Pedir aventón a un chofer desconocido de automóvil dejó de ser asunto visto en el imaginario popular como algo de viajeros solitarios y audaces, para expandirse hasta ser lo más natural del día a día. Esa costumbre conocida entre nosotros como la "botella", pervive a pesar del paso del tiempo. Asomarse a las ventanillas de los coches, entablar diálogos urgentes con el conductor -de quien se espera la mejor voluntad-, ha sido legitimada entre la gente como elección salvadora.
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