Lo atestiguan quienes custodian sus restos y cuentan que unas palomas resguardan hoy su sepulcro. Quien visite la necrópolis santiaguera en una tarde tranquila o temprano en la mañana, con suerte, puede comprobarlo. Desde hace meses una pareja de tórtolos se arrulla en las cercanías del monumento funerario que atesora las cenizas del líder.
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