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El magisterio de Fidel en la política exterior de la Revolución Cubana

Foro: Fidel y la política exterior de la Revolución Cubana (Ministerio de Relaciones Exteriores). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Intervención del viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío en el foro: Fidel y la política exterior

“El magisterio de Fidel en la política exterior de la Revolución Cubana”

Fidel, como aprendimos a llamar al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz desde que nacimos, no escribió libro de texto alguno o material didáctico sobre política exterior.

Su magisterio, como en casi todas las innumerables actividades en las que se involucró, se desarrolló en el fragor de la lucha cotidiana al frente de un país en Revolución, de un pueblo que alcanzaba con el triunfo revolucionario, por primera vez, la verdadera independencia.

En esta presentación, no hay la pretensión de adelantar una tesis sobe el pensamiento de Fidel respecto a las relaciones internacionales. Será un intento, mediante la singularización de ciertos episodios o asuntos trascendentales de la política exterior de Cuba, de mostrar enseñanzas cardinales de su pensamiento que han orientado y orientan con meridiana claridad la actuación de nuestro país en el escenario internacional.

En su memorable carta de despedida a Fidel, el Che Guevara expresa:

"...sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe. "Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días..."

Uno puede preguntarse a qué específicamente se refería el Guerrillero Heroico al singularizar ese momento particular para resaltar las incuestionables cualidades de Fidel como revolucionario, líder y estadista, alguien bajo cuya conducción el propio Che había estado luchando desde que se conocieron en Ciudad México y junto al cual había experimentado toda clase de peligros, desafíos, reveses y victorias. Sin embargo, él resalta ese episodio específico.

Se comprende lógicamente el significado de aquella crisis que comúnmente llamamos Crisis de Octubre, el peligro de conflagración nuclear, la firmeza valiente y decidida con que la dirección de la Revolución asumió junto al pueblo aquella amenaza.

Se conoce, además, el desenlace y cómo se llegó a él sin tomar en cuenta, debida y justamente, las consideraciones de Cuba, que era el país bajo amenaza y bajo agresión, desde antes de que la crisis se desatara.

Pero siguiendo la lógica del Che, conviene resaltar aspectos de las contradicciones políticas y diplomáticas del suceso que permiten valorar la estatura revolucionaria, patriótica, intelectual y como estadista del entonces muy joven líder de la Revolución cubana, y podrían explicar la especial admiración planteada en la carta por el Comandante Guevara.

Sin pretender repasar lo ocurrido, recordemos que, habiendo llegado al momento de mayor peligro durante la crisis, se concilió un acuerdo entre la URSS y EEUU, en el que Cuba no participó y según el cual se retirarían de Cuba los cohetes soviéticos, más otros compromisos. Ese acuerdo entrañaba, además, la inspección de tal retirada.

Con ese motivo, viajó a Cuba el entonces Secretario General de la ONU, U Thant, con el fin de ayudar a la implementación de lo acordado entre las dos superpotencias con el aval de Naciones Unidas.

El Secretario General arribó el 30 de octubre de 1962 y, esa misma tarde, tuvo su primera reunión con el gobierno cubano.

La esencia del planteamiento de U Thant fue que, por mandato del Consejo de Seguridad y la recomendación del Movimiento de Países No Alineados de que él tomara la iniciativa de contribuir a encontrar una solución pacífica, él venía a explorar la posición del gobierno cubano.

Manifestó que EEUU deseaba montar un dispositivo con la ONU que le asegurase que en un período de tres semanas no entrarían ni quedarían armamentos en Cuba, que los soviéticos estaban de acuerdo, y que esta verificación fuera con una inspección de la Cruz Roja, agencia que estaba conforme en hacerlo en alta mar y en los puertos de desembarque de Cuba, si el gobierno cubano estaba de acuerdo. Agregó que, si se aceptaba esa inspección de la ONU, EEUU levantaría el bloqueo naval. El Secretario General se pronunció así con una lógica que podría parecer elemental.

