- Cubadebate - http://www.cubadebate.cu -

Un enorme desafío en el camino hacia lo ignoto

Cuando lo escuché aquella noche de 2005, me estremecí en la butaca solemne del Aula Magna de nuestra Universidad. En el mismo discurso donde nos prevenía de que nosotros mismos podíamos acabar con la Revolución, Fidel nos decía a modo de confesión pública:

"Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo. Parecía ciencia sabida, tan sabida como el sistema eléctrico concebido por algunos que se consideraban expertos en sistemas eléctricos. Cuando decían: “Esta es la fórmula”, este es el que sabe.(...) Pero somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economía —y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el país— es una ciencia exacta y eterna, y que existió desde la época de Adán y Eva.

"Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx. A mil leguas de mi pensamiento el revisionismo, rindo verdadero culto a Marx, a Engels y a Lenin.

[...]

"En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y táctico revolucionario tiene el deber de concebir una estrategia y una táctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real."

Construir el socialismo es una senda por descubrir, diría tiempo después el General de Ejército Raúl Castro. "En el tránsito por el ignoto camino que conlleva construir el socialismo en un país pobre y sometido a constantes agresiones, nos hemos visto obligados a crear nuestras propias maneras de hacer, evidencia de que el proceso revolucionario cubano se ha caracterizado siempre por una inmensa capacidad creadora", expresaría en su discurso por los 65 años de la Revolución.

¿Es el socialismo un dogma o una construcción dialéctica? ¿Es una fórmula matemática, una receta económica o un sistema económico-social en plena búsqueda de los caminos para llegar a sus grandes metas de bienestar y dignidad humana?

¿Cómo hacerlo en un país bloqueado, con medidas de asfixia extrema de la principal potencia económica del mundo, con una economía casi paralizada, con un sistema de justicia social duramente golpeado por la falta de recursos?

Ya no somos la nación de los 80 que tenía detrás un campo socialista que nos permitía avances y pasos por encima de nuestras propias capacidades (aunque también nos condujo a errores de idealismo).

No somos siquiera el país de inicios del siglo XXI que forjó una alianza mutuamente beneficiosa con la Revolución Bolivariana de Chávez y se codeó con una región con numerosos gobiernos progresistas y un espíritu claro de unidad en la diversidad.

Vivimos el peor momento de este siglo para la Revolución, con un enemigo prepotente y tratando de alinear a Latinoamérica bajo sus designios, que aplica sin remilgos un castigo colectivo extremo contra el pueblo cubano y que amenaza incluso con una agresión militar.

Es tiempo también de serias falencias económicas, como resultado de la continua agresión externa y de nuestros errores, de falta de desarrollo de las fuerzas productivas, de muy escaso crecimiento de la riqueza nacional que permita sostener la obra social inmensa forjada por la revolución.

Frente a tal realidad se plantea la dialéctica disyuntiva leninista del ¿Qué hacer?. Entonces se lo preguntaba él de cara a la organización política de vanguardia que debía conducir los destinos revolucionarios; hoy lo hacemos pensando en los desafíos enormes de hacer el socialismo en un país pequeño, cercado, sin grandes recursos y con una obra social enorme forjada en décadas, que hay que defender.

Fue por cierto Lenin el líder de una Revolución Socialista que tuvo que enfrentarse al desafío de cómo construir el socialismo en un país atrasado, en medio del bloqueo económico y la amenaza directa de guerra de potencias adversarias.

Al plantearse la Nueva Política Económica (NEP) en 1921, tras las amenazas imperiales y la devastación dejada por la I Guerra Mundial y la Guerra Civil, Vladimir Ilich Lenin presentó las enormes dificultades a las que se enfrentaba la transición socialista, con una baja productividad del trabajo y una capacidad productiva muy inferior a la de antes de la guerra. Sin superar radicalmente estos límites, el socialismo seguiría siendo un ejercicio puramente teórico o retórico, porque, como escribieron Marx y Engels en La ideología alemana, "la liberación real no es posible si no es en el mundo real y con medios reales, que no se puede abolir la esclavitud sin la máquina de vapor y la mula jenny, que no se puede abolir el régimen de la servidumbre sin una agricultura mejorada, que, en general, no se puede liberar a los hombres mientras no estén en condiciones
de asegurarse plenamente comida, bebida, vivienda y ropa de
adecuada calidad y en suficiente cantidad. La “liberación” es un
acto histórico y no mental, y conducirán a ella las relaciones históricas, el estado de la industria, del comercio, de la agricultura..."

