamente sin presentar cargo alguno. Por eso aumentó el número de torturas salvajes y el asesinato de valientes muchachos revolucionarios. Afortunadamente, mi tío Mario aún vive y el año pasado le celebramos sus 80 septiembres.

Lea además:

¡Participa! Lo que me contaron mis padres