
La Academia Cubana de la Lengua (ACuL), fundada el 19 de mayo de 1926 por prestigiosos intelectuales de la época, como Enrique José Varona y Fernando Ortiz, vela por la preservación, el estudio y la defensa de nuestra modalidad del idioma español. Para ello, cada día se reinventa, pero vuelve siempre a las raíces.

Miembros fundadores de la Academia Cubana de la Lengua. Foto: Tomada de Internet.
Su actual máximo representante, Jorge Fornet Gil, de la historia de la ACuL destaca el decreto ley que la reconoció, oficialmente, en 1951, como “una institución consultiva y de interés público”. El académico también resalta la entrada, seis años después, de la escritora Dulce María Loynaz, doblemente pionera por ser la primera mujer en ingresar como miembro de número y ocupar el cargo de directora.

Sesión de la Academia Cubana de la Lengua, con la presencia de Dulce María Loynaz, en su propia casa del Vedado. Foto: Tomada de Internet.
El recorrido de esta institución ha sido tan largo como itinerante. Se asienta actualmente en el centro histórico de la ciudad de La Habana, específicamente, en el Colegio de San Gerónimo. El hecho de que hoy la docta casa cuente con una sede propia —que no es un logro menor— se debe, en parte, al decisivo impulso del historiador Eusebio Leal, quien también honró con su presencia la academia.

Edificio que alberga la sede actual de la Academia Cubana de la Lengua. Foto: Ismael Brito Abreu.
2026, un año de celebraciones
Nuestra academia, con un trabajo calificado de “admirable” por el presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), Santiago Muñoz Machado, al visitar el país en 2020, desarrolla un quehacer constante, pero no pocas veces silencioso. Así, al calor de su centenario, redobla fuerzas y reafirma la necesidad de contar con un espacio, merecido, en los medios de comunicación.
Para que así continúe siendo, no descansa. En los últimos meses, por ejemplo, la corporación también les ha dado la bienvenida a nuevos intelectuales, como los doctores Félix Julio Alfonso López, Rafael Acosta de Arriba y Zaida Capote Cruz. En palabras del director, al ingresar “llegan con sus respectivos saberes y experiencias a enriquecer un trabajo que es esencialmente colectivo”.

Zaida Capote Cruz, el 23 de abril de 2026, durante su incorporación a la Academia Cubana de la Lengua. Foto: Instituto de Literatura y Lingüística/Facebook.
Asimismo, es importante destacar la alianza con la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (BNCJM), que digitalizó la colección del Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, calificado por Fornet como “un singular muestrario de los estudios lingüísticos y literarios en Cuba, además de una fuente de primera mano para acceder a la historia de la corporación”.

