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Del reparto y una invocación musical para Cuba

Concierto de música urbana. FOTO/ ACN Rodolfo BLANCO CUÉ

 África y sus melodías siempre me devuelven a una raíz que me es propia. Invocar la calma mediante la música, es un bálsamo. Ayuda a calmar el paso, mirar alrededor, repensar lo hecho y desentrañar la lucidez que fue abundante en otras lunas.

Escuchando un tema del camerunés Richard Bona, bajista, multi instrumentista y uno de los genios con los que tenemos el privilegio de ser contemporáneos, viene el recuerdo Galeano cuando decía: “somos todos africanos emigrados” (Galeano, 2011).

Asentada en la concepción martiana que asumía la cultura como el único camino posible para la libertad, se diseñó la política cultural cubana, reflejo, además, del ajiaco definido por Fernando Ortiz.

Aún con desaciertos, la mirada honesta reconocerá una obra que sobrepasa sus errores. De ahí que rescatar, registrar, difundir y salvaguardar la memoria histórica, musical y cultural de Cuba hayan estado entre sus premisas fundamentales.

Los tiempos de entonces ya no son los mismos. Un nuevo contexto histórico-social revela otras realidades y en consecuencia, requiere de nuevas estrategias para el diseño y la implementación de los preceptos de aquella.

La política cultural no queda en el marco de quienes la diseñan. En ella tienen un rol que jugar, entre otros, la educación, la ciencia y la investigación. Por ende, la protección de la memoria cultural pasada, presente y futura es una obra colectiva.

¿Rige solamente la política cultural gubernamental en la esfera musical? El desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones cambiaron la configuración de muchas dinámicas sociales.

Cada persona pudo auto gestionar, desde la producción hasta el consumo, contenidos culturales de forma independiente a la institucionalidad. Los preceptos de política cultural institucional cubana ya no se implementan de manera uniforme en las prácticas culturales específicamente referidas al campo musical en los ámbitos público y privado.

Se suma a la ecuación, la producción y promoción continua de temas de reparto (música y audiovisuales) que fundamentalmente desde Miami se direcciona al público en Cuba. ¿Qué impacto tiene este fenómeno al interior de la sociedad cubana? Dejo abierta la pregunta …

Luego del reciente reconocimiento oficial del reparto como expresión musical cubana en un espacio televisivo, no se hicieron esperar las reacciones.

Para una breve aproximación al tema, es útil rememorar un fenómeno social. A inicios del siglo XXI afloraron de manera visible las llamadas tribus urbanas. Estaban constituidas por grupos de jóvenes en búsqueda de una identidad propia.

Cada grupo compartía un tipo de vestuario particular, prácticas sociales y tipos de música específicos. Los integrantes podían asumir todas o solo algunas de estas características. Los estudiosos del tema señalaban que los diferentes grupos tenían en común, entre otros aspectos, el alejamiento de lo considerado “políticamente correcto”.  (Núñez Lastres, 2024).

Entre este tipo de asociaciones, se encontraban los “repas” o reparteros. Tenían en común la residencia en barios periféricos y humildes, el estilo de ropa y la música (fundamentalmente la timba, además del reggaetón, el hip hop y el rap). Además eran mal vistos por otros grupos de las tribus urbanas que los tachaban de marginales, violentos y mal educados. (IPS, 2009)

Lo anterior permite en primer lugar identificar que los “reparteros” como grupo social, tienen más larga data que la expresión musical de reparto. En segundo lugar, a diferencia de momentos anteriores en que los reparteros preferían géneros hechos por otros, con la llegada del reparto musical, por primera vez hicieron suya una expresión musical hecha desde dentro, creada por un repartero que con su antecedente en Elvis Manuel, consolidó una expresión, una estética, un modelo, un modo de creación musical (música y texto) y una coreografía: Chocolate MC. Así el reparto musical se convirtió en espejo y reflejo.

Comenzó a articularse una fluida relación de toma y daca entre los reparteros y la creación musical y coreográfica repartera que con más fuerza reflejó la realidad de los individuos reparteros. Así fue ganando capacidad para, desde esa realidad, construir un discurso modélico para un grupo social.

En tercer lugar, lo antes expuesto, ayuda a comprender parcialmente otro fenómeno: la preferencia por grupos sociales que con un alto nivel de instrucción solo conectan con el mundo repartero mediante la música, el baile y algún que otro giro lingüístico.

