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Freddy, la cantante (continúa)

freddy2A quienes están prestando atención a este recuento, les pido que lean un mensaje que dejé al final de la sección de comentarios (que mucho ánimo me dan para proseguir) al capítulo de la semana pasada. En él he colocado algunas precisiones que considero saludables. Seguimos ahora.

Cada vez que podía hacerlo, me llegaba al bar de Infanta, me le sentaba al lado y, al poco rato, le pedía que cantara algo. Ella me complacía y, por supuesto, invariablemente incluía, entre las dos o tres piezas que cantaba, el bolero mío -No te empeñes más--que debió haber aprendido de la radio o la victrola en su primera y, por aquel entonces, única versión grabada en la voz de Fernando Álvarez con arreglo orquestal de Bebo Valdés.

Una de las piezas -siempre las mismas-- de este rompecabezas que armo y desarmo cada vez que viene al caso el tema de Freddy, se refiere a la noche en que, al filo de las doce, cuando más inspirada se hallaba ella entonando algo con su poderosa voz, ún vecino de los alrededores emitió a todo meter ese sonido digno de figurar en cualquier crucigrama cuyas tres letras, metidas entre signos de admiración, resumen el más despiadado cálleselaboca en su ordinario "¡Sió!". Ella, sin alterarse, terminó de cantar la canción, pagó su cuenta y, con la misma, cruzó la calle y se puso a cantar debajo del poste que estaba en la esquina del Celeste. Yo me paré a mirarla y me sentí como el ser privilegiado que presenciaba una escena de esas que sirven como portada a los Long-playings e imaginé el suyo y a ella famosa y en eso se me fue la mente un buen rato.

Dije Long-playings y  me doy cuenta de que, en esta era de los MP y los CD, muchas de aquellas personas que no pasen de 40 años no tendrán idea del significado de ese término aterrizado, de pronto, aquí. En aquel tiempo, circulaban entre nosotros tres tipos de discos: uno pequeño con una pieza grabada por cada lado, que era el que funcionaba en las victrolas de bares,  bodegas y demás establecimientos; uno algo más grande, al que se denominaba "extended play" y la jerga popular identificaba como "extended", con dos piezas por cada cara, y uno de doce pulgadas de diámetro que contenía doce piezas repartidas entre ambos lados al que en términos formales se denominaba "disco de larga duración" y comúnmente aceptábamos, tal como aparecían sus siglas o su denominación estampadas en él, como "long playing" o, sencillamente, "lon-pléi" y que, a partir de los sesenta, cuando comenzó a resultar pecaminoso emplear palabras americanas, pasó a tener una desabrida denominación derivada de la sigla LD, es decir, "ele-dé" (algo similar le pasó al feeling cuando se le hizo la cirugía plástica que lo enmascaró bajo el término filin). El "extended" giraba a la velocidad de 45 revoluciones por minuto, de manera que los cubanos nos referíamos a él como "un disco de 45" mientras que el más pequeño y el más grande giraban a 33 revoluciones y nos referíamos a ellos, respectivamente, como "un disco pequeño" o "un long-playing".

Pues bien, queridos amigos: aquella imagen de mujer cantando a la luz de un farolito de la calle Infanta, me hizo soñar con un disco que sólo existió en mi imaginación particular, un disco que no estaría regido por las exigencias de mercado alguno, donde el repertorio de primera que -en honor a las leyes del contraste-- ella había ido configurando posiblemente (son imaginaciones mías también) bajo la influencia de la programación radial que escuchaba en el transcurso de las horas de dedicación a las labores domésticas que le servían para ganarse la vida. Ese disco -pensaba yo-- pasaría a ser el mejor testimonio de su paso por el arte.

Posiblemente esa necesidad de compartirlo todo para poder degustar mejor lo bueno (tan preciosamente resumida por Pablito en una de sus canciones) sea uno de los rasgos que caracterizan a las personas que --al decir de los más grandes de entonces-tienen o no tienen feeling.

Me dediqué a arrastrar personas sensibles hacia los sitios donde se encontraba, siempre lista para abrir su voz poderosa y entonar su canto, quien una vez, respondiendo a mi curiosidad acerca del origen de su nombre, dijo llamarse Fredelina, Fredelina García (quizás por enmascarar ese Fredesvinda que luego aparece registrado en diversos escritos y que me encantaría comprobar si responde o no a su verdadera identidad.. El asombro particular de cada una de las personas que guardó su imagen y --añadiéndole ingredientes a  gusto --fabricó a su antojo, en los años por venir, una historia propia, ha convertido en una leyenda a quien en vida fuera Freddy, la cantante. (Continuará)

El Cerro, 26 de septiembre de 2010

"Bésame mucho", de Consuelo Velázquez interpretado por Freddy