Para defender la aplicación de la NEP, Lenin argumentó que se trataba de un "retroceso táctico" que permitiría al país desarrollar sus fuerzas productivas y alcanzar el nivel de industrialización necesario para emprender posteriormente la construcción del socialismo.

"La NEP de Rusia - escribía Lenin en 1923- es una ´maniobra especial´- que nos servirá para sortear las dificultades que no podemos eliminar por la fuerza". 

Señalaría también: "Todas las formas económicas de transición son admisibles, y es preciso saber emplearlas, puesto que son necesarias para fortalecer los vínculos entre los campesinos y el proletariado, para reanimar enseguida la economía en una país agotado y arruinado, para elevar el nivel de la industria" 

Fidel y los años más duros

A principios de los 90, cuando el bloque socialista desapareció, la Unión Soviética se desintegró, y Cuba se quedó sola frente a un imperio eufórico de hegemonismo, Fidel aplicó dialécticamente la política para buscar soluciones a nuestros desafíos económicos. Fueron concesiones tácticas para preservar valores más estratégicos.

Al analizar aquella disyuntiva, el Comandante en Jefe de la Revolución cubana reflexionaba ante los delegados internacionales del Festival "Cuba Vive", en 1995:

"Yo pienso que los que se inquieten tienen razón, en primer lugar, porque es tema y cuestión que preocupan. Cuál será el efecto que tenga en el destino de la Revolución esta apertura que estamos haciendo, estas medidas que estamos tomando, y si como consecuencia de todo ello vamos a ser diferentes en el futuro a lo que somos hoy, si estas medidas nos van a corromper.

"Hemos dicho que estamos introduciendo elementos de capitalismo en nuestro sistema, en nuestra economía, eso es real; hemos hablado, incluso, de consecuencias que observamos del empleo de esos mecanismos. Sí, lo estamos haciendo.

"Ya les hablé del mundo en que estamos viviendo, no se olviden de que nosotros somos una isla rodeada de capitalismo por todas partes, hasta por arriba; digamos, desde el espacio cósmico, porque eso está lleno de satélites y de no sé cuántas cosas más, sobre los cuales no tenemos absolutamente ninguna propiedad. Ustedes pueden tener la seguridad de que si un perro sale al parque a hacer sus necesidades, los satélites norteamericanos lo descubren, lo observan y lo retratan" (RISAS Y APLAUSOS).
(…)
"Nosotros perdimos toda posibilidad de obtener capital para invertir, tecnología, mercado, perdimos todos los mercados. Realmente, ¿qué tenía que hacer una revolución verdadera en esas condiciones? ¿Qué tenía que hacer una revolución marxista-leninista? Nosotros no tenemos ningún temor de pronunciar esa palabra (APLAUSOS).

"Nosotros podríamos preguntarnos: ¿Qué habría dicho Marx? Es casi seguro que nos hubiera dicho: Oigan, no se metan a hacer una revolución socialista en un país del Tercer Mundo, esperen que se desarrolle el capitalismo plenamente y entonces, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas y demás supuestos, llegará el momento de hacer la revolución socialista. Eso es tal vez lo que nos habría dicho Marx. Claro, habría que ver qué nos decía si le preguntábamos qué hacía, ya que habíamos hecho una revolución socialista aquí, en las puertas de Estados Unidos. Creo que habría dicho: Bueno, me alegro de haber tenido unos discípulos tan aventajados allá en el Caribe "(APLAUSOS).
(…)
"Pero el hecho es que nosotros —como les decía— perdimos el mercado, perdimos el comercio, perdimos todo, y teníamos, sin embargo, que encontrar una solución.

"Hablando de esto fue cuando pregunté qué nos habría respondido Marx, y ahora pregunto qué nos habría respondido Lenin, y estoy seguro de que Lenin nos hubiera dicho: hagan lo que están haciendo, sigan haciendo lo que están haciendo. Decía por eso el 26 de julio que un verdadero marxista-leninista hace lo que estamos haciendo.

"Ellos tuvieron que hacerlo, ellos tuvieron que ir a la nueva política económica, la famosa NEP, dentro de un período histórico. Pero hay algo más, en ciertos momentos Lenin se planteaba la idea, incluso, de la construcción del capitalismo bajo la dirección del proletariado."
(...)
"Ya les decía, o trataba de decirles anteriormente, que si nosotros fuéramos un país de grandes riquezas petroleras u otros recursos semejantes, tal vez no hubiéramos ido al desarrollo del turismo en gran escala. De memoria nos sabemos todas las consecuencias del desarrollo del turismo en gran escala; sin embargo, en las condiciones de nuestro país no podíamos prescindir de esto, como en las condiciones actuales de nuestro país no podíamos prescindir de la inversión extranjera.