Fidel pidió aclaración sobre las fórmulas de inspección, a lo que el Secretario General respondió que serían una en tierra y otra en un avión que sobrevolaría Cuba. Agregó que EEUU quería asegurarse de que los proyectiles se estaban desmantelando y serían devueltos a la URSS.

Voy a citar textualmente segmentos del intercambio que se produjo en esa reunión para que se entienda la lógica del Comandante en Jefe, que es una de las lógicas que han quedado sólidamente afincadas en la política exterior de la

Revolución y la reconocerá todo el que ha interactuado con Cuba a lo largo de los años.

Dice Fidel: "¿Qué derecho tiene EEUU para pedir esto? Quiero decir, si ¿eso se basa en un derecho real, o si es una exigencia por la fuerza, o es una posición de fuerza?"

U Thant responde: "Este es mi punto de vista; no es un derecho. Una cosa como esta solo puede hacerse con la aprobación y aceptación del gobierno cubano"

Fidel explica entonces: "Precisamente nosotros no comprendemos por qué se nos pide eso, porque nosotros no hemos violado ningún derecho, no hemos llevado a cabo agresión absolutamente contra nadie; todos nuestros actos han estado basados en el Derecho Internacional. En cambio, nosotros hemos sido víctimas, en primer lugar, de un bloqueo que es un acto ilegal; en segundo lugar, la pretensión de determinar desde otro país qué tenemos nosotros derecho a hacer o no hacer dentro de nuestras fronteras... Cuba es un país soberano ni más ni menos que cualquier otro Estado miembro de las Naciones Unidas y con todos los atributos que son inherentes a cualquiera de esos estados"

Más adelante, dice el Comandante: "Nosotros podemos aceptar cualquier cosa que se ajuste a derecho, que no implique merma a nuestra condición de estado soberano".

Prosigue después: "Entiendo que esto de la inspección es un intento más de humillar a nuestro país... Esa demanda de inspección es para convalidar su pretensión de violar el derecho nuestro a actuar dentro de nuestras fronteras con entera libertad, a decidir lo que podemos o no podemos hacer... Nosotros podemos negociar con toda sinceridad y con toda honradez. No seríamos honrados si aceptáramos negociar un derecho soberano. Por esos derechos estamos dispuestos a pagar el precio que sea necesario"

La conversación se prolongó ese día con argumentos de una parte y otra. Entre los que enfatizó el Comandante en Jefe, se refería a la declaración que, como parte del acuerdo, supuestamente emitiría EEUU de que no invadiría a Cuba, ante lo que Fidel precisó que ese país no tenía ningún derecho a agredir al nuestro y que no se podía negociar con EEUU la promesa de no cometer un delito.

Al día siguiente, hubo una nueva reunión.

En ella, el Secretario General se refirió a una carta del líder soviético Kruchov dirigida a Kennedy, donde el primero decía que aceptaba la verificación del desmantelamiento por observadores de Naciones Unidas y U Thant quería conocer la opinión del gobierno cubano sobre esa carta.

Fidel respondió: "Entendemos que cuando el gobierno soviético decidió desmantelar y habló de verificación se refirió a algún tipo de inspección fuera del territorio nacional de Cuba, por cuanto el Primer Ministro de la Unión Soviética no podía hablar de verificación en territorio cubano, pues es una atribución que no le corresponde más que al gobierno revolucionario cubano"

Fueron posiciones defendidas con el profundo convencimiento de que la razón estaba de parte de Cuba, pero comprendiendo también y asumiendo el riesgo de que podían descarrilarse los acuerdos entre Kennedy y Kruchov para poner fin a la crisis.

Esta historia está ampliamente recogida en diversos textos e ilustra muy bien ese momento especial.

Se destacan aquí aspectos muy específicos para remarcar uno de los pilares que, bajo el liderazgo extraordinario de Fidel, se convirtió en piedra angular de la política exterior de Cuba, la defensa de nuestros derechos soberanos sin espacio a la más mínima confusión o la menor merma, aun ante peligros extraordinarios y aun ante la voluntad, en aquel momento, de las dos grandes potencias nucleares de la época y el papel de emisario de las Naciones Unidas.

