Una de mis canciones predilectas es esa en la cual el autor pregunta a una rosa por qué llora si es bella, y esta le responde que lo hace por la ausencia de su jardinero, ese al que ella quiere y la abandonó...
La letra sigue contando que la rosa «tenía bellos colores y un perfume embriagador... /Y como no la cuidaron/ se marchitó la flor...». Preciosa parábola del querer y del olvido, claroscuro inevitable de la naturaleza humana y que los cubanos sabemos vivir con particular intensidad.
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