"Aunque antes del derrumbe del campo socialista habíamos pensado en ciertas formas de inversión extranjera para sociedades mixtas en ciertas ramas donde no había otra solución, estamos bien conscientes de que durante muchos años combatimos la inversión extranjera, estamos bien conscientes de que durante muchos años nos sentíamos orgullosos de que el pueblo fuera dueño de todos sus recursos, de todas sus industrias y de todos los bienes del país; sin embargo, en las condiciones actuales no podíamos prescindir de la inversión extranjera en un grado mayor porque necesitábamos capital, tecnología y mercados. Son los factores determinantes, lo contrario sería la parálisis, el estancamiento durante mucho tiempo.

"Todo eso lo pagamos caro. Ya les digo que cualquier préstamo lo tenemos que pagar muy caro, tenemos que discutirlo todo en condiciones muy difíciles y frente a una resistencia de Estados Unidos muy grande; pero tenemos que hacerlo, no hay alternativa.

"Algunos amigos nuestros nos han aconsejado que digamos que no, que hacemos esto porque es muy buena cosa. Debemos decir la verdad, que iniciamos este camino fundamentalmente porque era la única alternativa para salvar la Revolución y salvar las conquistas del socialismo (APLAUSOS).
Teníamos que crear empresas mixtas en tiempo relativamente breve, teníamos que aceptar la inversión extranjera, teníamos que hacer lo que hicimos con la despenalización de la moneda convertible, y tengan la seguridad de que nos dolió mucho, muchísimo, hacer esto último. Y estábamos conscientes de las desigualdades que creaba, de los privilegios que creaba; pero tuvimos que hacerlo y lo hicimos."
(…)
"Ninguna de estas cosas que nos desagradaban dejaban de desagradar al pueblo, muy sensible, ultrasensible a cualquier desigualdad, a cualquier privilegio, porque en esas ideas lo educó la Revolución; pero también lo educó en la idea de que hay que salvar la patria, hay que salvar la Revolución, hay que salvar las conquistas del socialismo, hay que conservar la independencia y hay que mantener nuestro derecho al futuro. Eso es absolutamente irrenunciable, y es realmente muy estimulante para todos nosotros el captar hasta qué punto el pueblo ha sido capaz de comprender todo esto. Solo un pueblo con una cultura política como la que tiene nuestro país hoy día, habría sido capaz de comprender eso y habría sido capaz de luchar y de resistir.

"¿Acaso estamos engañando a alguien? No, no estamos engañando a nadie en absoluto. Lo que sí podemos decir es que toda la tierra de este país está en manos de los campesinos cubanos y de los agricultores cubanos (APLAUSOS). Lo que sí podemos decir es que todas las casas, casi todas las fábricas, todos los hospitales... Aquí no se ha privatizado un solo hospital, aquí no se ha privatizado una sola escuela (APLAUSOS), y el país es el dueño de la inmensa mayoría de sus riquezas (APLAUSOS).

"Ahora bien, ¿qué íbamos a hacer? Teníamos que escoger; antes que una fábrica se quedara parada, se deteriorara completamente, se perdiera, si en esa fábrica aparecía algún empresario capitalista que quisiera ser socio nuestro en la producción, no aceptar eso, no hacerlo, habría sido absurdo.

"Cuando ocurrió el derrumbe del campo socialista muchísimas fábricas se quedaron sin combustible, sin electricidad, sin materias primas, sin piezas. Si surge una forma en que aunque sea la mitad de esa fábrica quede en nuestras manos —y muchas veces queda toda la fábrica y las asociaciones que hacemos son de carácter comercial—, debemos hacerlo, es lógico hacerlo, es racional hacerlo, es beneficioso para el pueblo hacerlo (APLAUSOS).

"Nosotros no podemos guiarnos por el criterio de lo que nos guste o no nos guste, sino de lo que es útil o no es útil a la nación y al pueblo en estos momentos tan decisivos para la historia de nuestro país."

(...)
"El país preservará todo lo que pueda ser preservado (APLAUSOS), y negociaremos todo lo que pueda ser negociado."