Por otro lado, esto pone en evidencia que ni el gusto musical hace del consumidor un repartero ni que vivir en un barrio periférico o marginal, determina  la pertenencia a grupo social como el de los reparteros.

En medio de un contexto de supervivencia y profundas carencias materiales, la marginalidad ha cobrado una visibilidad sin precedentes en la sociedad cubana. De esa realidad, de barrios, sobre todo periféricos, en los que la desventaja social se hizo creciente, donde el diario mostraba problemáticas más descarnadas, se forjaron los gérmenes del reparto.

Musicalmente esta expresión continúa en un proceso de búsqueda por consolidar una fisonomía autóctona. Debe reconocérsele que, sin haber contado con amparo institucional desde sus inicios, procuró -con acompañamiento del exterior- redes alternativas de intercambio que, desde la producción, la distribución y el consumo, hicieron posible su supervivencia, su crecimiento y la captación y fidelización de audiencias  cada vez más numerosas.

El reparto para el año 2023 había logrado hacerse con el 90% de la música consumida por la juventud cubana. El dato lo reconoció en la televisión, una investigadora del Centro Cultural Juan Marinello (Mesa Redonda, 2025).

La polarización de criterios encuentra en las letras  de la música repartera, el elemento de discordia más frecuente. Un alto para hacer las aclaraciones pertientes: no son todos los temas de la música de reparto ni todos los reparteros a los que se referirán las siguientes líneas. No obstante, ellos siguen siendo excepción y no la regla.

Los textos de reparto frecuentemente promueven una conducta social marcada por la agresividad y la violencia (de género, física, social y verbal). Ello incluye el uso lenguaje con contenido sexual explicito, la promoción del pandillerismo, del uso de drogas y de armas. Se añade además la ostentación material que incluye símbolos de estatus de riqueza: mujeres, autos, joyas, dinero y mansiones.

No se trata de negar una expresión musical que tiene como otras, el derecho a existir. Lo ha hecho por al menos quince años sin el apoyo institucional. Su huella no comienza ahora que oficialmente se admite su existencia.

Prohibir o ignorar no debió ser jamás el modo de encarar estos fenómenos. Enhorabuena sumar. Sin embargo, la decisión de inclusión no debe permitirse el lujo de pecar de ingenua, populista, acrítica o tardía.

El modelo de vida, que promueven muchos de los temas de reparto y varios de sus exponentes, nada tiene que ver con los principios, los valores ni la ética que enarbola el proyecto socio-cultural cubano.

Por tanto, la crítica puntual y argumentada al contenido presente en la mayoría de los textos de la música de reparto no debe ser anestesiada con intentos de establecer paralelismos históricos con la evolución de géneros de la música popular cubana. Tampoco deben ser tildados de conservadores, elitistas, intolerantes o racistas. Nada más desacertado.

Hay cuestiones que no admiten medias tintas.

Ocurre en cualquier calle: las bocinas, ensordecen y  abochornan, ya sea en transportes públicos e instalaciones turísticas. La vergüenza se agiganta cuando niños y adolescentes reproducen actitudes de violencia en la comunicación y movimientos lascivos al compás del reparto en centros educativos y para colmo alguien lo exhibe con malicia en las redes.

Ellos son víctimas de un registro musical que nunca debió serles propio. Los niños y jóvenes de hoy, serán los hombres y mujeres que mañana tendrán ante sí la responsabilidad de conducir los destinos de un país. Eso es lo que está en juego.

La virtud cívica del pueblo cubano que Martí defendió en “Vindicación de Cuba”, tiene que ser rescatada y defendida sin vacilaciones, cuando prevalece la voluntad de revertir el retroceso incontestable que sufrimos en los órdenes social, económico y sobre todo cultural.

Ahora más que nunca Cuba precisa de arroparse de vasta cultura, de arte, de música forjada en los solares, los campos, las ciudades y academias, de música  propia y foránea para mirarse a sí misma en el espejo histórico del mundo.

Urge incentivar el reconocimiento de su particular fisonomía que ha sido fraguada por más de un siglo y con la que ha conquistado un lugar insustituible en la historia musical del planeta.

