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Entre cubanos: “Ni un sí, ni un no”

Sigo intentando salvarme con la cultura, que si no sana, al menos anestesia, y nos permite escapar por momentos de la desbordante angustia que rodea a los cubanos que residimos en Cuba.

La Sala Teatro Hubert de Blanck sigue presentando obras conocidas por los de mi generación y que los jóvenes de hoy no han disfrutado. Era aquel teatro en que la entrada costaba un peso y luego te ibas a la Maison Potín, o Casa Potín de Línea y Paseo y por 1.20 te merendabas un sándwich de jamón y queso y según tu preferencia una malta de 40 centavos o una cerveza de 0.60.

Pero no era sólo eso, el teatro después de año1959, se convirtió en goce de las clases menos favorecidas debido a la gran apertura cultural que entonces dio acceso a los que ni lo conocían.

Obras sacadas de la cotidianidad, de la vida misma, expresaban temas sociales cercanos a la gente. He podido apreciar nuevas presentaciones de obras de Abelardo Estorino como: “Las penas saben nadar” y ahora “Ni un Sí ni un No”

En esta última, el libreto de Abelardo Estorino (1925-2013) se desarrolla alrededor de una serie de maniobras que llevan a la audiencia a asumir la temática de fondo como real e inmediata. En ocasiones, una escena se repite y todo lo anterior sugiere que lo visto puede ser ilusorio, pero no se deslinda de los temas representados.

El espectáculo invita a la crítica social y en momentos no vemos los personajes sino las conductas sociales. Es una suerte de reflexión acerca de lo que vemos y lo que vivimos.

Asistí a la presentación de la obra “Ni un sí ni un no” de Abelardo Estorino en la Hubert de Blanck  el sábado 6 de junio. La función debía comenzar a las 5 de la tarde, pero desde las 4 iban llegando personas para comprar su entrada.

De forma espontánea surgía una especie de debate natural relacionado con: apagones, precios, ineficiencias en servicios, banco, etc.

“Esto no hay quien lo aguante”, “¿Hasta cuándo?”, eran muchos de los comentarios. Opiniones encontradas. Contaban anécdotas, experiencias vividas, que de estar allí el mismísimo Estorino, hubiese escrito otra de sus pintorescas obras.

Se abre la puerta de entrada y sentir el aire acondicionado fue un alivio en medio de las altas temperaturas de esa tarde.

Nada más nos acomodamos y: APAGÓN, imaginen las quejas, los comentarios. Por encima del murmullo se escuchó la voz de la actriz Laura Delgado ubicada en el escenario.

“Sentimos mucho lo que ha pasado, pero como saben es algo que ni depende de nosotros ni está en nuestras manos solucionar. Podremos una lámpara hacia el escenario y daremos la función. Quienes quieran marcharse están en todo su derecho, los entendemos y les ofrecemos disculpas”

El público se puso de pie y aplaudió durante casi un minuto. La solidaridad del cubano apareció enseguida. La actriz se emocionó y los espectadores sacaron sus abanicos, el plegable del programa, un pedazo de cartón y ninguno se marchó.

La presentación fue excelente, disfrutamos, nos reímos de ver en las tablas situaciones que muchos de nosotros hemos vivido. La otra factura de la tarde fue que -al menos creo -, salimos satisfechos, no solo por la obra sino de comprobar que por mucho que disentimos los cubanos, a la hora de apoyarnos no existe “Ni un Sí, ni un No”.