(…) "Ya digo, prácticamente está todo en manos de la nación. Pero si tenemos que introducir una determinada dosis de capitalismo, lo introduciremos; lo estamos introduciendo, con todos los inconvenientes.

"Sobre esto voy a decir una cosa: puede llegar a haber una inversión, incluso, que sea ciento por ciento capitalista. Si ese capitalista tiene todo el capital necesario, tiene el mercado, tiene la tecnología que nosotros no tenemos, puede haber casos, incluso, de una empresa ciento por ciento de capital extranjero; entonces, nos quedará en ese caso el empleo y los impuestos: tendremos que conformarnos con eso.

"Es mejor que fuera nuestra la fábrica, completica; es mejor que todos los ingresos fueran del país y propiedad del país. Sí, eso lo vimos ya, cuando todo fue del país.

"A lo mejor tendrán que pasar 50 años, 100 años, o no sé cuántos, pero siempre que el país pueda quedarse con algo, debe quedarse; preservar algo, debe preservarlo. Eso como principio; pero no tenemos temor, ni tenemos complejo. Creo que estamos haciendo lo que los revolucionarios deben hacer en este momento, porque lo otro pudiera ser un absurdo, un sueño, un imposible."

Preguntas para los tiempos actuales

Foto: Archivo.

Los desafíos que hoy enfrenta Cuba no son menores que los del Período Especial. Quizá más complejos, económica, política e ideológicamente.

Desde el 6to Congreso del Partido, el país se propuso transformar el modelo económico tras un consenso estratégico que sin embargo no ha funcionado a ritmo adecuado en lo táctico.

¿Qué hacer cuándo una propiedad fundamental del país como un central azucarero está paralizado hace varias zafras sin poder producir? ¿Lo dejamos clausurado o lo abrimos a la inversión?

¿Qué hacer cuando un campesino lleva tres zafras sin recibir ingresos porque la caña que sembró no ha sido cortada?

¿Qué hacer cuando miles de hectáreas en manos de empresas o cooperativas están sin producir hace años en un país con necesidad de alimentos?

¿Qué hacer con un sistema bancario que no puede apenas brindar créditos o incentivos porque, entre otras cosas, buena parte del efectivo del país está en manos de privados?

¿Qué hacer cuándo reconocemos que es imprescindible la inversión extranjera pero nos demoramos excesivamente en aprobarla o no le brindamos incentivos que tienten al inversor, que de por sí se arriesga frente a las amenazas inauditas del imperio?

¿Cómo fortalecer la economía estatal si la empresa continúa con ataduras, con orientaciones de aquí y allá, con cargas impositivas que le dejan poco margen?

¿Cómo obtener divisas para una economía tan abierta con contenedores en los puertos esperando ser exportados, un turismo agredido y cercado, servicios médicos perseguidos, flujos financieros bloqueados, créditos negados?

¿Cómo encontrar alternativas a las recias medidas financieras, económicas, comerciales, energéticas y de todo tipo de la potencia económica dominante contra la economía estatal, que no deja de afectar al sector privado y que repercute en la vida de nuestro pueblo?

¿Podemos quedarnos cruzados de brazo ante los prolongados apagones, el deterioro de los servicios básicos, el impacto duro en la vida de nuestro pueblo?

¿Cómo sostener los grandes programa sociales de la Revolución, la calidad de nuestra salud y educación, el amplio programa de asistencia y seguridad social, sin los recursos financieros y materiales necesarios?

Las transformaciones económicas y sociales aprobadas por el parlamento  cubano intentan encontrar algunas respuestas, partiendo de la premisa de que seguir haciendo lo mismo no nos conducirá a resultados diferentes.

Se integran, a la vez, transformaciones del tejido empresarial con mayor apertura al capital privado nacional y extranjero, modernización bancaria con reforma cambiaria, algunas aperturas en la propiedad con diversidad en las formas de gestión, descentralización territorial con redimensionamiento de la administración central del Estado.

¿Son todas las necesarias? Seguro que no ¿Son las que nos gustaría? Probablemente para una buena parte, no. ¿Son inevitables en estos momentos difíciles? Seguramente sí.

Retos y contradicciones

El Primer Ministro de Cuba, Manuel Marrero Cruz, durante su intervención en la tercera Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su X Legislatura. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Se trata, como Lenin y Fidel en sus tiempos, de encontrar caminos, que pudieran parecer retrocesos o minados de peligros, con el objetivo supremo de salvar las esencias y reimpulsar los rumbos ignotos de creación del socialismo.