Ese es el primer aspecto que deseaba resaltar.

Otro aspecto de los muchos que el Comandante en Jefe sembró en la brújula de la política exterior de Cuba fue el de no negociar con el adversario, ni con cualquier gobierno, los compromisos solidarios e internacionalistas de Cuba con diversas causas y pueblos. Hay ejemplos concretos que ilustran esa posición.

En la segunda mitad de la década de los 70 e incluso hasta el año 1980, hubo varios ejercicios de conversaciones discretas entre los gobiernos de Cuba y EEUU, tanto con gobiernos demócratas como republicanos, bajo el objetivo mutuamente declarado de tratar de encontrar soluciones a las diferencias bilaterales.

Llama la atención que, en la agenda de la delegación de EEUU en esos encuentros hubo siempre temas que no tenían nada que ver con asuntos bilaterales, sino con relaciones de Cuba en otras partes del mundo. De manera muy específica, estaban la solidaridad manifiesta de Cuba con la causa de la independentista de Puerto Rico y el esfuerzo internacionalista de Cuba en África.

Se trató de procesos políticos de alta sensibilidad y prioridad política para Cuba, en los que participaron diferentes compañeros representando a Cuba, pero que Fidel orientó personalmente con extremo detalle y precisión, y les dio seguimiento minucioso, aun sin participar físicamente en ellos.

No puede haber dudas de que las posiciones allí representadas por los compañeros cubanos reflejaban casi a la letra la visión y los argumentos directos de Fidel.

Varios de esos encuentros ocurrieron en Nueva York, con representantes del gobierno republicano de Gerald Ford y con el gobierno demócrata de James Carter.

Se han publicado las actas textuales de varios de esos encuentros, que son joyas de referencia para quien desee estudiar la política exterior de Cuba.

En ellos, Cuba dejó claro que la causa de la independencia de Puerto Rico acompaña nuestra historia desde el siglo XIX, que no podía pedírsenos que cejáramos en ella y que nuestro país continuaría acompañándola políticamente en la ONU y cualquier foro donde la llevaran nuestros hermanos puertorriqueños.

Como fruto de esas conversaciones y como demostración del compromiso solidario y fraternal de Cuba, se llegó incluso a un arreglo bilateral que se mantuvo en discreción durante muchos años.

A cambio de la liberación de 4 prisioneros estadounidenses que cumplían sentencia en Cuba por delitos cometidos y eran de interés del gobierno estadounidense, nuestro país no pidió concesiones bilaterales de Estados Unidos, ni beneficios para Cuba, sino la liberación de los independentistas puertorriqueños Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Ervin Flores y Andrés Figueroa.

Las acciones se produjeron independientemente una de otra, como actos soberanos de cada parte, pero era claro que fueron fruto de un arreglo.

Con respecto a nuestros compromisos internacionalistas en África, voy a citar las palabras introductorias del representante de Cuba en una de esas reuniones, que tuvo lugar en noviembre de 1978. .

Cito: "Para ustedes África es el principal problema que está generando dificultades a Estados Unidos para dar pasos hacia la total normalización [de las relaciones con Cuba]. Algunas declaraciones establecen el retiro total de las tropas cubanas o un cambio de nuestra actitud de apoyo a los países africanos como una condición que debíamos cumplir antes de que fuera posible cualquier mejora. Sobre esto, nuestra actual posición de principio es que de ninguna forma vamos a hacer de nuestra ayuda a nuestros amigos africanos un elemento de negociación. Esto no es negociable. Estamos preparados para continuar nuestra política constructiva y positiva a fin de eliminar el conflicto y promover la paz donde quiera que esté amenazada. Pero de ninguna forma vamos a hacer objeto de negociación los acuerdos y compromisos que hemos establecido con países amigos. Nuestras relaciones bilaterales con estos países no son negociables". Fin de la cita.