Ejemplares del “Boletín de la Academia Cubana de la Lengua” correspondientes al período 2002-2012. Foto: Tomada de Internet.
El académico ponderó, de igual forma, la publicación —por Ediciones Bachiller, de la propia BNCJM— del libro digital Discursos de ingreso a la Academia Cubana de la Lengua (1989-2024). Esta obra, compilada por Arturo Arango, también miembro de la corporación, se encuentra disponible para su descarga gratuita en Internet.
Del ámbito editorial, el director de la ACuL también ha anunciado que se trabaja, bajo la coordinación del académico Roberto Méndez, en la edición de la novela Paradiso, prevista para publicarse el próximo año, como parte de la colección de Ediciones Conmemorativas de la ASALE. Se sumará así al texto Martí en su universo. Una antología, publicado por la asociación en 2021.
No menos importante será, sin duda, la conclusión este año, aseguró Fornet, del volumen Apuntes para una historia de la Academia Cubana de la Lengua, editado por las académicas Elina Miranda y Lydia Castro. El libro, basado en estudios históricos previos, es de “referencia obligada para el conocimiento y la comprensión del trabajo de un siglo”.
Para lo que resta de año, encuentros públicos con los académicos, concursos y exposiciones, así como la colocación de una tarja conmemorativa, serán algunas de las actividades que, se prevé, tengan lugar.
Manos académicas: logros y compromisos
Su quehacer no solo se limita a lo divulgativo y festivo durante 2026; continúa aportando en los proyectos panhispánicos impulsados por la ASALE. Esto permite que nuestra variedad del español se vea más representada —y con mayor acierto— en las obras académicas, como el Diccionario de la lengua española. En este sentido, revisó los gentilicios del lexicón y propuso cien cubanismos —agromercado, motivito, péter…— para que se incluyan en la próxima entrega, prevista para finales de año.
Tampoco ha faltado la contribución en obras como el Diccionario histórico de la lengua española y las segundas ediciones del Diccionario panhispánico de dudas y de la Nueva gramática de la lengua española. Al respecto, Fornet ha destacado: “Ese trabajo altamente especializado es realizado por profesionales —en su mayor parte encabezados por la académica Ana María González, pero que involucra a diversos colegas y colaboradores— que hacen honor a la respetada tradición lexicográfica de nuestro país”.
En los últimos años, la ACuL también se ha empeñado en preparar su propio diccionario infantil, “el primero realizado por la corporación”, “uno de los pocos repertorios de orientación escolar en Cuba”, pero que, “dada su ambición, el proceso editorial se ha demorado más de lo previsto y deseable”, enfatiza.
La buena noticia es que, “tras una exhaustiva revisión, se encuentra en la etapa final de diseño y debe estar listo —asegura el directivo— también este año en la Editorial Boloña. Nuestro deseo es que se convierta en una herramienta de consulta en las escuelas y también que acompañe a sus lectores en los dispositivos móviles, como un compañero al que recurrir ante cualquier duda”.
Entre las tareas aún pendientes, aunque compartidas con otras instituciones, está la elaboración de una política lingüística. Su mayor impulso hasta el momento ha sido el taller realizado en enero de 2020 bajo el título “Lengua, cultura, nación: Cuba ante la necesidad del diseño y formulación de una política lingüística”.
Cinco años después, con una pandemia de por medio y en otro contexto, emitieron el 23 de abril, Día del Idioma, la declaración “La lengua, símbolo de identidad y medio de comunicación social”, cuyo antecedente es la publicada en 2016 con motivo del 90.° aniversario de la corporación.
En el texto más reciente, recuerda Fornet, también se abordó dicho asunto que compete, dijo, a “entidades estatales, al ámbito legislativo, sistema de educación, medios masivos, y no solo al limitado alcance de una academia cuya función es sobre todo consultiva y de asesoría”.
Surge entonces la interrogante sobre cuál sería, además de este, el papel de la institución en dicho sentido.
“Nos corresponde permanecer al tanto de los cambios e innovaciones que ocurren en el español de Cuba”, así como “instar a hablantes e instituciones a cuidar, especialmente en los espacios públicos, el uso de la lengua, ese patrimonio cultural compartido con el resto de los hispanohablantes”, respondió el académico.
Retos de una academia centenaria
Las academias de la lengua, en general, tienen muchos desafíos. De la cubana, seguir siendo “letra y espíritu”, como reza en su lema, es uno de ellos. Otro, compartido con las homólogas de ambos lados del Atlántico, sería desterrar la idea de algunos hablantes de que les corresponde a estas corporaciones ser entes para dictar normas; por tanto, el trabajo educativo es esencial.
A pesar de que cada país de habla hispana tiene su propia academia, muchos hablantes siguen viendo a la RAE como superior. ¿A qué cree que se deba esto y cómo desterrar dicha idea?
—Hay razones históricas y económicas que contribuyen a esa forma de colonización o pereza mental. La RAE, no cabe duda, tiene un peso considerablemente mayor que sus homólogas en cuanto a labor realizada, tradición, cantidad de especialistas, condiciones de trabajo y presupuesto, por solo mencionar algunas ventajas.
"Sin embargo, ninguna de las academias puede sustituir a otra, por modesta que sea, por la sencilla razón de que cada una conoce, estudia y defiende su variedad como nadie más puede hacerlo. La riqueza del español no reside solo en que lo hablen 600 millones de personas en el mundo, sino también en que cada comunidad le añade sus peculiaridades y lo enriquece”.
Popularmente, hay quienes se imaginan a los académicos como personas rígidas y frías que nos dictan cómo debemos hablar y hasta nos pueden sancionar si no lo hacemos bien. ¿Qué les diría usted a esos hablantes que tienen esa percepción?
—Que sería excelente que participaran, por ejemplo, en alguna de las sesiones o actividades públicas de la academia. Nada más lejos de esos hipotéticos y pedantes seres que las personas de carne y hueso que la integran. Los académicos son personas que dominan y respetan la lengua y, precisamente, por ello, suelen moverse con cierta soltura en diferentes registros, desde el más formal hasta el más relajado. Y dominar y respetar la lengua, o intentar hacerlo en la medida en que ello es posible, no implica subordinarse a lo “establecido”, sino también violentarlo…
“Los académicos no somos policías de la lengua y sabemos perfectamente que esta la hacen —la hacemos— los hablantes. Las academias estudian y proponen normas y políticas, pero están lejos de pretender mandar en un dominio que nos pertenece a todos”.