No son soluciones mágicas. Dependen de nuestra capacidad y certera maniobra y del complejo entorno geopolítico externo.

Serán imprescindibles una adecuada y consecuente secuencia de implementación, un cambio de mentalidad y capacidad de comprensión en los ejecutores claves, un respaldo jurídico con prontitud, una cimentación paulatina de la confianza mayoritaria en los propósitos, una labor comunicativa en todos los espacios y niveles, una participación ciudadana amplia y aportadora.

Habrá que enfrentar contradicciones evidentes como se señalaron en el Parlamento: una dolarización parcial y su impacto en la devaluación; la eliminación de subsidios y su relación con los precios, para lo que se requiere una protección social efectiva; la descentralización de competencias sin la capacidad de los municipios para asumirla,  la liberación de precios agrícolas sin una producción suficiente o incrementada, y otras.

El mayor desafío será el impacto social de las diferencias profundizadas del poder adquisitivo, del cierre de empresas ineficientes, de la eliminación de subsidios, de los precios liberalizados.

Frente a ello, es imprescindible reforzar y hacer más eficiente los mecanismos de responsabilidad social del Estado y la participación consciente o inducida de todos los actores económicos. Si algo sabemos del Socialismo es que debe ser siempre Justicia Social como brújula y aspiración suprema, que no es igualitarismo, pero si vida digna y plena.

Hoy nuestra realidad está lacerada en esos humanos propósitos.

Decisivo es, entonces, la recuperación de la sustentabilidad económica del proyecto socialista, porque sin ella no hay justicia social.

Pero también serán necesarios el control económico y la batalla sin cuartel contra la corrupción, el reforzamiento de la autoridad y la labor política del Partido en todos los niveles, la revitalización de la participación popular desde sus organizaciones, la defensa de la hegemonía cultural socialista frente a las tendencias individualistas y mercantilistas extremas.

Vuelvo a Fidel en sus análisis de los 90, cuando se dirigió a nuestras mujeres en el Congreso de la FMC, el 3 de marzo de 1995:

"A medida que se introducen elementos de mercado y de capitalismo en nuestra sociedad que nosotros no podemos evitar; en la medida en que se hacen ciertos cambios y ciertas reformas que son imprescindibles para preservar la patria, la independencia, la Revolución y las conquistas del socialismo, que es el objetivo que busca nuestra Revolución en estos momentos y lo busca de una manera heroica, valiente, en medio de circunstancias que no pueden concebirse más difíciles, en medio de un mundo unipolar, en medio de un enorme hegemonismo de nuestros vecinos, que siempre quisieron destruir a esta Revolución y ahora se sienten más alentados con la idea de asfixiarla, de darle un zarpazo, porque no pueden tolerar en su mente la sola existencia de la Revolución y lo que significó en este hemisferio, en su patio trasero, que quieren asegurar ahora más que nunca, aunque ya no tiene ninguna lógica, como lo comprenden muchas personas en el mundo —sin lógica alguna, persisten en su bloqueo, lo agudizan y tratan aun de hacerlo más duro si fuera posible—, en estas condiciones, nosotros tenemos que llevar a cabo esa enorme proeza de preservar esta obra…”

“Ustedes se han hecho eco aquí, realmente, de viejos y de nuevos problemas: los viejos, aquellos contra los que venimos luchando desde hace mucho rato, y los nuevos, derivados de esta circunstancia del período especial, de las medidas que tomamos, de estos elementos de capitalismo que nos vemos obligados a introducir, de estos elementos de mercado que nos vemos obligados a introducir y que establecen estas diferencias que nos duelen y con las cuales no nos queda más remedio que coexistir, porque preferible es coexistir con algunos de estos problemas que perder la patria, que perder la Revolución, que perder las conquistas que ha alcanzado nuestro país. Algo tenemos que sacrificar. Desde luego, será más meritorio para nosotros, será más meritorio para nuestro pueblo hoy, para esta generación, la lucha contra todos estos fenómenos."

Ante al acoso, la asfixia y el intento de paralizarnos -con nuevas medidas prácticamente cada semana-, movilizar nuestra creatividad, nuestras potencialidades, el conocimiento acumulado, las experiencias que otros nos muestran. No será camino fácil, no faltarán impactos y contradicciones, pero hay oportunidades para hacer una nación mejor. Plan contra plan.

Y la clave nos la sigue dando Fidel: " Para hoy, para mañana o para pasado mañana, para el año 2020 ó 2050 ó 2100, lo que el pueblo no debe perder jamás es el poder"