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Para que Trump no olvide, ni el mundo tampoco

Soldados soviéticos combatiendo entre las ruinas de la ciudad de Stalingrado. Foto: Archivos Federales de Alemania

Hoy, 2 de febrero, pero en 1943, se selló la victoria soviética contra la maquinaria bélica nazi en Stalingrado. Aunque el coste humano fue enorme, esta victoria fue decisiva en el curso de la Segunda Guerra Mundial: frenó la expansión nazi hacia el sur y marcó el inicio de una serie de triunfos soviéticos que culminarían con la derrota definitiva de la Alemania nazi.

La batalla de Stalingrado, actual Volgogrado, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943, es considerada la más sangrienta en la historia de la humanidad y dejó bajas estimadas en más de dos millones de personas entre soldados de ambos bandos y civiles soviéticos . La grave derrota de la Alemania nazi y sus aliados en esta ciudad, significó un punto clave y de severa inflexión en los resultados finales de la guerra pues la Wehrmacht nunca se recuperaría del desastre.

Tal historia de sacrificio por la humanidad parece desconocerla, por ignorancia histórica o por omisión premeditada, el presidente estadounidense Donald Trump, quien en su procaz discurso en el reciente Foro de Davos espetó: "sin nosotros [por Estados Unidos], ahora mismo todos hablarían alemán y quizás un poco de japonés"

Más allá del gafe del aspirante de dictador mundial de decir tal barrabasada en un país donde el alemán es idioma oficial, es otro nuevo episodio del intento estadounidense por trastocar la historia y presentar a ese país como el gran salvador de la humanidad en la conflagración mundial; pretendiendo borrar el decisivo papel de la Unión Soviética y el Ejército Rojo.

Y eso no viene de las "inspiraciones" de Trump; es expresión de una construcción simbólica imperial desde los oscuros tiempos de la Guerra Fría. Hollywood transformó el Dia D (Desembarco en Normandía) en el punto de inflexión de la SGM, borrando Moscú, Stalingrado, Kursk y Berlín. Los libros de texto estadounidenses describieron el programa Préstamo y Arriendo como caridad en lugar de apoyo retardado que llegó después de las batallas más decisivas y el giro que los soviéticos dieron a la guerra. La bombas atómicas se convirtieron en las grandes ganadoras de la guerra contra Japón y no el avance de las fuerzas soviéticas y la heroica resistencia china. El Pentágono y el poder imperial han financiado a intelectuales, historiadores y periodistas para lavar la historia de aquella guerra.

Por cierto, las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki no fueron una victoria, sino un genocidio. Su lanzamiento no fue el último acto de la Segunda Guerra Mundial sino el primero de la Guerra Fría. El objetivo real no era rendir a Japón -que ya estaba derrotado-, sino lanzar una advertencia a la Unión Soviética.

El almirante William Leahy, el militar de más alto rango entonces en Estados Unidos y jefe de Gabinete de Harry Truman, escribió en sus memorias en 1950: "El uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no supuso ninguna ayuda material en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y dispuestos a rendirse". El general Dwight Eisenhower le dijo a secretario de Guerra Stinson en 1945: "Japón ya estaba derrotado...lanzar la bomba era completamente innecesario".

La participación soviética fue fundamental en la derrota del fascismo. El Ejército Rojo se enfrentó a 201 divisiones del adversario y a más de 4,5 millones de soldados alemanes. El 70 por ciento de las bajas humanas y el 75 por ciento  de los carros blindados, piezas de artillería, aviones y material de guerra que perdió el ejército nazi en la guerra fue provocado por la acción de las tropas soviéticas.

La Unión Soviética perdió unos 27 millones de personas en la guerra; soldados soviéticos cayeron en Polonia, Budapest, Praga, liberando a sus pueblos, cuando ya los soldados nazis habían sido expulsados de la URSS.

En una de sus misivas a Stalin, el premier británico Winston Churchill reconoció la valía de la hazaña soviética: "Fue el Ejército ruso el que sacó las tripas a la máquina de guerra alemana".

Nadie puede borrar de un plumazo las hazañas liberadoras de un pueblo que resistió el bloqueo a Stalingrado y el asedio a Moscú, que libró y ganó la batalla del Arco de Kurks, que tomó y develó los horrores de los campos de concentración como Auswitch y Terezín.

Hoy rendimos homenaje a los héroes y heroínas de la Unión Soviética que lucharon por la humanidad. Su sacrificio no fue en vano y, en estos tiempos, son una alerta ante las expresiones neofascistas que amenazan al mundo entero.