El 23 de noviembre de 1984, tuvo lugar en Ciudad México una reunión discreta entre el vicepresidente del Consejo de Estado de Cuba Carlos Rafael Rodríguez y Alexander Haig, entonces Secretario de Estado de EEUU. En ella, el representante estadounidense trasladó la posibilidad de coexistencia a pesar de los conflictos ideológicos y que el presidente Reagan consideraba incluso la posibilidad de una relación comercial con Cuba. Pero había un precio: Cuba debía poner fin a su apoyo solidario a fuerzas políticas de Latinoamérica, retirar los maestros que había enviado a Nicaragua y retirar todas sus tropas de África.

Agregó que se había llegado a una encrucijada e introdujo una amenaza, con el planteamiento de que el presidente Reagan también estaba dispuesto a llegar al borde del abismo.

Como puede suponerse por lo que se ha divulgado, la reunión fue casi un diálogo de sordos, pero el representante de Cuba dejó claras varias ideas, entre ellas cito: "Estamos dando y continuaremos dando a Nicaragua nuestra solidaridad y apoyo. Lo consideramos nuestra obligación y nuestro derecho".

También dijo el compañero Carlos Rafael: "No existe obligación que hayamos asumido con cualquier país, grupo o gobierno que no hayamos sido capaces de honrar. Esto debe quedarle claro a Estados Unidos". Fin de la cita.

Estamos ante un nuevo escenario internacional, pero Cuba no ha modificado un ápice esos principios solidarios, internacionalistas y de lealtad que nos inculcó en la práctica y con su conducción el Comandante en Jefe y que forman parte medular de la política exterior de la Revolución cubana.

Un tercer asunto al que Fidel le dedicó mucho de su energía, talento y espíritu de lucha, y cuyo magisterio rebasó con creces las fronteras nacionales fue la denuncia del orden económico internacional.

Sus discursos memorables, su participación y sus intervenciones en eventos académicos son materiales de estudio imprescindibles para quienes desde el mundo en desarrollo e incluso el mundo desarrollado deseen entender los grandes problemas, las inmensas contradicciones, los conflictos bélicos sin sentido aparente y las amenazas más acuciantes para la conservación de la vida en el planeta, en especial para los seres humanos.

Es un tema sobre el que Fidel sí hizo aportes que registró en literatura de estudio, como el libro escrito por él y publicado en 1983 sobre la crisis económica y social del mundo, y su impacto para los países subdesarrollados.

En sus estudios y análisis no dejaba fuera ningún tema y demostró una capacidad formidable de integración sobre la interrelación en el mundo que vivimos de asuntos aparentemente aislados y singularmente complejos.

Compañeros que lo acompañaron en esos esfuerzos de indagación y análisis han ofrecido testimonio de su disciplina intelectual, su rigor en el manejo de datos, su apetito de información y su capacidad de arribar con rapidez a conclusiones propias.

No era un esfuerzo meramente intelectual. Como fue su vida, era un combate revolucionario más, en búsqueda de la justicia para todos en el planeta, y la identificación y denuncia de las causas que se interponen para llegar a ella. Sus ideas descansaban en sólidos fundamentos. Comprendió y denunció con claridad y reiteradamente que el orden económico internacional vigente ha conducido al subdesarrollo a tres cuartas partes de la población mundial.

Precisó que los ciudadanos de esta parte del mundo y sus antepasados no conquistaron y saquearon durante siglos a continentes enteros, ni establecieron el colonialismo, ni reimplantaron la esclavitud, ni crearon el moderno imperialismo. Fueron sus víctimas. La responsabilidad principal de financiar su desarrollo, según entendía Fidel, corresponde a los Estados que hoy, por obvias razones históricas, disfrutan los beneficios de aquellas atrocidades.

