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A mí la inquisición me hubiera achicharrado (II y final)

Entrevista con el santero Remberto

InquisiciónRMLG: ¿Qué piensa usted de las sectas satánicas?

Remberto: Desconozco lo que hacen, cómo se organizan; ni siquiera sé dónde están. Yo le tengo terror al diablo, a lo que se entiende por diablo, a todas esas cosas raras y oscuras. Eso me produce pánico.

RMLG: ¿Usted considera racional que existan esas sectas?

Remberto: Racional no. No puede haber racionalidad antihumana. Pero sí creo que es lógico que existan. La adscripción de las personas a una u otra denominación religiosa está en dependencia de la personalidad de cada cual. Hay individuos que son verdaderos Satanás. Y hay otros que son verdaderos santos. La sociedad tiene mucha influencia en eso. Y es lógico que la gente se agrupe por afinidades e intereses.

RMLG: ¿La sociedad debe oponerse a este tipo de prácticas religiosas o se les debe dar oportunidad de expresarse?

Remberto: Eso debe frenarse; todo lo que conduzca a la destrucción de la humanidad debe frenarse. Esas religiones son como un mundo sin sol. Y existen de verdad.

RMLG: ¿Cree usted en el Juicio Final?

Remberto: De alguna forma creo. Pienso que en el momento en que hagas tu deceso y te retires del globo terráqueo, habrá alguien -al que nosotros llamamos Dios, Olofi, Olorum, Olodumare, como quiera que sea- que debe determinar, de acuerdo a la actitud tuya en la vida, el lugar que te ha de corresponder en el otro mundo. Un mundo que no sabemos cómo es. Para los católicos está muy bien definida la existencia de un paraíso, un purgatorio y un infierno. Para mí la el asunto no está tan bien definido. Yo imagino que solamente deben existir dos lugares: uno maravilloso, y otro en que tengas que pagar por el daño que hiciste durante tu trayectoria como humano, como ente material aquí en La Tierra. Pero no puede ser que te pases la eternidad pagando. Eso es ilógico. Tampoco puede ser que todos vayan al mismo lugar, que se dé el mismo estímulo al individuo que siempre ha hecho daño y al individuo que no ha hecho daño nunca. Digo yo, quizá yo esté equivocado.

RMLG: ¿Sobre qué base usted piensa que debe ser así?

Remberto: Certeza no tengo ninguna. Podría no existir ese Juicio Final. Podría ocurrir que tuviéramos una trayectoria determinada, un ciclo vital en que crecemos, nos desarrollamos, caminamos, amamos, estudiamos, trabajamos, no sé, y de pronto, se acabó todo. Sólo quedarían cenizas. Es triste imaginar que las cosas fueran así. Aquí entra la reflexión sobre el sentido de la vida y sobre la regulación de la conducta. Quizá nunca se sepa la verdad.

RMLG: ¿Cómo usted se representa el otro mundo?

Remberto: No me he puesto nunca a reflexionar sobre el otro mundo, quiero decir, a intentar penetrar con lógica en ese arcano, seguramente por el hecho de que estoy convencido de que eso está vedado a toda inteligencia humana. Sin embargo, a veces, cuando me voy fuera de mí y me pongo a jugar con ideas que me rondan, imagino un lugar muy plano, de una quietud extrema, donde existen cosas que en La Tierra conoces como bonitas, atractivas; digamos, flores, olores agradables, paisajes hermosos...

RMLG: ¿Cree en el infierno?

Remberto: No. Te decía que existen dos espacios: uno donde se tienen que pagar las deudas que uno contrae en la tierra por las malas acciones, que no sé cómo será, si es con llamas, si es con aceite hirviendo, si es con el diablo, no sé..., pero es un lugar donde no es agradable estar, hasta que cumplas y pagues el daño que hiciste; y otro espacio donde, de entrada, vas a estar agradablemente acomodado, donde te vas a sentir bien.

RMLG: Usted cree más bien en el purgatorio.

Remberto: Creo que sí, se ajusta más a mi idea, claro, no en la forma de La Divina Comedia de Dante, con los círculos, el embudo, los diferentes niveles. Lo que no conozco es la manera en que se va a pagar. Pienso que el castigo no debe cerrar la puerta al arrepentimiento.

RMLG: Y en el Diablo, ¿cree?

Remberto: En el Diablo-Diablo no creo. Hay personas que, por su manera de actuar y de pensar, por su actitud ante la vida, se les dice que son el Diablo. Es una forma de denominar esa cosa maléfica que tienen arriba.

RMLG: Pero, ¿cabe concebir un espíritu en el que se concentre el Mal?

Remberto: No, no, no, ni en una forma en que tenga rabo, ni tarros, ni tridente. No, eso no, Esas son concepciones humanas.

RMLG: ¿Y por qué se ha creado esa imagen?

Remberto: Porque el hombre representa lo maléfico bajo un aspecto anatómico desagradable. En cambio, lo que sea beneficioso lo representa con una forma agradable. ¿Imaginas que el Diablo pueda representarse con la imagen de un individuo angelical, con la cara bonita, vestimentas claras, nobleza en la mirada? En cambio, las representaciones de Jesucristo son diametralmente opuestas. Aquí entran a jugar consideraciones estéticas; se relacionan el arte y la moral, lo bello y lo feo con lo bueno y lo malo.

RMLG: ¿El Diablo le parece un símbolo?

Remberto: Un símbolo del mal.

RMLG: ¿Cabe admitir la existencia de espíritus maléficos?

Remberto: Eso sí: esas mismas personas que existieron y que, al morir, pasan a otra dimensión y desde allí ejercitan su maldad.

RMLG: ¿Usted acepta el concepto de "fuerzas del mal"?

Remberto: Sí. Son fuerzas que influencian sobre uno y lo conducen a actuar mal, a hacer daño. Por ejemplo, si te encuentras en la calle un animalito con sarna u otra enfermedad, ¿por qué habrías de lastimarlo, darle una patada, qué sé yo? La influencia de las fuerzas del mal es esa: darle la patada. Lo mismo ocurriría si pasas por al lado de un anciano y lo empujas.

RMLG: ¿Por qué Olofi admite esas fuerzas?

Remberto: No sé. ¿Por qué Dios admite que nazcan niños con cáncer? ¿Por qué Dios admite las guerras? ¿Por qué Dios admite la mezquindad humana? ¿Por qué Dios admite los odios? ¿Por qué Dios admite que peleen hermanos contra hermanos, padres contra hijos? ¿Por qué admitió aquella diabólica Inquisición que hubiera querido achicharrarme?