"Me despierto cada mañana en una casa que fue construida por esclavos. Y veo a mis hijas, dos jóvenes negras, inteligentes y hermosas, jugando con sus perros en los jardines de la Casa Blanca". Estas fueron las palabras que pronunció la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, durante un emotivo discurso que ofreció durante la Convención Nacional Demócrata (Fuente: BBC Mundo).
Guillermo Tell
Casa Blanca. Foto: EFE.
La mención que hizo de la residencia oficial que ha alojado a los presidentes de ese país desde hace tres siglos, de inmediato suscitó comentarios de círculos conservadores, empeñados en negar que en esta emblemática edificación de Washington D.C erigida entre 1792 y 1800, se utilizara mano de obra esclava.
Pero sólida documentación histórica demostró hace tiempo que sudor y sangre de cautivos traídos de África tiñeron los cimientos de la Casa Blanca, en su construcción y reconstrucción, después del incendio que casi la devoró en 1812. Y aún más, gracias a la expoliación de esa fuerza de trabajo se edificó el Capitolio y los edificios públicos de la naciente capital de la Unión.
Es verdad que se necesitó también de inmigrantes escoceses para la albañilería mientras solo a los esclavos tocaba la dura faena de picar la piedra según cuenta el periodista Jesse Holland en “Los invisibles: la historia no contada de los esclavos afroestadounidenses en la Casa Blanca".
Fue necesario que transcurrieran tres siglos para que una familia descendiente la ocupara por primera vez como inquilinos. Pero todavía incontables más siguen tiñendo de sangre calles del país a causa de la violencia policial racista, como ecos trágicos del pasado esclavista y plasmación de las desigualdades sociales del presente.