Llegó a diseñar, con sólida argumentación, propuestas sobre de dónde y cómo podrían obtenerse esos recursos, si los países más poderosos renunciaban o mitigaran la carrera armamentista, y desviaran el inmenso arsenal financiero y tecnológico que se dedica y despilfarra en la industria de la muerte hacia sufragar la deuda histórica con el crecimiento económico, el desarrollo y el progreso de los países del Tercer Mundo. Expuso la cruda paradoja de que nunca antes la humanidad tuvo un potencial científico-técnico tan formidable, una capacidad de generación de riqueza y bienestar tan extraordinaria, y nunca antes el mundo fue tan desigual y la inequidad tan profunda.

Su enfoque y su método eran marxista-leninistas, sin dogmatismos, y se inspiraba en el pensamiento de los intelectuales más destacados del llamado Tercer Mundo, sobre todo desde la década de 1960. Dialogó con expertos del mundo desarrollado, funcionarios del Banco Mundial, profesores de diversas universidades, ministros de economía de varios países, con un afán inagotable de hallar respuestas, encontrar explicaciones y contrastar puntos de vista.

Se pronunció sobre los riesgos para el medio ambiente desde la década de los 70, cuando la alarma por el peligro aún no estaba de moda internacionalmente. Identificó claramente el vínculo entre la progresiva erosión del ecosistema y los patrones de producción y consumo insostenibles de los países capitalistas desarrollados. Fue un vocero activo en advertir sobre los peligros del cambio climático acelerado.

Bajo su conducción, la política exterior de Cuba ha tenido un perfil alto y comprometido en la batalla a favor de un orden internacional más justo y equitativo, y sus enseñanzas han guiado y guían hoy nuestro desempeño en las Naciones Unidas, el Movimiento de Países No Alineados, el Grupo de los 77 y China, los organismos y mecanismos regionales de América Latina y el Caribe, y cualquier foro donde la batalla por la justicia y la aspiración a un mundo mejor nos permite contribuir con nuestro aporte.

Más allá de estos tres ejemplos paradigmáticos, la obra y el magisterio de Fidel en política exterior abrazaron, incorporaron y educaron al pueblo cubano en su conjunto sobre algunos de los temas más complejos del escenario internacional.

No pueden olvidarse las asambleas populares y masivas en la Plaza de la Revolución en que cientos de miles de cubanos escucharon y aprobaron la Primera y la Segunda Declaración de La Habana, la solidaridad masiva con el pueblo de Vietnam, las primeras brigadas médicas a Argelia, las donaciones de sangre para pueblos en situación de desastre, la creación del Contingente Internacional Henry Reeve y su contribución decisiva a la salud en diversas latitudes, incluido ante epidemias como el Ébola en África Occidental y el enfrentamiento a la Covid 19 en más de 40 países y territorios.

Con el esfuerzo de profesores y maestros cubanos, se formaron en nuestras escuelas y universidades decenas de miles de estudiantes de todas partes del mundo. La gesta internacionalista de Cuba en África fue una epopeya masiva y voluntaria de pueblo, que involucró a más de 350 mil combatientes.

Fueron todas manifestaciones de las cualidades excepcionales de Fidel como líder y visionario. Su legado hoy nos acompaña y continuará acompañándonos.

Muchos compañeros cubanos tuvieron el privilegio de estar a su lado o bajo su directa conducción ante tareas y asuntos sensibles de la política exterior cubana y de las relaciones internacionales en su conjunto. De igual modo, muchos amigos de otros países, políticos, activistas, funcionarios de gobierno, funcionarios y expertos internacionales, combatientes revolucionarios y personas de diversa procedencia tuvieron experiencias formidables e inigualables de intercambios con Fidel sobre estos temas o con motivo de asuntos similares.

En su centenario, debemos aprovechar la oportunidad de difundir más en Cuba y por el mundo las enseñanzas en temas internacionales que nos legó un líder revolucionario cuya ambición era defender el derecho incuestionable de su país a disfrutar de la soberanía plena y absolutamente plena, y junto al bravo pueblo cubano, tratar de contribuir a llevar la justicia o poner fin a la injusticia en todos los rincones del planeta.

Muchas gracias.