Jorge Fornet, durante su ingreso a la Academia Cubana de la Lengua en 2014, junto a la entonces directora, Nancy Morejón. Foto: Tomada de Granma.
En un mundo cada vez más digital, le toca a la ACuL reinventarse y conquistar nuevos espacios, también en las redes sociales. ¿Cuáles son, a su juicio, los principales retos que enfrenta la corporación ante el auge de las transformaciones digitales?
—Las transformaciones digitales —más aún con la desbocada emergencia de la IA— nos ofrecen herramientas fabulosas para comprender la lengua, acortar los tiempos y los costos de análisis de datos y corpus que ahora pueden ser descomunales, universalizar el uso de normas de comunicación, como, por ejemplo —y es un caso real y concreto promovido desde hace un tiempo por la RAE y ASALE—, lograr que las máquinas “hablen” el español que hemos consensuado entre nosotros, y respetando nuestras respectivas peculiaridades…
“El papel de la ACuL ante todo ello es muy modesto; pero, como parte del conjunto de las academias, formamos parte de algo mayor que nos compete a todos. Siempre contaremos con algo muy importante que aportar, algo que solo nosotros tenemos y que nos hace insustituibles: nadie habla y escribe el ‘cubano’ como aquí lo hacemos”.
Finalmente, ¿qué opinión le merece la idea de algunos de que los cubanos “hablan mal” el español?
—No hay una comunidad lingüística que hable mejor o peor que otras. Cada una tiene peculiaridades propias e intransferibles que las distinguen. Sí hay, en cualquier lugar y tiempo, personas con escasos recursos lingüísticos, incapaces de expresarse con cierta elocuencia y con una dicción aceptable y comprensible, pero eso no tiene nada que ver con las características propias de esa comunidad.
“De manera que, si un cubano ‘habla mal’ el español no es por cubano, sino porque no ha educado esa privilegiada y singular herramienta que nos permite comunicarnos. Hay también normas de comportamiento social que pueden resultar chocantes, innecesariamente vulgares y chabacanas extendidas entre nosotros, pero ¿necesito decir que ello no es culpa de la lengua?
“A alguien, por otra parte, pueden sonarle graciosos o sorprendentes los usos, vocablos y tonos de los hablantes de ciertos lugares, e incluso puede creer que algunos carecen del prestigio necesario, pero eso nos dice menos del que habla que de los prejuicios de quien así piensa. En resumen: no, no hablamos mal. Y nadie habla en «cubano» como nosotros. Los demás apenas lo chapurrean”.