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Después del robo de cerebros

Cada fin de semana, Duvier Gómez, un médico cubano especialista en oncología ginecológica, trabaja repartiendo la comida de un restaurante de la Calle 8 de Miami. Como él cientos de médicos inmigrantes en el sur de la Florida trabajan en empleos que nada tienen que ver con su profesión (Fuente: El Nuevo Herald).
Guillermo Tell

fuga-de-cerebros-2-copiaClaro está que la emigración es un derecho universal, cualesquiera que sean las razones que cada quien esgrima para emprender este azaroso camino o las circunstancias que entienda determinantes.

Otra cosa distinta es verse atraído por cantos de sirenas y atrapado después por la decepción, dentro de un programa de robos de cerebros, del que al fin el diario The New York Times ha decidido dar cuenta e inclusive censurado como una de las expresiones de la política de hostilidad y agresión contra Cuba que debe eliminarse.

De lo prometido al hecho hay largo trecho parece admitir aunque con omisiones el acérrimo diario miamense al explorar los frutos del Cuban Medical Professional Parole Program, contra los médicos en misión internacionalista con afirmaciones recogidas como estas: “El país ha recibido una avalancha de médicos cubanos que están subutilizados, trabajando en cafeterías, restaurantes, manejando un taxi o en lo que encuentren”.

En entrevistas hechas a estos profesionales declaran que “aquí hay médicos que están limpiando pisos” o que “si no tienes al menos cuatro días a la semana completo” no puedes prepararte para los exámenes por la licencia médica, que por demás cuestan y la prioridad es ganarse la vida como se pueda, en el mejor y excepcional de los casos desaprovechados como asistentes.

Que conste que no lo afirmo yo, al The New York Times y El Nuevo Herald me remito.