- Cubadebate - http://www.cubadebate.cu -

American curios

“El Jefe” Bruce Springsteen, de gira con “Tierra de sueños y esperanzas”, en la que canta contra el Gobierno de Trump, el sábado pasado en Filadelfia. Foto: AP.

La música siempre ha acompañado a los movimientos y luchas sociales en Estados Unidos; de hecho, es difícil pensar en los episodios rebeldes en este país sin hablar de sus rutas sonoras.

La resistencia musical y sus bailes tienen sus orígenes indígenas, cuyos tambores después se encuentran con la percusión africana de los esclavos. No por nada los gobernantes y los “amos” del nuevo país prohibieron la música y el baile de indígenas y africanos.

Vale recordar que uno de los incidentes más sangrientos de la historia de la represión contra los pueblos nativos fue en Wounded Knee, Dakota del Sur, contra los sioux. Continuaban con su música y baile ocultos en las noches, pero cuando llegaron las tropas federales en 1890, unos 300 indígenas –en su mayoría mujeres y niños– se enfrentaron con los militares y, en acto de desafío y rebelión, se atrevieron a bailar. Casi todos fueron masacrados. A su vez, los esclavos africanos y sus descendientes tenían prohibido tocar los tambores. Sin embargo, su percusión se escuchaba ahora con sus manos y sus pies y sus cantos a capela. De ahí nacieron, en parte, el blues, el góspel y más tarde el jazz.

Exesclavos que migraron al norte se encontraron con otros trabajadores inmigrantes y, aunque al inicio los teatros, antros y cantinas estaban segregados, en una esquina de Manhattan llamada Five Points estaba uno de los pocos teatros que permitían la entrada a blancos y negros. Como cuenta el gran periodista irlando-estadounidense Pete Hamill, fue ahí donde nació el tap, con el encuentro de la percusión con los pies de los afroestadounidenses, el baile tradicional de los inmigrantes irlandeses en 1844.

En Nueva Orleans, la música indígena se encontró con la afroestadounidense, con un tantito del Caribe combinado con el éxodo francés en Luisiana y ese caldo sonoro se escucha todos los días en una ciudad que en parte fue rescatada de sus huracanes naturales y humanos por sus músicos (favor de ver la serie Trem).

En las grandes huelgas y luchas obreras de este país hay un sinnúmero de canciones-corridos, lamentos, rock y hasta musicales de Broadway.

Esas canciones incluyen las que cantaban los grandes organizadores anarcosindicalistas a fines del siglo XIX e inicios del XX –uno de los organizadores más famosos, Joe Hill, inmigrante sueco, fue cantautor y músico (en 1911 estaba en Tijuana con otros rebeldes que buscaban contribuir al derrocamiento de Porfirio Díaz)–. Esa música estaba compuesta de tradiciones armónicas de varias partes del mundo importadas por los inmigrantes irlandeses, italianos, judíos, alemanes, escoceses, escandinavos, caribeños, chinos, mexicanos y otros latinoamericanos.

El movimiento de derechos civiles y otros encabezados por mujeres, gays y más tienen sus rutas sonoras.

El exitoso esfuerzo para frenar la inauguración de la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, en 1999, se logró con baile (cada ruta de acceso al centro de convenciones fue ocupada por miles de manifestantes bailando rock, punk, reggae y más).

Todo esto se puede escuchar hoy día, y no solo en museos y bibliotecas, sino en las calles y hasta con algunas de las grandes estrellas. Siguen presentes, a veces en las mismas versiones, otras ya transformadas en nuevas expresiones. Se canta en las calles de Mineápolis al enfrentar las fuerzas federales, en las huelgas de enfermeras, en las luchas por la defensa de inmigrantes.

Algunos artistas famosos las incorporan a sus conciertos o inventan nuevas. Por ejemplo, Bruce Springsteen sigue recuperando partes de esta larga tradición y acaba de concluir su gira nacional, que definió como un llamado a la resistencia contra el régimen en Washington. Empezaba sus conciertos gritando “si te estás sintiendo sin ayuda, si te estás sintiendo sin esperanza, si te estás sintiendo traicionado, si te estás sintiendo frustrado, si te estás sintiendo enojado, lo entiendo, por eso estamos aquí esta noche”.

En otro momento, dijo a su público: “Esta tragedia estadunidense solo puede ser frenada por el pueblo estadunidense: tú. No hay nadie que nos vendrá a salvar, lo tenemos que hacer nosotros”.

(Tomado de La Jornada)