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La otra Toma de la Bastilla

París se congregó a celebrar en las inmediaciones del Arco de Triunfo. Foto: AFP.

Nunca, como ahora, para que se justifique París era una fiesta. Antes de que se pitara el final del partido, y sabiéndose con ventaja decisiva, los franceces dieron rienda suelta a su alegría.

A priori, muchos daban a los bleus como candidatos serios para llevarse el trofeo de Rusia-2018. Merced a la trayectoria de sus jugadores a nivel de clubes, donde no faltaban madrilistas, barcelonistas o juventinos.

Su nómina “metía” miedo, aun con ausencias que Deschamps había decretado de antemano, dígase Benzema, el caso de mayor repercusión, amén de otros. Cuando pasó la fase de grupos todavía era un huracán categoría 1 ó 2. Sus ráfagas más intensas y estragos los experimentaron en carne propia Argentina y Uruguay, tras Griezmann, Mbappé, Pogba, Kanté y compañía desatarse a jugar.

Desde allí daba la impresión de que se desempeñaba a unas cuantas revoluciones, “matando” descaradamente, pero regulando velocidades, como si sintiera seguridad de que avanzaría hasta el 15 de julio.

Le tocó a Bélgica quitarle el balón y los galos le impidieron el acceso al choque dominical del olímpico Luzhnikí, fieles a su contragolpeo y a esa sensación de que, aun a “media máquina”, ganaban. Se reían de los por cientos de posesión. Para algunos su fútbol era poco atrayente, pero está visto y comprobado que se triunfa de diversas vías.

Ese partido para nada resultó su presentación más excelsa; sin embargo, los favoritos justificaron su etiqueta. Fue el encontronazo entre dos generaciones a las cuales siempre se les quedaba algo por hacer, algo grande… Brasil-2014 y la EURO-2016 estaban recientes en muchas retinas.

Ningún área del juego francés mostró debilidades, eran todo blindaje, lo mismo con los cerrojos defensivos, sus mediocentros en contención o creación, que la variedad de los autores de sus goles –sino recuerden el misil de Pavard contra los argentinos.

Ante Croacia fueron mortíferos, aprovecharon el justificado cansancio de sus rivales, esperaron, y salieron feroces a por la portería. Los desarmaron en la segunda mitad y golearon a los balcánicos, a los que ni ríos de tinta bastarán para hacerles loas, porque se crecieron en toda la extensión.

Francia se llevó su segunda corona de la Historia, por cierto, en 20 años y mediadas por un subcampeonato en 2006. No se puede decir que son un conjunto revelación, pues figuraban, en el papel, entre los seleccionados más completos.

Es obvio que el proyecto de Revolución Francesa, en su versión fútbol, viene de hace rato, de cuando empezaron a ver en el ‘98 la facilidad con que sus inmigrantes o descendientes de estos practican el Más Universal. El coctel a la francesa les resultó otra vez: hay apellidos filipinos, africanos, caribeños o europeos, es un arcoíris de orígenes.

¡Qué suene La Marsellesa! Y que París siga siendo fiesta.