El reparto es mucho más que una expresión musical. Es además un territorio simbólico en disputa. Tacto, que llegó el reparto hace mucho tiempo a Cuba y ahora también, desde Miami. “En prever esta todo el arte de salvar”. (Martí, 1893).

Hay que analizarlo todo en su magnitud y alcance, aunque nos duela. Ese es el único camino para enmendar, crecer, avanzar y salvar. “La patria es sagrada, y los que la aman, sin interés ni cansancio, le deben toda la verdad”. (Martí, 1893)

La erradicación de las condiciones materiales de base que originan contextos de marginalidad, unido a otros factores que colocan a territorios y personas en posiciones de desventaja social, económica, cultural y espiritual, apremia. Pero siempre en el horizonte, a Martí: “la prosperidad que no está subordinada a la virtud avillana y degrada a los pueblos; los endurece, corrompe y descompone” (Martí, 1992).

El fomento y desarrollo de la espiritualidad y del pensamiento crítico han de ser la aspiración primera y constituyen el reto mayor. A los creadores y al público adulto, la libertad de crear y consumir. Para ellos la invitación abierta a una crítica autorreflexiva que los conduzca a tomar conciencia del papel y la responsabilidad que tienen ante la sociedad de la que son parte, fruto y en no pocos casos, referente.

Pueden un día renovarse edificios, avenidas, alamedas, pero nada resulta tan difícil de restaurar como las personas. Ese es quizás el desafío mayor que tiene Cuba ante sí.

Sigo escuchando a Bona y el tema Dina Lam. Interpretado en douala, una lengua bantú de Camerún, tiene como muchos de los grupos lingüísticos africanos la particularidad de no emplear expresiones directas. Tampoco pueden serlo sus traducciones, que deben tener en cuenta los contextos y la poesía que los constituye.

Por esos misterios del arte, presentí la conexión con Cuba aún sin saber lo que decía. Busqué más. Cerré los ojos. Dina Lam es una especie de conjuro, un ruego, una ritual mágico, un canto a los ancestros que nos acompañan para que desde algún lugar que no podemos ver, nos sigan iluminando el camino.

Dina Lam- Richard Bona

La vida nos lleva por caminos inciertos,
nos encontramos con desafíos en el camino.

El destino nos pone pruebas,
pero seguimos adelante con fortaleza.
Las palabras de los ancianos nos guían.

Los recuerdos de nuestros antepasados
siguen vivos en nuestras almas.
Nos enseñaron a resistir y a tener fe.

Los que vinieron antes que nosotros
nos dejaron su sabiduría.
El viaje es largo,
pero el espíritu sigue firme.

Madre, no llores,
el camino de la vida es incierto,
pero seguimos adelante.

El destino nos desafía,
pero no estamos solos.
Las generaciones futuras encontrarán su camino.

Incluso en la oscuridad,
seguiremos buscando la luz
y encontraremos nuestro propósito.

Los sueños que sembramos hoy
serán la esperanza de mañana.

Que nuestros pasos estén guiados
por la sabiduría de los ancestros.

La vida nos lleva por caminos inciertos,
nos encontramos con desafíos en el camino.

 Vea, además

Referencias bibliográficas

Martí, J. (27 de mayo de 1893). El Partido Revolucionario a Cuba. Patria, pág. 2.

Galeano, E. (2011). Espejos. Una historia casi universal. Fondo Editorial Casa de las Américas.

Martí, J. (23 de septiembre de 1893). La Lección de un viaje. Patria, págs. 2-3.

Mesa Redonda. (29 de marzo de 2025). Llegó el reparto! Obtenido de Página Oficial de la Mesa Redodna en Facebook:https://www.facebook.com/mesaredondacuba/videos/1376160470483990

Martí, J. (1992). Juan Carlos Gómez. En J. Martí, Nuestra América. OC. Tomo 8 (pág. 189). Ciencias Sociales.

Núñez Lastres, V. (25 de diciembre de 2024). Tribus urbanas, más allá de la rebeldía juvenil. Obtenido de Prensa Latina:https://publica.prensa-latina.cu/pub/tribus-urbanas-mas-alla-de-la-rebeldia-juvenil

IPS. (31 de diciembre de 2009). Las tribus urbanas en Cuba. Obtenido de Inter Press Service en Cuba:https://www.ipscuba.net/ipscuba-net/hemeroteca/ck3-cultura-y-sociedad/las-tribus-urbanas-en-cuba/