Máximo Gómez Báez: Eterna Presencia
El sábado 17 de junio de 1905, poco pasadas las 6 de la tarde, el Dr. Pereda, médico asistente del general Máximo Gómez Báez, víctima de una grave infección generalizada, interrumpió la aparente calma de familiares y amigos que rodeaban al guerrero en su lecho para dar certeza del fatal suceso. En la casona de 5ta y D, en el Vedado, reinaban el dolor y la angustia. La noticia se regó como pólvora: ¡el General ha muerto!
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